Nuevo episodio de La Búsqueda: Más Allá de la Historia y, por lo tanto, nuevo análisis. Esta cuarta entrega lleva por título Charlotte y cuenta con la participación de Justin Bartha dando vida nuevamente a uno de los personajes más queridos por quienes hayan disfrutado de las películas que dieron origen a la serie. Recordemos que la misma, creada por Cormac y Marianne Wibberley, es emitida por Disney+.
Bienvenidos una vez más a nuestro encuentro semanal con La Búsqueda: Más Allá de la Historia (para Latinoamérica La Leyenda del Tesoro Perdido: Al Filo de la Historia), serie de Disney+ que es spin-off de las películas que, protagonizadas por Nicolas Cage, constituyen hoy un clásico del cine de acción, aventuras y resolución de enigmas.
Este cuarto episodio tiene, justamente, connotaciones aptas para nostálgicos. No solo por el título, ya que Charlotte era el barco con cuyo hallazgo en el Ártico se iniciaba la primera película (aquí retro-análisis por parte de quien suscribe), sino también por la aparición de Justin Bartha, que en aquellos filmes daba vida a Riley Poole, leal colaborador de Benjamin Gates.
Lamentablemente ese compromiso emocional con los filmes de origen no alcanza para compensar un episodio que, una vez más, es flojo y, sobre todo, poblado de pistas resueltas de modo que raya excesivamente en lo inverosímil. Pero pasemos mejor a analizarlo, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordarles que pueden leer aquí los análisis anteriores.

Un Viejo Conocido
Jess y Tasha siguen dándole vueltas al mensaje de Elvis. Piensan que lo de la “lengua bífida” podría tener que ver con Malinche, no solo porque ha sido reiteradamente sindicada como traidora a su pueblo sino también porque, al hacer de traductora para los españoles,hablaba “doble lengua”. Pero, por otra parte, todo indica que no sabía leer ni escribir, lo cual quita sustento a la hipótesis y frustra a las muchachas.
A todo esto, se aproxima el funeral más demorado de la historia, que es el de Peter Sadusky. No sé qué idea tendrá Liam de los velatorios pero teme aburrirse, razón por la cual y por consejo de su madre, invita a Jess: todo un romántico… Tasha lo interpreta como que le está haciendo una cita a su amiga (esta gente tiene una concepción extraña sobre los sepelios), pero cuando instantes después cae también invitación para ella y Oren, concluye que no lo es.
Mientras tanto, tenemos noticias de Riley Poole (Justin Bartha), lo que nos pone felices por ser un cable a tierra con las películas originales, que se ven muy lejanas. Y no es solo él: además habla telefónicamente con Ben Gates (lástima que no oigamos su voz), quien le pide que transmita sus condolencias a los deudos de Peter, a cuyo funeral se debe, justamente, la presencia de Riley en Baton Rouge. Este, según sabemos, escribe ahora libros y tiene un podcast tan exitoso que va a ser convertido en programa en vivo, dando por descontado que contará con Ben como primer invitado.
El Mañana es Nuestro
Billie está dando parte de situación ante la junta de lo que parece una sociedad secreta o por lo menos no muy santa llamada Crast est Nostrum (El Mañana es Nuestro). Uno de los integrantes la increpa por la pérdida de un “hermano” y porque una jovencita poco más que adolescente estuvo a punto de quedarse con la reliquia. Billie esgrime en su defensa que tiene dos de las tres partes del mapa y una pista firme para la tercera: aun así, preocupa al resto que Salazar haya salido de prisión y esté tras el mismo objetivo…
Ya en el estacionamiento, Billie y Kacie (Breeda Wool) son atacadas por un grupo de matones a los cuales esta última acaba aporreando con facilidad: pensar que es la misma a la que se le escaparon dos muchachitas delante de sus narices y no solo una vez. De momento, no se conoce en profundidad el conflicto interno dentro de la organización a la que responde Billie y, por lo tanto, no sabemos si el ataque provino de alguna facción de la misma o bien está detrás el mencionado Salazar. Solo podemos decir que se aprecia una intensa competencia por hacerse con el tesoro panamericano.
Habitación con Pistas
Llega el funeral y, como era de prever, está atestado de federales, entre ellos la agente Ross, que no descansa tras la misteriosa muerte de Peter y anda hurgando la casa a la búsqueda de pistas. Encuentra unas flores al parecer venenosas, pero aún no sabemos mucho al respecto.
