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Análisis de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder. Temporada 2. Episodio 4

Luego de los tres episodios subidos de un tirón la semana anterior, continuamos analizando la segunda temporada de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder con un cuarto que viene con muchas referencias al universo tolkieniano, incluyendo un personaje al que hasta ahora jamás habíamos visto en pantalla. Recordemos que la serie, creada por Patrick McKay y J.D.Payne, puede ser vista en Prime Video.

Hola otra vez. Bienvenidos nuevamente hobbits, elfos, humanos y por qué no algún orco para analizar lo que nos ha dejado el cuarto episodio de la segunda temporada de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder, cuyo título es El Antiguo. Una entrega sin noticias de Khazad-Dûm (lamentablemente) ni de Númenor (afortunadamente), pero que ha estado repleta de referencias y nos ha traído desde el universo Tolkien a los Ents y a los Tumularios, así como a uno de los personajes que los fans más extrañaron en previas adaptaciones a la pantalla: me refiero, desde luego, a Tom Bombadil, interpretado por Rory Kinnear.

Pero vayamos entonces a ver qué nos ha dejado el capítulo, no sin antes dejar de advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.

La Quebrada de los Túmulos

Como era de prever tras la partida de Galadriel y Elrond, la compañía (¿de qué otro modo podríamos llamarla?) no está exenta de problemas. A los conflictos de liderazgo (recordemos el despecho que Gil-Galad hiciera a Galadriel al poner al mando a Elrond) hay que agregar un puente roto que les obliga a un largo desvío por las colinas de Tyrn Gorthad o, lo que es lo mismo, por la Quebrada de los Túmulos, paraje harto conocido para los lectores de Tolkien.

Galadriel, influenciada por el anillo, no quiere ir por allí, pero Elrond no está dispuesto a resignar su lugar en las decisiones del grupo ni mucho menos a “escuchar” a un objeto (baratija como él lo llama) que considera obra de Sauron. Terminan entonces yendo por el sur y, como era de esperar, ella tiene razón, pues si con algo relacionamos a la Quebrada de los Túmulos es justamente con los Tumularios, los no muertos que toman forma en huesos y armaduras de un linaje real extinguido (¿ya lo estaba para esa época?).

En efecto, al atravesar el bosque en la noche son atacados por escalofriantes y cadavéricos espectros cuyos ojos se encienden en la oscuridad y, por mucho daño que se les haga, siempre se reconstituyen a si mismos. Cuando se percatan de que el secreto está en destruirles con sus propias armas, logran dar cuenta de ellos, aunque al costo de una baja y un Elrond lleno de culpas por haber desoído a Galadriel.

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En Casa de Tom Bombadil

El Extraño sigue buscando desesperadamente a Nori y Poppy pero, sin rastro de ellas, termina cayendo en la casa de un sujeto muy particular pero fácilmente reconocible para todo lector de Tolkien aun cuando todavía no le hubiéramos visto en pantalla. Tanto su estilo alegre, como su atuendo y la canción que entona nos confirman que se trata de Tom Bombadil aun antes de que diga su nombre…

Conectado de manera especial con la naturaleza, vive en un oasis solitariamente fértil en medio del desierto y rodeado de cabras, abejas y, por supuesto, árboles, uno de los cuales engulle al Extraño como aquel que en el primer tomo de la trilogía hiciera lo propio con los hobbits: no es el mismo desde ya, pero la referencia es fácilmente reconocible. Tom logra calmar al árbol y sacar de su interior al Extraño, tras lo cual, hospitalario como sabemos que es, le brinda aseo y comida.

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En algún momento, pareciera hablar con una mujer (¿Baya de Oro tal vez?), pero cuando el Extraño le pregunta al respecto, dice que no hay allí ninguna. Consultado acerca de si todo lo que está allí es suyo, responde que las cosas no son de nadie, sino que se poseen a sí mismas, una perfecta síntesis de su armonía y comunión con el entorno natural.

El mismo razonamiento lo aplica a la vara de mago que lleva el Extraño y que, según dice, sabrá usar a su debido momento cuando aprenda a ser uno con la misma, pues está en su destino enfrentarse al Mago Oscuro y a Sauron. Cada vez se hace más difícil pensar que el Extraño no sea Gandalf

La Tierra Prometida

El Mago Oscuro (Ciaran Hinds) está decepcionado con los suyos por no haber capturado aún al Istar, así que les encomienda una nueva misión: encontrar a las dos muchachas que viajaban con él para usarlas de cebo. Pero, claro, nadie sabe por dónde andarán después de la tormenta de polvo y, a decir verdad, ellas tampoco, pues Nori y Poppy no reconocen el lugar al que han ido a parar y solo falta que alguna diga “Toto, me parece que esto no es Kansas”.

