Análisis de Expediente X. Temporada 11. Capítulo 02: Esto

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El segundo capítulo de esta temporada de Expediente X está dirigido por el veterano Glen Morgan y es toda una declaración de intenciones desde el primer instante, con Mulder y Scully juntos e inseparables, su química e interacciones elevan el episodio y nos recuerdan porque la serie se convirtió en un éxito en su día más allá de su temática conspiranoica y fantástica. El capítulo está trufado de entrañables y, si bien no descacharrantes, graciosos instantes de humor (algunos improvisados) además de una dinámica de trabajo en equipo que hace que ‘Esto’ funcione por momentos como una buddie movie.

A diferencia de Carter, que parecía querer volver a esa dinámica del ‘ahora sí y ahora no’ que los personajes tenían en las primeras etapas de la serie en cuanto a su relación sentimental, el tratamiento de Morgan es mucho más claro y coherente al respecto de dos personajes maduros que las han pasado canutas juntos durante décadas: Mulder y Scully son pareja, viven juntos, duermen juntos, se compenetran perfectamente con un par de miradas cuando la cosa se pone fea, y saben que cada uno siempre tiene y tendrá indeleblemente a su otra mitad cubriéndole las espaladas. Tanto la primera como la última imagen del capítulo con ambos recostados el uno sobre el otro y con los pies encima de la mesa nos lo deja claro al instante.

‘Esto’ es, en esencia, un techno-thriller de ci-fi centrado en el transhumanismo, más concretamente en la ‘subida’ de la mente humana a un espacio virtual, un concepto extendido en ci-fi tanto en TV (San Junípero) como literatura (Espacio Revelación) o videojuegos (SOMA) pero que nunca habíamos visto en Expediente X. El capítulo tiene toques de discurso social sobre la adicción a las redes sociales y a compartir nuestra vida. El concepto de crear un yo virtual a través de los retazos o ‘huellas digitales’ que dejamos detrás nuestra, e incluso de nuestras conversaciones por el móvil, ya lo habíamos visto en otros productos como -una vez más- Black Mirror en ‘Vuelvo Enseguida’ o un concepto parecido sobre una I.A. que va aprendiendo y adaptándose en la película ‘Her’.

PERRITOS CALIENTES, DONUTS Y ‘CALIFORNIA SUN’

El capítulo comienza con nuestra pareja protagonista relajada en el sofá cuando el fenómeno extraño de rigor da lugar: Richard ‘Ringo’ Langly, miembro de los pistoleros solitarios (que tuvieron su propio spin-off) y ex-colaborador de Mulder le contacta de forma bastante extraña a través del móvil. Hasta ahí todo bien, ¿no? Bueno, depende de cómo se mire porque si hacemos memoria Langly está muerto. Mientras Mulder y Scully se devanean lo sesos, un grupo de asesinos a sueldo irrumpen en el domicilio a ritmo del ‘California Sun’ de los Ramones y tras una breve, pero intensa escena de acción, nuestros protagonistas se encuentran a la fuga y teniendo que confiar una vez más en la ayuda del director Skinner.

A partir de aquí el episodio se convierte, como el mismo director apunta, en una versión de ‘la muerte en los talones’ a través de la lente de Expediente X, con Mulder y Scully huyendo de un escuadrón de la muerte ruso y descubriendo pista tras pista que los lleve a la resolución final de misterio. La primera parada es el cementerio de Arlington donde encontrarán tanto la tumba de Langly como la de un viejo conocido, garganta profunda, el primer informador de Mulder sobre el que tendemos varias referencias como la declaración “presencié su entierro a 1.000 yardas, desde allí, con prismáticos” del primer capítulo de las segunda temporada ‘hombrecillos verdes’, o la revelación de su verdadero nombre ‘Ronal Pakula’ (sabíamos  su nombre de pila, Ronald, desde el genial ‘Reflexiones de un Fumador’ pero es la primera vez que sabemos de su apellido que es además referencia a Alan J. Pakula director de películas como ‘todos los hombres del presidente’).

