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Adiós a Vangelis: músico innovador y creador de bandas sonoras inolvidables como Blade Runner o Carros de Fuego

Triste noticia: a los 79 años nos dejó Vangelis, pionero absoluto de la música electrónica, ambient o new age, además de compositor de icónicas bandas sonoras como Blade Runner o Carros de Fuego, la cual, inclusive, le valió un Oscar.

Había nacido en 1943 en Volos, Grecia, como Evángelos Odysseas Papathanassiou, pero para quienes amábamos su música era simplemente Vangelis, nombre artístico con el cual desarrolló la mayor parte de su impresionante obra. La noticia de su fallecimiento, a los 79 años, en París y por complicaciones derivadas del COVID, solo puede llenarnos de tristeza, pues para muchos (me incluyo) su música no fue solo banda sonora de tantas películas sino también de nuestra vida misma.

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Sus inicios lo ubican en el rock progresivo como teclista de la banda griega Aphrodite´s Child, la cual llegó a contar con el elogio del mismísimo Salvador Dalí y en la que, además, se desempeñaba como cantante y bajista el egipcio (naturalizado griego) Demis Roussos (primo de Vangelis), que luego seguiría un camino también exitoso pero totalmente diferente y más ligado a la canción melódica o romántica.

Pronto Vangelis iría girando hacia sonidos electrónicos con presencia casi exclusiva de sintetizadores, algo que ya se podía percibir en algunos pasajes de Aphrodite´s Child (de quienes recomiendo especialmente su álbum 666), pero no tan marcadamente como lo haría después en su impresionante carrera solista. Y nunca más válida la palabra solista ya que, como Mike Oldfield, hacía en sus discos prácticamente todo y costaba creer que toda esa música tan maravillosa fuese hecha por un único ser humano.

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Junto a artistas alemanes como Kraftwerf, Klaus Schulze o Tangerine Dream, el francés Jean-Michel Jarre o el italiano Giorgio Moroder, sentó en los setenta las bases de un sonido electrónico con fuerte impronta futurista que, en su caso, quedaría inevitablemente ligado al espacio y más aún a partir de que su música se convirtiera en cortina recurrente de la gran serie documental Cosmos, de Carl Sagan.

Es que cuando uno escucha álbumes inolvidables como Heaven and Hell (1975), Albedo 0.39 (1976) o Spiral (1977), es imposible no sentirse viajando como una mota de polvo en el vasto universo, al punto que (me consta) muchos gustábamos de apagar las luces y ponerlos a todo volumen para sentirnos allá afuera.

No en vano el gran Arthur C. Clarke lo mencionó en la dedicatoria de su novela 2010: Odisea Dos (1982, secuela de 2001: una Odisea Espacial) o la NASA le encargó en 2001 la composición de un himno para la Mars Odyssey, misión no tripulada al planeta rojo que sirvió de base para su álbum Mythodea, del mismo año. Inclusive uno de los asteroides del cinturón entre Marte y Júpiter lleva hoy su nombre.

Pero lo suyo fue también explorar la psicodelia, la música étnica, el folklore griego, las cadencias orientales, la música concreta, los sonidos tribales o los climas ambientales de inspiración natural que, sin duda, fueron pioneros de lo que luego sería conocido como ambient o new age.

Ni qué hablar de sus enormes colaboraciones en dos álbumes, por ejemplo, con la cantante también griega Irene Papas o, en cuatro, con Jon Anderson, vocalista histórico de Yes, con el cual conformaron el dúo Jon & Vangelis.

A propósito de esta última colaboración, ¿será cierto que a Michael Jackson le gustó tanto la base rítmica del tema State of Independence que, con el tiempo algo cambiado, la utilizó en su canción Billie Jean?  Les aviso que no lo digo yo; lo dijo Quincy Jones, productor de Thriller (1982)…

Sus bandas sonoras, desde ya, merecen párrafo aparte en una web que, como la nuestra, da tanta importancia al cine. ¿Alguien piensa que Blade Runner (Ridley Scott, 1982) transmitiría la misma tristeza existencialista sin su música allí?

¿O Carros de Fuego (Hugh Hudson, 1981; Carrozas de Fuego para Latinoamérica) sería lo mismo? Por cierto, ese filme le valió un Oscar por sobre nada menos que John Williams y, sin embargo… jamás fue a buscarlo.

Y hay más, por supuesto, como la tristeza y nostalgia de esas notas que en Desaparecido (Costa-Gavras, 1982), acompañan la búsqueda angustiada de un padre tras el paradero de su hijo en plena dictadura chilena. O el coro estremecedor que acompaña el viaje de Cristóbal Colón en 1492: la Conquista del Paraíso (Ridley Scott, 1992). O el tono épico de Alejandro Magno (Oliver Stone, 2004). ¿Se dan cuenta de los inmensos directores que estamos mencionando y que requirieron de sus servicios?

