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Análisis de Cien Años de Soledad. Temporada 2 en Netflix con final pendiente

Netflix acaba de estrenar la segunda temporada de Cien Años de Soledad, serie que, por primera vez, adapta a la pantalla la novela homónima de Gabriel García Márquez que es indiscutido referente fundamental de la literatura latinoamericana, pero con la particularidad de que veremos el episodio final, de casi dos horas, recién el 26 de agosto.

Hola otra vez. Algo más de un año ha pasado desde nuestro último encuentro en Macondo y aquí estamos nuevamente, de regreso al realismo mágico y al intrincado árbol genealógico de los Buendía. La espera por la segunda parte de Cien Años de Soledad fue quizás algo más larga de lo que en aquel momento se anunció, pero tampoco nos podemos quejar si comparamos con las demoras muchas veces mayores a que nos someten tantas series de menor producción que esta ambiciosa adaptación de la icónica novela de Gabriel García Márquez.

Análisis de Cien Años de Soledad. Temporada 1

La particularidad es la agenda de estreno, pues de los ocho episodios que componen esta segunda temporada (misma cantidad que la primera), siete han sido estrenados de un tirón, pero el restante, un especial de casi dos horas de duración, llegará para concluir la historia el 26 de agosto.

Sí que es una decisión extraña y no recuerdo precedentes en Netflix ni en ninguna otra plataforma. Hemos tenido formatos semanales, temporadas fragmentadas o series que, después de bastante tiempo, como Peaky Blinders o The Last Kingdom, se cerraban con alguna película (pueden pinchar en los links para leer nuestros análisis, tanto de esas series como de los respectivos filmes). Pero esto es particularmente nuevo, quedando aún por verse qué tal resulta y si el episodio final lo justifica, algo que solo lo sabremos una vez que esté estrenado y podamos apreciar el cuadro completo.

En consecuencia, buena parte de lo que en el presente artículo podamos decir tiene carácter provisorio y queda sujeto a ese “grand finale” que, para bien o para mal, podría cambiar cualquier apreciación parcial. Y recordemos que Cien Años de Soledad es una novela muy difícil de adaptar (durante bastante tiempo considerada casi imposible), teniendo entre sus dificultades un manejo muy especial del tiempo, que en la serie es cronológico y lineal en lugar de tener tantas idas y venidas.

A ello hay que sumar la cantidad de nombres que se repiten o bien se combinan con variaciones mínimas (algo que se hace más fácil de seguir en la serie al tener rostro los personajes) y la particular prosa de García Márquez que, una vez más, viene de la mano de un relato en off que me resultó algo cargoso en la primera temporada y me sigue pareciendo así en esta, pero que a la vez es entendible como forma de que el autor no se pierda y, especialmente, algunas citas textuales que, aun en prosa, terminan por ser verdadera poesía y no merecen quedar afuera.

Laura Mora, una de las creadoras de la serie, dirige cuatro de estos siete episodios del mismo modo que lo hiciera con tres de la anterior y está también a cargo del cierre aún no estrenado que se anuncia como más fuertemente cinematográfico: una película, prácticamente. Carlos Moreno, en tanto, es quien dirige los tres restantes y todos duran una hora promedio, con excepción del quinto y sexto, que llegan a la hora y cuarto, además de, por supuesto, el del final, que tendrá casi dos.

El Pasado se fue…

Esta segunda temporada nos presenta la decadencia del coronel Aureliano Buendía (Claudio Cataño), cuyo mesianismo autocrático lo deja cada vez más solo y no únicamente ante el gobierno conservador que le ofrece un armisticio tras otro, sino también ante su propia gente e incluso su madre Úrsula (Marleyda Soto) que, aun en sus delirios agoreros de profeta mística, es el cable a tierra que busca mantener a los Buendía en este mundo y a Macondo funcionando.