Tras encontrar una pista que los dirige a un edificio de la NSA en Manhattan, nuestros protagonistas descubren que los Expedientes X han sido digitalizados y vendidos al mejor postor, lo que incluye a los militares rusos que intentan matarlos. Siguiendo las miguitas de pan llegan hasta la doctora Karah Hamby, la expareja de Langly que nos explica por fin el meollo de la cuestión: tanto ella como su exnovio tomaron parte en un experimento gubernamental para digitizar sus cerebros y ser subidos a una ‘simulación’ donde una comunidad de copias digitales llevaría a cabo investigaciones científicas y vivirían eternamente. Y aquí es donde la cosa se pone interesante, tras la muerte de Hamby a mano de uno de los asesinos rusos, Langly por fin contacta con Mulder y le pide que destruyan la simulación.

“Vivimos una mentira. Es un campo de trabajo, somos esclavos virtuales. Clonaron nuestras mentes para desarrollar ciencia que la élite utilizará para dirigir vuestro mundo. Para convertir su sueño de colonización espacial en una realidad, para ellos. Soñamos, pero no se nos permite tener sueños, metas, nada propio. Ni elección ni diversidad.”

Y es que ese es el dilema de este episodio, la implicaciones éticas y morales de digitalizar y preservar la conciencia humana, e incluso las repercusiones de la inmortalidad. Puede que Langly se pase la vida comiendo ‘perritos y donuts’ escuchando lo Ramones y teniendo sexo sin parar, pero una eternidad de esclavitud no es una perspectiva nada halagüeña.

La pareja consigue colarse en el edificio de la NSA utilizando su ingenio y estatus como agentes del FBI, pero Mulder es apresado y llevado ante la presencia de Erika Price, miembro del Sindicato y compañera del Señor Y que vimos el capítulo anterior. Como ya pasaba en ‘la mutación del fundador’ de la anterior temporada, la mitología extiende sus zarcillos por algunos de los episodios antológicos y este es un ejemplo de manual. Price le explica a Mulder que la digitalización mental y la vida eterna en entornos virtuales serán el futuro de la raza humana tras la destrucción del planeta (¿Por culpa del virus del Fumador, quizá?) y que será así como conquistemos el espacio. Mulder finge complicidad para ganar acceso a los servidores, alegando que quiere verlos porque: “Sería los más cercano a ver a Dios. En esta vida, o en aquella.”

Finalmente, Scully consigue colarse a la sala de máquinas gracias a la distracción de Mulder y en una escena homenaje a ‘2001: Una Odisea del Espacio’ apaga los ordenadores, despidiéndose de Langley por última vez, o eso creemos, porque tras volver a su casa el episodio termina con una nueva llamada de Langly a través del móvil, diciéndoles que aún tienen que destruir la copia de seguridad mientras el asesino ruso que les seguía durante el episodio hace una nueva aparición -esta vez digital- a ritmo de los Ramones.

VEREDICTO

  • Esto’ Es sin lugar a duda una nota alta tras el flojo capítulo inicial, se trata de un episodio que consigue mezclar las características de ficciones más modernas como Fringe o Black Mirror sin llegar a perder en ningún momento la esencia de Expediente X. La química y el humor entre sus protagonistas es palpable y hacen gala de un carisma que nos conquistó y sigue conquistando. El episodio no es perfecto, la acción si bien mejor que en el anterior (que mareo, chico) sigue siendo algo innecesaria por momentos y hay alguna que otra situación algo chorra de por medio, pero aún con todo este es uno de los capítulos antológico de mayor calidad que hemos visto desde el fin de la etapa original. Pulgares arriba para Glen Morgan.

 

 



el autor

Graduado en Estudios Ingleses por la Universidad Autónoma de Madrid. Aficionado a la literatura, el arte, el cine y el mundo de los videojuegos, con una especial predilección por el género de ciencia ficción en todos los medios.

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