Fue uno de los actores fetiche de Tarantino, actuando de hecho en la mitad de sus filmes y siendo recordado especialmente por el personaje que compusiera para Reservoir Dogs (conocida según países como Perros de Reserva o Perros de la Calle), pero también por muchos otros títulos en la larguísima lista de su filmografía. A los 67 años nos dejó ayer Michael Madsen…
Los suyos fueron siempre personajes al límite, tanto que en el imaginario colectivo se hace difícil separarlo de los mismos. Michael Madsen había nacido un 25 de septiembre de 1957 en Chicago, Illinois y seguramente su vocación le llegó más por influencia de su madre Elaine (cineasta y escritora) que de su padre Calvin (bombero y veterano de la marina). Inclusive su hermana menor Virginia terminaría siendo una actriz muy prestigiosa y de profusa carrera.
Fue en su ciudad natal donde comenzó a estudiar actuación como aprendiz nada menos que de John Malkovich y, después de tener su gran oportunidad en teatro con De Ratones y Hombres (adaptación de la novela homónima de John Steinbeck), llegó al cine a las órdenes de John Badham en la ochentera Juegos de Guerra (1983), donde interpreta en esa inolvidable primera escena al teniente que apunta su arma al compañero que se niega a disparar un misil nuclear sin confirmar orden.

A partir de allí, tendría una carrera a paso lento pero firme durante los ochenta, aunque su gran impacto llegaría en la década siguiente cuando, tras actuar bajo el ala de grandes directores como Oliver Stone en The Doors (1991) o Ridley Scott en Thelma y Louise (1991), tendría de la mano de Quentin Tarantino el que sería sin duda su papel consagratorio en Reservoir Dogs (1992), donde, en una de las escenas más sádicas y recordadas de la historia del cine, su personaje Vic Vega (Sr. Rubio) cortaba la oreja a un policía mientras bailaba al son de Stuck in the Middle with You, de los Stealers Wheel.

Tarantino le querría nuevamente para su siguiente película Pulp Fiction (1994, aquí retro-análisis) donde le tenía reservado el papel de Vincent Vega que, ya desde el nombre, remitía claramente al que había encarnado en la película anterior, pero Madsen, en decisión de la que seguramente se arrepentiría, rechazó el papel para ir a hacer el western Wyatt Earp, dejando en bandeja el personaje para un revivido John Travolta.
A pesar de ello, Tarantino le volvería a convocar otras cuatro veces a las que Michael diría que sí, convirtiéndose de ese modo en uno de los actores fetiche del director a través de sus participaciones en ambas Kill Bill (donde justamente da vida al hermano de Bill), en Los Odiosos Ocho (2015) y en Érase una Vez en Hollywood (2019), sin olvidar Sin City (2005, aquí retro-análisis), película de Robert Rodríguez en la cual la mano de Tarantino es realmente fuerte.

Pero no todo se agota en Tarantino y compañía, pues solo por nombrar unos pocos títulos de los más de cien que componen su filmografía, Madsen ha estado en Donnie Brasco (cuyo rodaje le valió una tensa relación con Johnny Depp), así como en las dos primeras películas de tan disímiles sagas como Free Willy o Species, e incluso tuvo su paso por el mundo Bond al interpretar a Damian Falco en Muere otro Día, última en que Pierce Brosnan diera vida al célebre agente secreto.
Ello sin olvidar su paso por la televisión, donde, entre muchas otras series, ha pasado como recurrente por la octava temporada de 24, o por videoclips de artistas musicales tan diversos como Michael Jackson, Sky Ferreira o Iggy Azalea. También publicó libros de poesía e incluso prestó su voz a reconocidos videojuegos como GTA III, Yakuza o Call of Duty: Black Ops II. Lo que se dice un hombre activo.
La tragedia le había golpeado duro en estos últimos años con el suicidio de su hijo Hudson en 2002, pero aun así nunca dejó de trabajar y al momento de sorprenderle ayer la muerte tenía en agenda tres películas independientes más un nuevo libro, todos proyectos con los cuales, según su publicista Susan Ferris, se hallaba muy entusiasmado. Ojalá lleguemos a conocer algo de todo eso de manera póstuma, aunque más no sea como homenaje final.
Ha ganado en su carrera varios premios como actor, pero nunca tuvo siquiera una nominación al Oscar, lo cual le convierte en uno de los actores con los cuales la Academia quedará para siempre en deuda.
En la mañana de ayer, la oficina del Sheriff del Condado de Los Angeles informó que, tras haber sido alertados por una llamada al 911, los equipos de emergencia le encontraron sin vida en su casa de Malibú.
De momento, la causa oficial del deceso es paro cardíaco y probablemente las próximas revelen más detalles acerca de si hubo algo en particular que haya conducido a ello. Su propio abogado Perry Wander manifestó que el actor arrastraba de alcoholismo, habiendo en este último tiempo entrado y salido varias veces de rehabilitación: “Le costaba mantener la sobriedad. No estaba satisfecho con su vida”- declaró el letrado, e incluso habló de que tenía disputas legales con su ex esposa.
Pero cualesquiera sean las cuestiones que, vinculadas a su muerte, de aquí en más se barajen, ayer se despidió de nosotros un actor de cáracter de una trayectoria envidiable y repleta de personajes inolvidables.
Hasta siempre Michael. Gracias por todo y por tanto…