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Junto con ello, asistimos al desarrollo de una nueva generación con José Arcadio (Emmanuel Suaza) y Aureliano Segundo (Julián Román), gemelos y sobrinos nietos del coronel, cuyas vidas toman rumbos diferentes cuando el primero presencia de niño la ejecución del general Moncada y ello le lleva a buscar caminos alejados de la violencia, al principio en la Iglesia y después buscando revivir antiguos proyectos de su bisabuelo para guiar a Macondo por la senda de la modernización.

Entregado a las mujeres y el acordeón, Aureliano Segundo es bastante más parrandero y libertino, pero las diferencias entre los hermanos no les impiden compartir de manera alternada los favores de la joven Petra Cotes (Licinia Alzate), que no los distingue ni tan siquiera sabe que son dos. Y Aureliano seguirá incluso requiriéndolos tras contraer matrimonio con Fernanda del Carpio (Laura Taylor), muchacha de alta alcurnia que, ultra conservadora y católica, le niega sexo la mayor parte de las noches por el calendario de abstención venérea que le diera su madre superiora y que solo deja en el año cuarenta y dos días libres.

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La presencia de Fernanda es sumamente importante en esta temporada ya que la “cachaca”, como el coronel la llama, viene a poner patas para arriba el mundo de los Buendía llenando la casa con iconografía religiosa e intentando incluso “encaminar” a su cuñada Remedios la Bella (Daniella Reyes) que, paseándose todo el tiempo sin ropas con cándido desenfado, representa exactamente lo contrario de Fernanda, pero sin ser en absoluto consciente de lo que genera en los demás.

La contraposición sexo-religión es remarcada con imágenes muy sagaces. Genial el momento en que Aureliano Segundo tiene relaciones con Fernanda bajo la escrutadora mirada de la Virgen y los santos mientras ella, entrecortada cada vez más su voz por la excitación, se encomienda al Señor para dejarle claro que no es “por vicio ni por fornicio”, sino para darle un hijo. Todo para que solo unos minutos después, y buscando lo que ella no le brinda, él termine revolcándose con Petra mientras los animales de granja les imitan alrededor.

El Futuro llegó…

La temporada también pone especial énfasis en la llegada del progreso y la modernización a Macondo: el fonógrafo, el cine o el “inocente tren” que, promovido por José Arcadio, ocupa desde lo simbólico un lugar fundamental y significa no solo el cierre de una etapa para Macondo, sino también el arribo del capitalismo que, merced a los “gringos” y a sus especiales intereses en la producción bananera, terminarán por implantar en la región una economía de monocultivo como tantas otras del Caribe neocolonial.

Paralelamente, se van acentuando la conflictividad social y lucha de clases en la medida en que la explotación de los trabajadores se vuelve cada vez más acuciante, virando el propio José Arcadio desde un discurso más pacífico, ingenuo y confiado hacia uno de corte declamatorio que le lleva a ponerse al frente del sindicato.

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También vemos el crecimiento de su hija Renata (Juanita Molina) que, educada en la gran ciudad como concertista de clavicordio, entabla amistad con la hija del empresario bananero estadounidense, pero muy especialmente con Mauricio Babilonia (David Palacios), el mecánico mulato del taller de los “gringos” al cual, en una de las imágenes que más nos ha dejado en la memoria la obra original, acompañan siempre mariposas amarillas. Con él terminará teniendo una relación prohibida bajo la vigilante mirada de su madre, que ve su actitud como pecaminosa.

Y tenemos también a los diecisiete hijos extramatrimoniales del coronel, que se aparecen todos juntos en Macondo y son reconocidos por este como tales a través de un acto en que el sacerdote local los marca de por vida con una cruz de ceniza, que termina siendo indeleble y trayéndoles a la larga consecuencias en ese momento impensadas. De ellos, el único que decide quedarse junto a la familia es el que muy apropiadamente se llama Aureliano Triste, quien termina incluso reactivando la fábrica de hielo.

