Tenía ganas de hincarle el diente (nunca mejor dicho, que la película está repleta de homenajes a Tiburón, la obra maestra de Steven Spielberg) a esta El agente secreto, ganadora a mejor dirección y mejor actor en festival de Cannes del año pasado y nominada a varios Oscar. Una película brasileña que ha contado con el entusiasmo de la crítica. Entusiasmo que no comparto.
Nuestro análisis de Tiburón, obra maestra que homenajea El agente secreto.
Ambientada en el Brasil de 1976 y enmarcada en la dictadura militar de aquella década, El agente secreto se centra en Marcelo, un hombre que escapa de no se sabe muy bien qué hacia Recife, donde es acogido con otros refugiados mientras intenta retomar el contacto con su hijo de catorce años y escapar del país.
Sobre el papel, el argumento de esta película se enmarcaría en el género del thriller político. Y así lo describen muchas de las críticas de El agente secreto, lo que la situaría en la órbita de obras como Syriana, Desaparecido, Argo, Munich, Z o Una batalla tras otra.
Nada más lejos de la realidad. El agente secreto es la prueba de que una película es mucho más que el argumento que relata, gracias (o pese) al guión y la dirección de Kleber Mendonca Filho.

En primer lugar, por su estructura narrativa. La película no pretende un relato lineal, sino que, utilizando la excusa del metraje encontrado (en forma de conversaciones grabadas en cassettes), la información sobre Marcelo se nos va dando a cuentagotas. Esto nos lleva a pensar que lo que ha hecho nuestro protagonista ha debido ser muy grave como para tener que huir a lo largo de su propia patria. Aunque claro, hablamos de un país asolado por una dictadura, así que, a lo mejor, lo más grave que ha hecho ha sido pensar de forma diferente…
En segundo lugar, lo que más destaca de El agente secreto es que este argumento sirve como excusa para reflejar una sociedad subyugada por una dictadura repleta de personajes con nombres falsos para evitar ser reconocidos, cadáveres que se pasan días al sol o expolicías reconvertidos en asesinos. Y, aún así, la gente todavía tiene ganas de bailar en plena calle, ir al cine o celebrar la vida cuando te acabas de enterar de que te amenazan de muerte. En este sentido, el plantel de secundarios que gravitan en torno a nuestro protagonista es, probablemente, lo más auténtico y destacado de la película.
En tercer lugar, El agente secreto está repleto de pequeños detalles accesorios que hacen orbitar a la película en torno al gesto nostálgico o la comedia involuntaria. La película está trufada de detalles cinéfilos que, seguro, han hecho las delicias de los críticos.
Todo ello está aderezado por una banda sonora original aunque descontextualizada, que la convierte en memorable independientemente de la trama que la acompaña.
Y, por supuesto, El agente secreto es una película objetivamente brillante, con unos colores apagados que homenajean a la década de los 70 y unos planos visualmente espectaculares.
Pero, igual que he dicho que una película es mucho más que su argumento, una obra maestra no se compone solo de un apartado visual brillante y una narrativa particular.

Puede que su director, que ha basado El agente secreto en sus propios recuerdos de la época de la dictadura en la ciudad brasileña de Recife, haya querido contar una historia sobre la capacidad del ser humano para vivir incluso cuando otros nos dicen cómo. E incluso puede que también hable de cómo nuestra memoria busca olvidar a toda costa para ahorrarse el sufrimiento de toda una generación.
Pero eso no quiere decir que funcione.
El agente secreto dura dos horas y cuarenta minutos. Es larga, muy larga. Y durante la primera hora y veinte minutos asistimos a dicho caleidoscopio de la sociedad brasileña sin entender muy bien cuál es el misterio que esconde Marcelo. Entiendo que su director y guionista hayan buscado generar suspense, pero no lo consiguen.
Quien espere un thriller político de manual saldrá terriblemente decepcionado. Eso sí, si se supera el escollo de la primera mitad de la película y asistimos a la verdadera historia de Marcelo, la película comienza a subir en tensión hasta un clímax memorable.
En definitiva, El agente secreto es una película encumbrada por contener algunos de los elementos característicos del cine de autor: una narrativa particular, un apartado visual brillante y un compromiso político contra los poderosos que está más en boga que nunca con la situación actual. Desgraciadamente, es un enfoque fallido en muchos aspectos. Si conseguís entrar en la primera hora de película, os encantará. Si no, dadle una oportunidad a lo que tiene que contar en su segunda mitad.
¡Un saludo y sed felices!
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