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Análisis de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder. Temporada 1. Episodio 4

Hemos llegado a la mitad de la primera temporada de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder mientras la historia se acerca más a Tolkien en algunos puntos, pero se aleja en otros. Analizamos lo que nos ha dejado este cuarto episodio cuyo título es La Gran Ola. Creada por J.D. Payne y Patrick McKay, la serie es precuela de las más afamadas historias de J.R.R. Tolkien y producida por Amazon para su plataforma Prime Video.

Bienvenidos una vez más, humanos, elfos, hobbits y por qué no algún orco a analizar una nueva entrega de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder. Hemos alcanzado la mitad de temporada y ello hace prever un mayor terreno de definiciones. En particular, este episodio nos ha traído algunos elementos clásicos de la mitología tolkieniana como el mithril, el Palantír o el Árbol Blanco de modo convincente en algunos casos y no tanto en algún otro.

Pero mejor pasemos ya mismo a analizar lo que nos ha dejado este cuarto episodio advirtiendo que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y recordando que pueden leer aquí nuestros análisis anteriores.

Pergaminos de la Discordia

Comenzamos en el palacio real de Númenor, donde vemos a Míriel repartiendo bendiciones a los niños recién llegados al mundo: de pronto, todo comienza a temblar y, en escalofriante escena, el mar se traga la isla. Es una pesadilla, claro. O una visión, pues lo que ella acaba de ver es el trágico destino de su reino.

Hay en las calles clima xenófobo contra los elfos (el término suena algo fuera de lugar, pero no hay otra forma de definirlo), pero Pharazon, canciller y primo de la regente, consigue apaciguarlo haciendo gala de capacidad de conducción y habilidades oratorias e inclusive, en gesto populista, convidando a todos una copa de vino: panem et circenses, dirían en Roma. Para quienes hayan leído el Silmarillion, está claro que Pharazon se prepara para lo que viene; para quienes no lo hayan hecho, prefiero no decir más…

Galadriel, recién regresada de su visita al Salón de la Ley junto a Elendil, le muestra los pergaminos hallados a Míriel, que le reprende por haber abandonado la ciudad sin autorización. De nada sirve que le cuente de Halbrand como rey descastado ni de la amenaza que avanza desde el sur: la reina regente le conmina a marcharse por su desobediencia.

Galadriel juega una carta más y le hace saber que está al tanto de que retiene recluido en una torre al legítimo soberano con quien, de hecho, solicita audiencia: en otras palabras, le enrostra a Míriel su carácter de usurpadora. El semblante de esta pasa a ser otro, pero lejos de ablandarse o amilanarse, hace detener a la elfa, que va a parar al calabozo contiguo al de Halbrand.

Isildur, en tanto y a pesar de los esfuerzos de su padre por enlistarlo en la Guardia Marina, es expulsado de la misma por un error con las jarcias que comete deliberadamente ya que, recordemos, no quiere estar allí. Asume su culpa pero, contrariamente a lo esperado, no solo él termina despedido sino también sus compañeros que, obviamente, se lo recriminan.

Padre de Orcos

Volvemos al sur, donde dejamos a Arondir capturado por los orcos que se inclinaban reverencialmente al paso de Adar, quien, acercándose con pesar a uno de ellos que ha sido herido durante la revuelta, le da piadosa muerte para evitarle sufrimiento. Su rostro luce élfico, aunque algo desfigurado por lo que parecen ser quemaduras o heridas de guerra. Quiere saber sobre la identidad de Aronir y este, de su parte, por qué le dicen “padre” (es lo que significa Adar en lengua de los elfos).

Sea quien sea, defiende a los orcos y carga resentimientos contra su propia especie aduciendo que se les ha “contado una historia falsa”, por lo que pretende asumir el poder de un dios para desterrar las mentiras. Perdona la vida a Arondir bajo encargo de que lleve un mensaje a los refugiados en el puesto de Ostirith.

El Secreto de los Enanos

En Khazad-Dum, Elrond percibe que los enanos le ocultan algo, incluso, a pesar de la amistad, Durin y su esposa Disa. Investigando por su cuenta, descubre que en las minas de Moria están excavando en busca de algo. Durin se sincera al respecto y le regala una pieza correspondiente a un nuevo metal que han hallado: más terso que la seda, más resistente que el hierro y más caro que el oro. Se trata de lo que los elfos acabarán llamando mithril (brillo gris) y que es, claro, lo que contenía aquel cofre en el final del segundo episodio.

Por otro lado, la relación entre el enano y su padre es mala y tiene en parte que ver con lo mismo, pues este último es consciente de los problemas que puede traer seguir cavando. De hecho, se ha producido en las minas un derrumbe que no ha dejado consecuencias fatales pero tampoco es buen augurio.