Para su sorpresa, se encuentran con otro mediano, pero de diferente tribu y cuyo nombre es Merimac (Gavi Singh Chera). Les lleva con los suyos, quienes se identifican como los Fuertes (Stoors), según Tolkien una de las tres razas de hobbits y la que más se parece a los hombres. La líder Gundabel (Tanya Moodie), sin embargo, no ve con beneplácito la llegada de las niñas y hasta les hace atar, pero a pesar de ello tampoco las delata cuando los esbirros del Mago Oscuro pasan preguntando por ellas.

Una vez que se han ido, Gundabel va en busca de las muchachas para conminarlas a largarse, pero el rostro se le transforma cuando Nori le habla de los Pelosos y de su líder Sadoc Madriguera, apellido en el que reconoce a un descendiente de Rorimar Madriguera, quien, según cuenta, partió con un grupo hace ya mucho tiempo en busca de una supuesta tierra prometida.

De este modo, vamos armando el árbol genealógico de los hobbits, pues así como Sadoc es descendiente de Rorimar, los Pelosos pueden serlo de los Fuertes y la tierra prometida ser algún día La Comarca.

Los Ents

En el sur, mientras tanto, se presume a Theo capturado por salvajes, aunque nos llama la atención que al momento de su captura este mirara hacia arriba mientras se dejaba oír un susurro de hojas… En cuanto a Estrid y por más que haya intentado quitarse del cuello la marca de Adar, es descubierta en su engaño por Arondir, quien, tras esposarla, la conmina a llevarle con los probables captores de Theo.

Nos preguntábamos en el ánalisis anterior si ella habría sido enviada por Adar o tendría en cambio un pasado al cual no quería volver: pronto sabemos que es más bien lo segundo. En el bosque, Arondir e Isildur van a parar a una ciénaga y es Estrid quien, como puede, busca rescatarlos con una rama. Pero lo que emerge del lodo es una enorme y horrenda criatura que está a punto de devorarla de no ser por la oportuna intervención de Arondir e Isildur que, con sus espadas, se abren paso desde el vientre de la bestia.

Estrid pareciera haberse ganado un voto de confianza, pero Arondir prefiere que sea Isildur quien decida sobre ella y, como es de prever, este la libera y se genera un momento de atracción mutua, pero en un descuido ella le birla la espada y le deja claro que no quiere volver con los suyos: “No existe el perdón para gente como yo”, manifiesta…

Volvemos a escuchar susurros de hojas y en medio de la noche hacen presencia otros grandes conocidos nuestros: los Ents, uno de los cuales golpea a Estrid y la arroja a lo lejos. Se les ve enfurecidos porque dicen que hay un ejército talando y destruyendo árboles (es decir a sus semejantes), ante lo que Arondir ofrece formar una alianza para que no puedan seguir haciéndolo.

Calmándolos de ese modo y ganando un nuevo e impensado aliado, los elfos consiguen que los Ents liberen a Theo que, en efecto, había sido capturado por ellos como parte de su furia generalizada contra los humanos. Estrid vuelve en sí tras el golpe recibido y otra vez parece que va a haber algo con Isildur, pero cuando están a punto de chocar sus labios, irrumpe un grupo de búsqueda y entre ellos un tal Hagen (Gabriel Akuwudike) que, como no podía ser de otra forma, es la pareja de Estrid…

El Retorno de la Guerrera

No lejos de allí y tal como dijera el Ent, hay un ejército de orcos que avanza en la noche derribando árboles a su paso. Oteando desde lo lejos, los elfos se sorprenden de verles al mando de Adar y se estarán aliados con Sauron o en guerra con él. “Todos estamos en guerra” sentencia Galadriel…

En ese momento silban flechas cerca de ellos y es una partida de orcos que se ha desprendido del resto para dar caza a un caballo: una de las mismas hiere a Vorohil (Charlie Rix) y le deja agonizante, pero Galadriel, ante la azorada mirada del resto, logra curarlo con el anillo que, acto seguido, entrega a Elrond a pesar de su resistencia y, reasumiendo voz de mando, envía al grupo de regreso a Lindon mientras sale a enfrentar a los orcos en soledad para mantenerles entretenidos.

Haciendo gala de espada, arco y destreza acrobática, Galadriel vuelve a tener uno de esos momentos Red Sonja que le conociéramos en la primera temporada, pero aunque logra dar cuenta de unos cuantos orcos, acaba capturada y no solo eso, sino también reconocida por Adar…

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El resto, entretanto, emprende el regreso a Lindon. Camnir (Calam Lynch) se admira de que Galadriel se haya sacrificado por ellos, pero para Elrond “lo hizo por el anillo”…

Balance del Episodio

Siempre sostengo que la nostalgia y la autorreferencia tienen un límite y es no repetir arcos ya transitados. Para decirlo claro: me encantó ver por fin al bueno de Tom Bombadil que, por cierto, está recreado con mucho carisma por Rory Kinnear, primer actor que haya dado vida al personaje en pantalla. Y lo mismo los Ents, pero en ambos casos hemos caído en situaciones similares a las que, según los libros, envolverán en el futuro a los personajes implicados.