Otras bandas sonoras que estuvieron a su cargo fueron la remake Motín a Bordo (Roger Donaldson, 1984), Francesco (Liliana Cavani, 1989), Luna de Hiel (Roman Polanski, 1992), El Greco (Yannis Smaragdis, 2007) o, en colaboración con Luigi Cecarelli, Nosferatu Príncipe de las Tinieblas (Augusto Caminito, 1988).

Y a no olvidar, por supuesto, que su habilidad para construir paisajes sonoros de belleza hipnótica calzó perfectamente en muchos documentales, como las series L’ Apocalypse des Animaux (1973) u Opera Sauvage (1979), ambas del gran realizador francés Frédéric Rossif, así como el filme La Fete Sauvage (1976) del mismo director, sin dejar de lado la película japonesa Antarctica (Koreyoshi Kurahara, 1983).

También muchas obras de teatro lo tuvieron firmando su música, como Elektra, Medea o La Tempestad, o bien de ballet, como Frankenstein: el Moderno Prometeo. Y, quizás por haber quedado ligado a la competencia deportiva con Carros de Fuego, también ha habido grandes eventos de ese ámbito en los que fue protagonista al componer, por ejemplo, el himno oficial de la Copa Mundial de Fútbol 2002 de CoreaJapón o el de la Copa América Centenario en 2016.

De bajo perfil y por momentos un poco ermitaño, tenía una personalidad algo excéntrica, al punto que Jon Anderson contó que el día en que lo visitó por primera vez, lo encontró con un arco y un carcaj de flechas disparando contra tiros al blanco estratégicamente dispuestos por toda la casa.

No quiso, por ejemplo, editar en su momento la banda sonora de Blade Runner como álbum por considerar que su fuerza estaba dentro del filme (finalmente la presión de los fans pudo más y el disco vio la luz en 1994). Y no era afecto a los grandes eventos públicos: como dijimos, ni siquiera fue a la entrega de los premios Oscar en que se hizo acreedor de la estatuilla.

Su aporte a la música y al cine ha sido invaluable y, como tal, será imposible de olvidar. Su legado ya no solo forma parte de este mundo sino del universo todo. ¿O acaso muchos tienen allá afuera un asteroide inmortalizando su nombre?

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Hasta siempre, querido Vangelis. Gracias por todo y gracias por tanto…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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7 COMENTARIOS

  1. Aparte del desdén que manifestaba por la popularidad de Carros de Fuego, una obra que le enriqueció de por vida, Vangelis no fue a recoger el Óscar por estar trabajando en la banda sonora de Missing (de Costa-Gravas) y, sobre todo, por el pavor que le tenía a volar en avión.

    • Hola Anhelo Profundo: gracias por comentar! Sí, sí, en efecto, ambas cosas son ciertas y, de hecho, Missing se terminó estrenando ese mismo año (el de la entrega de los Oscar, no el de realización de Carros de Fuego) y también Blade Runner: es increíble lo que trabajaba para esa época y se mantuvo activo prácticamente hasta la muerte. Y es verdad lo de su fobia a los aviones. Aun así, no le gustaban las ceremonias de premiación porque decía detestar la competencia. Paradoja: la película con la cual ganó el Oscar la consagra y reivindica, ja… pero bueno, supongo que se refería a la competencia en el arte, no en el deporte. En fin, un grande y como tal con sus excentricidades. Gracias por el aporte! Un saludo y que estés bien.

  2. Hola Daniel: al contrario, gracias a ti por leer y por tus palabras que se notan muy sentidas. Creo que inconscientemente todos creíamos que viviría para siempre y yo fui otro de los marcados por su música. Albedo 0.39 es un disco increíble, como también Heaven and Hell, Spiral o China. Y sus bandas sonoras fueron deliciosas, no solo las más conocidas: las que hizo para documentales son bellísimas; no sé cuántas veces habré oído L’ Apocalypse des Animaux u Opera Sauvage. En fin, tal como dices, vivirá en nosotros para siempre. Un saludo y gracias por el aporte

  3. Vangelis ha sido una guía y un compañero de toda la vida. Conocí su música por primera vez en 1978, cuando accedí a su obra Albedo 0.39. Y desde ese momento no pude parar de escucharlo y tratar de saber sobre él. Su muerte me tomó por sorpresa, tal vez porque ingenuamente pensé que viviría por siempre, como sus sonidos únicos. Ninguno me hizo viajar y vibrar como él. Vivirá en nosotros por siempre. Gracias por publicar este homenaje.

    • Hola Daniel: al contrario, gracias a ti por leer y por tus palabras que se notan muy sentidas. Creo que inconscientemente todos creíamos que viviría para siempre y yo fui otro de los marcados por su música. Albedo 0.39 es un disco increíble, como también Heaven and Hell, Spiral o China. Y sus bandas sonoras fueron deliciosas, no solo las más conocidas: las que hizo para documentales son bellísimas; no sé cuántas veces habré oído L’ Apocalypse des Animaux u Opera Sauvage. En fin, tal como dices, vivirá en nosotros para siempre. Un saludo y gracias por el aporte

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