Elrond, por experiencia propia, aconseja a su amigo aprovechar el tiempo que aún pueda compartir con su padre para limar asperezas. Durin le hace caso y hay paz entre ambos: su padre acepta que acompañe a Elrond y Celebrimbor, pero sobre todo porque sospecha que hay algo más tras de la construcción de la torre y quiere averiguarlo.

El Símbolo de Sauron

En Ostirith faltan víveres para los aldeanos refugiados. Theo tiene el plan de aprovechar la luz del día, en que no hay tantos orcos, para regresar a la villa y conseguir alimentos de la despensa de Waldreg, el tabernero. Su madre lo desaprueba como peligroso y prefiere, en cambio, que salgan a cazar, pero está visto que el muchacho es más terco que una mula, así que termina llevando a cabo su plan por cuenta propia en compañía de su amigo Rowan.

En efecto y en una escena que parece más propia de The Walking Dead que de Tolkien, encuentran alimentos y los cargan en una carretilla, pero cuando Theo ingresa a la taberna por más, una nube cubre el sol y Rowan huye aterrado mientras, en el interior, un orco ataca y persigue a Theo, quien echa mano de la empuñadura que tiene en su poder y una espada parece materializarse cual sable de luz de Star Wars.

Ello aterra al orco y tras golpearle, Theo corre a ocultarse y debe pasar la noche en un pozo. En escena muy referencial, un orco se ubica casi sobre él pero sin verlo, como aquel jinete negro con los hobbits ocultos bajo la raíz.

Cuando Theo intenta salir de su escondite entre las sombras, es sorprendido por un orco que está a punto de atravesarlo pero que, contrariamente, termina atravesado por la espada de Arondir que, vuelto a Ostirith y puesto al tanto de las malas nuevas traídas por Rowan, ha acudido en rescate del incauto muchacho. Cruzando un bosque en su fuga, ambos se encuentran con Bronwyn y echan a correr con los orcos a la zaga pero, por fortuna para ellos, la luz del amanecer acude a salvarlos antes de que logren darles alcance.

Ya de regreso en la fortaleza, Bronwyn agradece a Arondir y parecen a punto de besarse, pero no: allí sigue habiendo amor contenido y, sobre todo, prohibido… En cuanto al mensaje de Adar, es simplemente una exhortación a los campesinos para que renuncien a los derechos sobre sus tierras y se le sometan: honestamente, tenía más expectativa…

Waldreg, hablando en privado con Theo, le pone al corriente de que sabe que retiró la empuñadura de su granero y aun cuando el muchacho finja no saber de qué habla, le informa que la preciada y misteriosa pieza que tiene en su poder no es parte de un arma ni un arma en sí, sino el símbolo de un gran poder que está regresando y que es, por supuesto, el de Sauron, lo cual, dice, se evidencia en las señales del cielo. Theo, inevitablemente, asocia con el meteorito…

La Gran Ola

En los calabozos de Númenor y reja de por medio, Galadriel habla con Halbrand, quien parece tener especial percepción para captar el punto débil de las personas y dice que el de Míriel es claramente su padre: no por nada, el humor le cambió cuando la elfa se lo mencionó. Pero las debilidades, afirma, no están para aprovecharse de ellas sino para conseguir aliados, pues allí hay algo en lo cual Galadriel podría ayudar a la reina regente y así ponerla de su lado.

Pharazon llega con una guardia armada para escoltar a la elfa al barco que la sacará de la isla pero, en una de esas escenas de lucha que temía que regresaran, Galadriel logra desembarazarse de ellos y encerrarlos bajo llave en lo que dura un suspiro.

Liberada una vez más, se dirige a la torre y encuentra a Míriel junto a su padre, enfermo y agonizante en un lecho: tal el motivo de tanto ocultamiento. Galadriel se compadece y pide disculpas por su previa actitud, pero insiste en que pueden trabajar juntas para frenar la amenaza que se cierne desde las Tierras del Sur. Míriel le muestra un objeto que no es otro que el Palantír (uno de los siete al menos, o de los ocho según como se vea) y le conmina a apoyar su mano…

Galadriel tiene entonces la misma visión que la regente: Númenor destruida bajo una gigantesca cola. Es el futuro, claro, pero, según Míriel, uno cambiante y que puede evitarse, pues se ha instalado allí desde que la elfa llegó a la isla. Por ello y con pesar, le vuelve a negar ayuda y, por el contrario, insiste en la necesidad de que se marche para corregir y evitarlo.

Galadriel acepta pero, al momento de partir, el Árbol Blanco comienza a despedir pétalos que, según Míriel, son las lágrimas de los Valar, que se dejan caer cada vez que les están decepcionando. Viendo entonces que no es Galadriel la responsable del futuro de la isla, cambia de parecer y decide acompañarla para poner freno a Sauron.