Ya teníamos del primer tomo de la trilogía la imagen de Tom liberando a alguien del interior de un árbol, así como de los Ents formando alianzas para enfrentar a sus enemigos: es poco imaginativo volver a recorrer el mismo camino. Incluso algunas frases de dichos personajes son un calco, lo cual puede ser un guiño genial siempre y cuando no se las convierta en el diálogo mismo: hay momentos en que con Tom ocurre exactamente eso y se desvirtúa entonces la posibilidad de escribir nuevas e interesantes líneas por fuera de las que ya brillantemente nos dejara Tolkien.

También a Gandalf se le han tomado frases prestadas y ni siquiera son puestas en boca del Extraño, que todavía sigue sin saber quién es y nosotros tampoco más allá de lo que ya para esta altura podamos inferir con creces. Cuando Arondir dice que “hay cosas sin nombre en las profundidades de este mundo” está parafraseando al icónico mago antes de enfrentarse con el Balrog y lo mismo cuando Galadriel les espeta “¡Volved a las sombras!” a los orcos. Desde ya que siempre es emocionante reconocer esas referencias, pero deberían ser los adornos del guion en lugar de la sustancia, como por momentos sucede.

Y a propósito de los elfos, el grupo expedicionario (más allá de su homogeneidad étnica) remite claramente a la Compañía del primer tomo, pero a diferencia de lo que ocurría allí o en su adaptación fílmica, no terminamos de conocer en profundidad a ninguno de sus integrantes con las excepciones de Galadriel y Elrond, lo cual deviene en que nos termine dando lo mismo si uno de ellos acaba o no muerto con una flecha en el vientre. Y el desvío que las circunstancias imponen a su viaje nos hace acordar demasiado al de Frodo y los suyos cuando, para atravesar las montañas, se ven obligados a desviarse por Moria.

Más interesante estuvo lo de los Tumularios, aunque con algunas pegas. En primer lugar, ya sabíamos con qué podían encontrarse en la Quebrada de los Túmulos y me pregunto si no hubiera sido preferible guardar suspenso con la localización. En segundo lugar, porque a diferencia de Bombadil o de los Ents, no me termina de encajar que los reyes no muertos pudieran ya estar allí antes de la Tercera Edad: si se me ha pasado algo entre tanto Tolkien, agradecería que se me recordase en los comentarios…

Fuera de ello, la escena estuvo muy lograda y fue bastante terrorífica, además de no repetir, al menos hasta aquí, el arco que aparece en el tercer tomo de la trilogía. Si en episodios próximos ocurre que los elfos regresan a la quebrada para buscar a los Tumularios y hacerles algún ofrecimiento a cambio de una alianza, tendré que desdecirme: ojalá que no.

Por lo pronto y siguiendo con las alianzas, hay probables indicios de una en puerta entre Galadriel y Aran ahora que se han encontrado (o reencontrado), como también de un triángulo amoroso entre Isildur, Estrid y el recién aparecido Hagen o de una incipiente atracción mutua entre Poppy y Merimac: ya veremos a qué conduce todo eso…

Como hemos dicho, no hemos tenido noticias de los enanos, lo cual es siempre una pena porque la suya ha sido la mejor subtrama de la primera temporada y de lo que llevamos de esta, como también la que más se sabe despegar de Tolkien con diálogos y cruces interesantes entre personajes creíbles que no están diciendo todo el tiempo frases que suenen para la posteridad o repitan las de los libros.

Por lo que nos muestra el adelanto, no obstante, en la próxima entrega volveremos (afortunadamente) a Khazad-Dûm, lo mismo que (desafortundamente) a Númenor, un arco que se ha quedado huérfano de todo y prácticamente sin relación con nada.

Lo que sí hemos tenido dentro de lo poco sustancioso del capítulo y se agradece son algunos buenos momentos épicos, asignatura con la cual la temporada venía en falta. El mencionado enfrentamiento con los Ents ha sido uno de ellos y lo mismo el de Galadriel con los orcos, más allá de que la elfa siga dándonos algo de gracia cuando la va de badass. Lo mismo la escena de la ciénaga, en la cual se atrevieron a presentarnos una criatura creíble y verdaderamente aterradora que me hizo olvidar el mal trago que me dejara el águila de la semana pasada.

A todo esto y aunque parezca mentira, ya hemos pasado la primera mitad de la temporada debido a que Prime Video decidiera subir los tres episodios de un tirón la semana pasada. Ello hace suponer que deberíamos entrar a partir del próximo en etapa de mayores definiciones que, esperemos, sean algo nuevo y sin tanto pánico al fanservice.

A ver si lo hacen, porque hasta aquí estamos viendo una temporada con gran producción, emotivos guiños y sólidas actuaciones (bueno, algunas), pero todavía sin una historia que se sienta propia de la serie y, como tal, agregue algo al universo Tolkien más que reciclarlo o servirlo en copa nueva. Hacer una precuela no es volver a contar lo mismo pero ubicándolo temporalmente antes: productores, showrunners y guionistas deberían ver Black Sails para saber que no hay por qué caer en eso…

Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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