En un momento se cruza con Hendricks, el agente que la ningunea todo el tiempo y quien le manifiesta estar al tanto de que no ha cerrado aún el informe toxicológico de Sadusky. Ella parece incomodarse, pero él le deja en claro que la apoya y hasta le pide disculpas por su comportamiento previo. No le creo nada: no sé ustedes…
Como si se tratase de una boda, van llegando los invitados, entre ellos Jess, Tasha y Oren, quienes de camino reconocen en un auto a un sujeto barbado al que ya habían visto en Graceland. Asimismo reconocen a Riley, a quien, con admiración, Tasha se acerca a pedir asesoramiento sobre las pistas que vienen siguiendo.
También él anda de inspección por la casa. En un momento parece a punto de enviarle mensaje a Ben para preguntarle por el enigma que le plantearon las chicas, pero se distrae al hallar que Sadusky tenía en la biblioteca libros suyos en francés y que, al moverlos, revelan la habitación con las pistas…
Embelesado lo encuentra allí Jess, pero cuando él toca un par de lentes antiguos, se activan láseres y la habitación queda cerrada herméticamente. Pregunto: si nadie tocaba nunca esos lentes, ¿podían seguir revolviendo con la mayor tranquilidad? No parece el mejor modo de activar un sistema de seguridad…

Pronto empiezan a sufrir falta de oxígeno y comienzan a probar combinaciones para salir. Un logo del FBI que Peter tenía sobre su teclado les hace pensar que quizás en el lema “Lealtad, valor e integridad” se halle la respuesta al enigma (por supuesto: ¿dónde más?)…
La cuestión es que mientras a nosotros, como siempre, se nos obliga a mirar con la mandíbula caída, ellos descubren que la lealtad hace referencia a los perros y, en efecto, bajo la figurilla de uno encuentran el número 74. Riley halla una medalla al valor y debajo de ella, el número 11. Les falta solo una cifra y si el suspenso está destinado a que la deduzcamos, habría que avisarles que no hay modo alguno y cuando ello ocurre, la espera puede en realidad ser aburrimiento…
Es más: en los jardines se están llevando a cabo los homenajes al fallecido Peter, cuyo ex enfermero pone a Liam al tanto de que su abuelo admiraba su música e incluso tenía una canción preferida. Así que en lugar de pronunciar discurso, este prefiere interpretarla durante el funeral y se ve que tiene su autoestima de compositor bastante alta porque hasta desliza alguna relación con Neil Young. Es el momento más anti-clima del episodio, pues con Jess y Riley encerrados y a punto de quedarse sin aire, difícil es que todo ese asunto de la canción puede llegar a importarle a alguien…
No confíes
Cada vez les cuesta más respirar a Jess y Riley, pero aun así tienen tiempo para descansar un momento del desciframiento de códigos de apertura y dedicarse a pensar en las pistas dejadas por Elvis. En clara referencia a la película original, Riley hace analogía a aquello de “Charlotte” y cómo Ben se equivocó en primera instancia al suponer que el nombre hacía referencia a una mujer y no a un barco.

Ello lleva a Jess a pensar que quizás se esté obsesionando con Malinche cuando la lengua bífida podría corresponder a alguien más, por ejemplo Sakajawea. Quizás a los hispanoparlantes no nos resulte un nombre tan conocido, pero en la cultura estadounidense se asocia inevitablemente a la mujer indígena que, hablando también dos lenguas y oficiando de traductora, ayudó a que la famosa expedición de Lewis y Clark lograra a principios del siglo XIX atravesar la América del Norte de un océano al otro.
¿Y por qué la asociación, nos preguntaremos? Pues es “obvio”: porque el nombre de Lewis era Meriwether y allí está la asociación con el “buen tiempo” (“merry weather” o “tiempo alegre”). A su vez este tenía un perro terranova y por eso lo de “tierra nueva” en el audio de Elvis. ¿Cómo no nos dimos cuenta?…
El problema más urgente es, sin embargo, salir de la habitación y el tercer código lo obtienen de la ilustración de una serpiente fragmentada en que cada parte está acompañada por una letra. Suponiendo en ello un anagrama, se dedican a reordenar las letras a la caza de una cifra y descubren que se puede tanto formar tanto “one eighty” (180, que es la propuesta de Riley) como “eighty one” (81, la de Jess). Riley decide que vayan con la segunda porque es la que hubiera elegido Ben…
El confinamiento se termina y se reencuentran con Tasha, Ethan y Oren que, alarmados por la ausencia de Jess, intentaban sin éxito abrir desde afuera. Ethan (que no sé bien qué hace allí) está disgustado porque Jess casi muere en su insistente obsesión con las pistas del tesoro. Pero más todavía cuando la ve después besarse con Liam luego de que este le dice que ahora entiende la frase de su abuelo acerca de que “el mayor tesoro es el tiempo”. Qué bueno que lo entienda porque yo no: ¿cómo llegamos al beso?