Hay que reclutar guerreros y Elendil sale a la búsqueda de voluntarios. Cliché insoportable: al principio no se suma ninguno pero poco a poco y con música épica in crescendo, lo hace uno, luego otro y otro hasta que están todos… Nunca vieron esa escena, ¿verdad? Es más: hasta podemos decir que se vuelve a caer en la autorreferencia ya que el propio Peter Jackson echó mano de ese recurso insufrible en el Concilio de Elrond. El dato a retener, de todas formas, es que entre los voluntarios está Isildur…

Balance del Episodio

Paradojas. Ya he hablado suficientemente de la cobardía de la serie para despegarse de situaciones que, con personajes y contextos diferentes, ya han sido narradas en historias de Tolkien. Hasta lo puedo entender por lo pesado de la carga, lo mismo que los guiños y referencias como la mencionada escena de Theo en el pozo o el reiterado recurso de la cámara lenta con música coral de fondo como en las películas de Jackson.

Pero entonces pregunto: ¿a qué viene tanto apego cuando, por otro lado, comienzan a salirse claramente del canon? Aclaro que no soy un fundamentalista canónico de Tolkien ni de nada: a lo que apunto es a la contradicción…

Es un fuerte golpe emocional que nos hayan presentado el Palantír, piedra viviente que es uno de los objetos más icónicos del universo tolkieniano. Pero, ¿por qué Míriel tiene una en su poder? Sabemos, por el Silmarillion, que todas le habían sido entregadas al padre de Elendil; no quiero contar (por si no lo han leído) qué ocurre luego con cada una de ellas, pero no cuadra que Míriel tenga una y diga que las otras están perdidas. Ojalá haya una explicación convincente…

Más atinada me parece la referencia al Árbol Blanco, que si bien no ha sido aún llamado de ese modo, es el que en la mitología tolkieniana conocemos como Nimloth y del cual alguien (no diré quién) salvará más tarde una semilla que se convertirá en el Árbol Blanco de Gondor. En efecto y como aquí ocurre, es un medio de comunicación entre los Valar y los hombres: cuando la relación está bien, el árbol luce saludable…

También está bien tratado el asunto del mithril, metal prodigioso del cual estará construida la cota de malla que, rescatada de entre los tesoros del dragón Smaug, será un día entregada en obsequio a Bilbo y acabará más adelante salvando la vida a Frodo; también es el material con el cual estará hecho al menos uno de los once anillos. Según Tolkien nos cuenta y como aquí vemos, fue descubierto por los enanos que después, en su codicia, cavarían tan profundo en su búsqueda que despertarían al Balrog y terminarían viéndose obligados a abandonar las minas de Moria. ¿Llegaremos a ver eso en esta serie? No creo o, al menos, no en esta temporada, pero es un buen punto que la historia vaya discurriendo hacia ello sin forzarla…

En cuanto al final, no entiendo por qué siempre meterán ese lugar común repetido hasta el hartazgo como si lo hubieran aprendido en una misma academia y no pudieran librarse (ni librarnos): alguien debería anoticiarles de que la escena en que todos se van sumando de a uno es ya un dolor de genitales que deberían enterrar para siempre (tanto como su otra versión con discurso emotivo a cuyo cierre alguien comienza a batir palmas de manera pausada para luego sumarse el resto en cerrado aplauso general). Basta, por favor…

Siguiendo con cosas exasperantes, las escenas de lucha de Galadriel siguen fuera de lugar y parecen de otra serie. Y no sé ustedes, pero ya no soporto más al insufrible Theo: quizás hubiera sido mejor que el orco le atravesase. Y si ahora va a jugar para Sauron, más a mi favor…

Míriel me confunde como líder: castiga a Galadriel por su visita al Salón de la Ley, pero no a Elendil, que la guió y ayudó. ¿Y por qué pedir voluntarios? ¿No le basta con ser reina para llevar de una oreja a quien quiera?

Un personaje al que todavía me cuesta encontrarle sentido es Eärien. Hasta aquí, la hermana de Isildur no ha aportado nada trascendente aun habiendo sido específicamente creada para la serie. En este episodio la hemos visto acercarse al hijo de Pharazon con posibles intereses amorosos de ambos lados, pero no mucho más. Aún no justifica su introducción…

Creo que la trama más interesante es la de Elrond y la ciudad de los enanos. Y ahora que nos han mostrado el origen del mithril, espero que sepan usarla para ir hacia los textos de Tolkien sin repetir lo ya contado. Y no nos han dicho el nombre que los enanos dan al mithril: un acierto, pues se supone que le daban un nombre secreto que solo ellos conocían…

No hemos tenido nuevas noticias de los pelosos ni del gigante caído del cielo, salvo por alguna breve referencia al meteorito: las palabras de Waldreg hacen pensar en Sauron, pero tal vez sea solo delirio místico de su parte. Puedo equivocarme, pero me da la impresión de que la llegada del gigante y el advenimiento de Sauron son hechos separados o, al menos, sin relación directa: quizás sí indirecta…

Otro gran misterio es el elfo de rostro “quemado”: llama la atención su profunda rabia contra su propia especie y no sabemos aún qué le ha ocurrido en su pasado para justificarla… Se ha mostrado particularmente interesado ante la noticia de que han localizado la empuñadura de la espada: ¿será el objeto que le permita, como dijo, convertirse en un dios?