Los Pájaros de la Memoria

Además de la soledad, que es desde el título mismo uno de los ejes fundamentales tanto en la novela como en la serie, esta temporada acentúa de manera especial el papel central de la muerte, vista prácticamente por los personajes como una opción válida ante tanto padecimiento y escapando de ella una y otra vez el coronel Buendía sin que ello signifique un alivio, sino más bien el seguir viviendo la tortura del paso del tiempo.

De manera muy relacionada, se acentúan del mismo modo el melodrama y la denuncia. En el primer caso, por las historias de traiciones y amores cruzados o no correspondidos (aunque no se diga habitualmente, quizás por no sonar elegante o intelectual, soy de los que creen que el Gabo tuvo no poca influencia en los culebrones colombianos).

En el segundo, por el papel cada vez mayor del conflicto de clases que conduce a la matanza de la estación de tren, uno de los momentos más fuertes y desgarradores de la novela, en el que García Márquez toma inspiración de un hecho real, como lo fue la llamada Masacre de las Bananeras, perpetrada en 1928 por el ejército nacional colombiano en el municipio de Ciénaga, Magdalena.

Es en ese tramo de la serie, al igual que en la novela, cuando lo mágico y surrealista retroceden algo para dejar mayor lugar a la denuncia, apelando García Márquez al recurso de mezclar personajes ficticios con reales como el general Cortés Vargas, responsable principal de aquella masacre de la cual el número de víctimas sigue siendo objeto de debate al día de hoy.

Sin embargo, y con la limitación que me impone haber leído la novela hace ya cuarenta años, no recuerdo que el episodio tuviera en ella un tono tan marcadamente militante como el que asume aquí, con los bandos más claramente delineados y siendo designada la compañía frutera involucrada como United Fruit Company, nombre real que, si no me engaña la memoria, no solo no aparece en el libro sino que además la misma no tiene ninguno en particular más allá de que la referencia sea evidente: apelo a lectores más recientes o memoriosos para sacarme de mi error si es que lo hay…

La escenografía sigue siendo igual de deslumbrante en su recreación de Macondo (todo un pueblo, recordemos, construido especialmente para la serie) con una puesta que va mutando con el correr de los años complementada por el magnífico trabajo de vestuario.

La fotografía, una vez más, merece párrafo aparte, dotada de una belleza que puede ser absurda (como cuando Aureliano avanza a paso lento hacia la iglesia seguido de sus diecisiete hijos ilegítimos), estremecedora (como cuando la “reina de Madagascar” desfila entre el tendal de muertos que ha dejado el atentado de carnaval) o poética (como cuando Remedios entra a levitar y se eleva a las alturas entre vaporosas sábanas hasta “donde los pájaros de la memoria no llegan”).

Y nada de eso se sostendría, por supuesto, sin un elenco a la altura, pues las actuaciones son sobrias y parejas, más allá de que se destaquen de manera especial Emmanuel Suaza, Julián Román y Laura Taylor en sus respectivas interpretaciones de José Arcadio, Aureliano Segundo y Fernanda, justamente los tres personajes que cobran mayor lugar central en la temporada. Pero sigue lo de Marleyda Soto siendo igual de soberbio que en la anterior al encarnar a Úrsula y gran adición, por cierto, la de la la joven Juanita Molina para dar vida a un personaje sumamente difícil y no demasiado secundario como Renata (o Meme, si preferimos).

Balance Parcial de la Temporada

No tiene gran sentido medir la calidad de esta propuesta comparando con el material original cuando bien sabemos que la novela es inigualable, pero no se puede a esta altura negar que la serie continúa manteniendo el buen camino y saliendo airosa de una misión que, por el alto grado de audacia narrativa y visual que requería, parecía rozar lo imposible. Tanto sobre los realizadores como, más aún, sobre la propia Netflix pendía implacable la espada de quienes pudiesen acusarlos de cometer un sacrilegio imperdonable e irreparable, pues nadie volvería a intentar por décadas adaptar esta inmensa historia si la serie era un fiasco.

