American Jesus de Mark Millar. Jesucristo se alza de nuevo, Mark Millar ya lo hizo hace mucho.

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Seguro que sabéis quién es. Bueno, no sabéis su nombre, pero sabéis quién es. Habéis visto la película Kingsman: the secret service. Habéis visto Kick-Ass. Son creaciones suyas. Aunque, oh bueno, quizás sí habéis visto la película aquella…¿cómo se llamaba? Ah, sí, Los Vengadores. A lo mejor os suena. No, él no creó a Los Vengadores, pero esa película es heredera visual y narrativamente de su propia versión de Los Vengadores en cómic: Los Ultimates.

Se llama Mark Millar. Y es el guionista de cómics más influyente de Occidente en lo que llevamos de siglo.

El inicio del siglo XXI para los superhéroes

Le debemos más de un artículo a Mark Millar en esta sacrosanta página. Pedro hizo un grandísimo artículo sobre la editorial de cómics que montó Millar y gracias a la cual está logrando un milagro. Pero milagro: es un creador de cómics rico. Pedro consiguió un día escapar de la legión de fans que tiene en esta vuestra página para escribir sobre la línea de cómics de Millar. A Mark Millar le debemos la entrada del cómic de superhéroes en el siglo XXI. Es su etapa en The Authority la que marca el inicio del siglo XXI en el género de gente con mallas y superpoderes. Los cómics pasan a ser superproducciones de Hollywood, con centenares de enemigos, con encuadres espectaculares, con violencia absurdamente letal (como correspondería a gente capaz de levantar camiones) y un componente político que siempre se ha comentado poco, pero que suele ser importantísimo en casi todos sus cómics. Allá donde pasaba, fueran Los Vengadores, Lobezno o Superman, iba dejando clásicos modernos, haciendo más modernos los personajes sin alterar sus esencias básicas (algo que es complicadísimo). Vendiendo lo que no está escrito, renovando a los personajes y gustando mucho a los aficionados: lo imposible de nuevo. Como hemos dicho, todo el cine de superhéroes, tan arrollador desde hace años, le debe muchísimo a él.

Los Ultimates, una de las mejores reinvenciones de un grupo de superhéroes

Cómo ser Mark Millar

Mark Millar empieza siempre desde un “¿y si?”. Es un prodigio de la imaginación enfocada a empezar nuevas historias. Le cuesta vergonzosamente poco empezar a desarrollarlas, hacerlas interesantes para cualquier público, para captar la atención desde el minuto uno, para contar la historia sin liar a nadie pero sin caer en rellenos sin sentido. Hay mucho humor negro y muchas partes cafres. Le hemos visto finalizar fantásticamente bien historias largas como con los Ultimates, pero donde se siente cómodo es en historias no muy largas. Es decir, no se siente capaz de alargar el chicle años. Sus historias empiezan, duran medio año, máximo dos y se acaban.

Tengo más dinero que dios, gracias por contribuir a ello.

Pero Mark Millar montó su propio casino  (a lo Bender) para forrarse, algo que no podemos más que aplaudir. El dibujante y el escritor de cómics de Marvel o DC ha ganado, en general, proporciones ridículas del beneficio que generaban sus personajes. En los 90 los dibujantes más famosos montaron su propio chiringo, Image Comics. Que lo hiciera un guionista parecía más difícil, pero él lo consiguió. No sé si muchos más podrían. Como el propósito es vender mucho y luego subastar los derechos de los cómics para hacer películas (le ha salido muy bien con Kingsman o Kick-Ass), Millar hace lo justo. Lo justo para conseguir esto. Sigue haciendo comics molones, sigue siendo muy imaginativo para plantear los cómics, sigue siendo más o menos correcto acabándolos. Y me sigue dando la sensación de que podría hacer una obra maestra (creo que lo más cerca que ha estado es con Los Ultimates, con el que no lo consigue por pequeños detalles) y no lo hace porque lo que le hace le da muchísimo dinero y ya le vale así. Entendedme, a mi me pasaría igual. O peor, que yo no tengo ni talento para escribir. Pero cuando me leo algo suyo desde hace tiempo, acabo siempre igual: muy bien, pero podrías haber hecho mucho más Millar. Cada vez más ese “muy bien” suele ser un “bien y ya”.

American Jesus

En este caso Millar ha conseguido fichar a otro de los mejores dibujantes de Estados Unidos: Peter Gross, el habitual de esa colección maravillosa que es Fabulas (y que a mi me descubrió Mario, señor del blog y del poder omnímodo). Es una historia que se ha contado mil veces: un adolescente de 12 años de un pueblo del Estados Unidos ochentero descubre que es Jesucristo. A partir de ahí vendrán los milagros, la popularidad, la falta de fe de un sacerdote que no se traga nada y un giro final en las últimas páginas que es un clásico de Millar. Ese giro es Millar riéndose en su casa de diamantes mientras grita “¡Vuestro dinero es mío, perras!”. Hubiera sido un gran guionista de culebrones (como todo buen guionista de superhéroes), pero decidió que quería tener una casa de diamantes y nadar en oro. La gente muy talentosa puede elegir, los demás no tanto.

El dibujante está acostumbrado a poner sobre las viñetas a seres mitológicos y de fábula. Consigue transmitir un poco de atmósfera ochentera mezclada con una  de cuento de hadas extraño y peculiar. Como siempre, narra muy bien y es un tipo con recursos técnicos sobrados. Es muy gracioso y significativo cómo el sacerdote que ha perdido la fe en dios se parece tanto al Lobo Feroz de Fábulas. Las escenas sobrenaturales las pinta con la misma naturalidad que las más mundanas. Mark Millar suele elegir bien a sus dibujantes (y tiene dinero para pagarles a lo grande). Millar baja a la tierra al nuevo Jesucristo, en una de esas cosa que le encanta hacer: cambiar a personajes míticos, hacerlos más modernos, más vendibles pero dejarlos en esencia igual. Vemos al niño Jesús de 12 años fumando, yendo con sus amigos al bosque porque han visto una revista porno y besando a una chica. En ese sentido, son unos años 80 más cercanos a Stand by me que a Los Goonies. Es decir, es más real con lo que es de verdad la adolescencia o el paso de la niñez a ese estadio.

El nuevo Jesucristo difundiendo la palabra de dios usando Star Wars

Las cosas se desarrollan con naturalidad, con todo el sentido del mundo desde las cosas más de andar por casa como que los niños le pidan que transforme el agua en vino para hacer un botellón. Mark Millar nunca olvida sus orígenes, sabe lo que es crecer en un barrio de gente de poco dinero, y en más de un cómic (sobre todo Secret Service, con aquella carta final en la que plasmaba todo un orgullo de clase y una defensa contra los estereotipos de esta) deja constancia de ello. El cómic mete cosas nuevas al habitual carrusel de “nadie me cree-hago milagros-la multitud de aclama”, como la clásica conspiración que actúa en las sombras y que está detrás de todo lo que está pasando.

Como desde hace bastantes cómics, Mark Millar empieza con un “¿y si…?”, plantea las cosas originalmente, sus personajes son creíbles de lo terrenales que son, sus dibujantes son buenos y saber seguir vendiendo la moto un rato. La pregunta como siempre es si sabrá cerrar la historia en condiciones o será otro ejercicio de pasar el cepillo y seguir tocando. Como fiel creyente en el conductismo (lo que mueve a la gente son las recompensas y los castigos) creo que vamos a volver a las mismas. Ojalá me equivoque.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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