En el balance final, no ha sido mal episodio: ha estado entretenido, pero la serie sigue caminando sobre una cornisa y por momentos trastabilla, como con lo del Palantír. Ojalá puedan enderezar la marcha mientras están a tiempo, pues a partir de la próxima semana ingresamos en la segunda mitad de temporada y, para bien o para mal, es probable que atravesemos puntos nodales sin retorno…

Agradeciendo la lectura, les espero entonces para analizar un nuevo episodio…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

5 COMENTARIOS

  1. Aburrido, es la palabra que se me viene con este último episodio. Ya van más de cuatro horas de metraje y sigo con la sensación de ver solo un largo prólogo de una historia que parece nunca arrancar.

    No me gusta el carácter ni actitud que le han puesto (hasta el momento) a Galadriel, de elfa mística y sabia la han convertido en una “jovencita” (es un decir, ya tiene como mil años) berrinchuda que sí o sí se hace lo que ella quiere.

    La serie sigue visualmente deslumbrante, claro que se nota el presupuesto, pero el guion nomás no parece cobrar fuerza y eso que ya estamos a mitad de temporada.

    Habrá que ver que rumbo toman los siguientes cuatro capítulos.

    • Hola Javier: gracias por comentar. Coincidimos prácticamente en todo. En efecto, parece un largo prólogo y les cuesta arrancar con una historia propia sino que vamos más hacia cosas que no son sorpresa para quien conoce los libros. No es que esté mal, pero eso sirve si se lo complementa con lo que, justamente, está faltando: ese toque argumental propio que caracterice a la serie y tengo la esperanza de que empiece a aparecer desde el próximo episodio, justamente por el hecho de que habremos pasado mitad de temporada y por alguna razón se me ocurre que ese será un momento clave.
      A mí tampoco me gusta el perfil de Galadriel. Parece enfurruñada todo el tiempo: una niña caprichosa o, como dices, berrinchera.
      A ver qué se viene. Gracias por el aporte! Un saludo

      • Gracias (como siempre) por responder mi comentario Rodolfo. Esperemos que los siguiente cuatro episodios el guion levante nivel.

        Saludos desde México.

  2. Hola, Rodolfo! Coincido con tus comentarios, aunque a mí no me da tanta tirria los lugares comunes (voluntarios), jeje, aunque sí que es un recurso utilizado. Creo que le falta algo de ritmo a la serie, plantean cosas y no se van resolviendo. El asunto del hombre que cae del cielo lo están estirando como el chicle, espero que no termine la temporada y no sepamos quién es. Por otro lado falla en los momentos de crear épica. La épica se consigue mediante la trama y el guion, y no solo con música y cámara lenta. Es como si momentos que no son épicos los quisieran realzar demasiado. En fin, a ver cómo vienen los próximos capítulos, pero espero que vayan dando respuestas, se vean momentos épicos de verdad y la trama avance con algo más de ritmo. Ah, y si pueden meter aventura pues mejor, ya que Tolkien sin aventura es como un pan sin harina. ¡Saludos!

    • Hola Jama_Wan: gracias por comentar y, lo mismo que con Javier, coincido plenamente. Lo del caído del cielo es larguísimo: se avanzó muy poco con esa subtrama en el episodio anterior (sin saberse de él nada nuevo) y en este estuvo directamente ausente. Y totalmente cierto lo que señalas en cuanto a la falta de épica que, justamente, intentan suplir con música o cámara lenta. Sigo esperando ese despegue que me haga reconocer e identificar a la serie diferenciándola de todo el resto del universo Tolkien más allá de los lógicos nexos. Y siempre insisto con Black Sails: ese es un gran ejemplo de cómo se puede mantener respeto reverencial por la obra de base (La Isla del Tesoro) sin perjuicio de contar una historia interesante, intrigante y con sorpresas: algo que aquí mayormente nos sigue faltando.
      Aclaro que Los Anillos de Poder no me disgusta, pero tampoco es que no pueda dormir pensando en qué pasará en el próximo episodio. Un saludo y gracias por el valioso aporte!

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