Sea como sea, las hormonas parecen contagiosas porque, después de todo, Ethan está con su novia Meena (Salena Qureshi), quien lo besa después de señalar que a Jess parecieran gustarle los chicos malos y a ella los buenos. Nadie sabe qué narices quiso decir, pero no importa: todos se aman y se besan. O casi todos, porque Tasha no da cabida a Oren cuando pretende hacerlo con ella…
Y encima el momento romántico de Jess se ve interrumpido cuando le llama Riley, quien, ya a punto de tomar su avión para marcharse, le pone al tanto de que la madre de Ben (experta en lenguas mesoamericanas) ha sido abordada por una mujer que le ha enseñado el mensaje de Elvis. Le recomienda no confiar en sus amigos, algo muy semejante a lo que en su momento le aconsejara Peter, mientras en la mente de Jess se dibuja la imagen de Liam, pero… ¿no sería demasiado obvio?
Balance del Episodio
Despropósito de entrega la que nos han dado. Y duele porque la presencia de Justin Bartha nos hacía ilusionar con repescar al menos en parte el espíritu de los filmes de origen. Nada más lejano: su intervención ha sido desaprovechada y lo peor es que quizás no volvamos a verlo considerando que sobre el final del episodio estaba tomando un avión de regreso…
A nadie escapa que en las películas originales, la resolución de las pistas era poco creíble de tan intrincada. Pero, vamos, esto es EL DELIRIO: ¿Elvis? ¿Sakajawea? ¿Una serpiente fragmentada? ¿Un perro? ¿Otro perro? Madre mía…
Por este camino y tal como he dicho en el análisis anterior, se hace difícil que la historia mantenga el interés: no sé qué pasará en la próxima entrega pero perfectamente podría la siguiente pista llevarnos al Yukon o a la Luna y darnos exactamente lo mismo. Doy por descontado, eso sí, que viajaremos a Tennessee ya que, según he entendido, allí se halla la residencia de Meriwether y también su diario de viajes que, justamente, dedicó a su cánido amigo terranova. Además, parece que fue uno de sus esclavos quien proporcionó el mensaje en código a la tatarabuela de Elvis.
Volviendo a la comparación con los filmes, faltan las persecuciones y escenas de acción que hacían trepidantes a los mismos: apenas Kacie repartiendo hostias en una playa de estacionamiento y no mucho más. De Salazar todavía se sabe bien poco: sus menciones o intervenciones siguen siendo mínimas, aunque queda claro que estamos ante un conflicto de tres o tal vez más puntas. Catherine Zeta-Jones sigue componiendo una villana interesante, pero sus apariciones son también pocas y específicas.
Los momentos musicales de Liam ya cansan. ¿Tiene que interpretarnos una canción en cada episodio? No es que lo haga mal y, por lo que he averiguado, Jake Austin Walker tiene una carrera musical desde los doce años, pero tampoco me parece, echando mano a su propia alusión, que estemos ante un nuevo Neil Young e insisto: sus canciones (sobre todo en este episodio) cortan clima y restan en lugar de sumar…
Espero de corazón que la serie mejore, por el legado de la franquicia y también por su futuro, ya que Jerry Brucheimer ha declarado recientemente que está listo el guion de la tercera película y piensan ofrecerle nuevamente a Nicolas Cage el papel de Ben Gates. Inclusive su mención en este episodio y el hecho de que Riley hablara por teléfono con él pareciera estar orientado en tal sentido. Pero si esta serie fracasa, podría ser un palo en la rueda y esa película no hacerse nunca. Ojalá no sea así…
Mientras tanto, me quedo con la imagen del bueno de Harvey Keitel que, desde un retrato en el funeral, pareciera preguntarnos y preguntarse cómo hemos llegado a esto…
Hasta la próxima entrega y sean felices…