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Por fortuna, nada de eso ocurrió y si algo tenemos que decir de esta segunda temporada es que no solo mantiene el nivel de la primera, sino que la mejora ya que, en el conjunto general, la serie luce menos enredada y más fácil de seguir, como también más sólida. Pero claro, el hecho de que falte el capítulo doble final deja una impresión inconclusa sin que podamos, de momento, emitir juicio definitivo por más subjetivo que sea.

Sin embargo, y a riesgo de equivocarme, déjenme ser optimista: nos han entregado (casi) dos temporadas más que dignas dando por tierra con todos nuestros prejuicios y se hace difícil pensar que vayan a arruinar todo en las dos horas que restan.

De momento, solo podemos decir que hasta aquí la prueba está más que superada. Y esperar con ansiedad al 26 de agosto para el prometido gran final y para que esos manuscritos de Melquíades cuyo contenido está vedado por cien años, cobren una importancia clave. Les espero para analizarlo. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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2 COMENTARIOS

  1. hasta hora lo que he visto, cap 1 y dos, la parte actoral, a excepcion y de uno que otro protagonista, es fatal, los dialogos aburridos, no tienen ritmo, ni gracia, nada no veo el humor de gracia por ningun lado, las voces de los actores nuevos no transmiten nada, ni su trabajo actoral y ni que decir del narrador, en fin un derroche de produccion que ha estado buena, especialmente la ambientacion y vestuario. Lo demas, salvese quien pueda

    • Hola Héctor: gracias por comentar. Son impresiones, desde ya. A mí, y sobre todo considerando la tarea titánica de adaptar una novela que se presta muy poco a ser adaptada, me ha parecido (por lo menos hasta aquí y teniendo en cuenta que la serie aún no está terminada) que el producto dista de ser perfecto, pero el balance es más que positivo y eso ya es mucho.
      En líneas generales, las actuaciones me han gustado, muy especialmente las de los tres principales de esta temporada, pero también Marleyda Soto, que hace en mi opinión un trabajo increíble, además de lo bien caracterizado que está en ella el paso de los años. Ese es otro punto: la extensión temporal de la historia hace que haya que ir «modernizando» a Macondo, cambiando el aspecto de los actores e incluso relevando a algunos; insisto en la palabra titánica, porque no hay muchas series (ni siquiera anglosajonas) que sean capaces de lograrlo de manera creíble.
      Con respecto a los diálogos, pues allí hay otro desafío: la novela casi no los tiene. Y aquí caemos en el eterno debate acerca de cuán fiel debe ser una adaptación. En mi análisis de la primera temporada he dicho que a la serie le falta audacia en desprenderse algo más de la novela y eso incluye a los diálogos que, de algún modo, hay que inventarlos por sobre lo que en tercera persona cuenta García Márquez. Pero también entiendo que esa «cobardía» en despegarse tiene que ver con el carácter icónico que tiene la obra fundamental y, sobre todo, el temor a recibir acusación de herejía o sacrilegio. A lo que voy: no sé hasta qué punto exigir diálogos más libres o «creativos» cuando la novela casi no deja lugar a los mismos.
      En cuanto al narrador, yo dije en la primera temporada que se me hacía cargoso, pero volvemos a algo semejante a lo de los diálogos: la estructura particular de la prosa original. Sin relato en off, queda ausente por completo García Márquez y justamente por lo que dije en el párrafo anterior: la novela no tiene casi diálogos. A lo que voy es a que en esta segunda temporada, y sobre todo a la luz de algunas de las frases increíbles que deja el Gabo, empecé a entender un poco más qué lugar ocupa el relato y por qué está allí.
      En fin, son opiniones, desde ya, y la tuya es muy respetable más allá de que podamos o no coincidir en ciertas apreciaciones. De todas formas, me dices que por ahora has visto dos capítulos y ojo que esta es una serie que va entrando de a poco. Algunos de los puntos que he señalado los he comenzado a valorar ya promediando la temporada. Pero bueno, tampoco te estoy diciendo con eso que lo que venga te vaya necesariamente a gustar: puede que sí, puede que no.
      Una vez más, gracias por tu aporte. Un saludo!

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