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La Nena (Disney+). ¿Un broche de oro o un exceso de frenada para la trilogía de Carmen Mola?

Si fuiste de los que devoró La novia gitana, y se quedó con el estómago revuelto (pero queriendo más) con La Red Púrpura, seguro que tenías marcado en rojo el estreno de La Nena. La esperadísima conclusión de la trilogía escrita por el colectivo Carmen Mola ha llegado gracias a un acuerdo de emisión simultánea entre Atresplayer y Disney+. Dirigida una vez más por el sevillano Paco Cabezas, esta miniserie de ocho episodios promete cerrar una de las sagas de thriller policíaco más oscuras y brutales de nuestra televisión.

Pero, tras verla por completo y analizar la marea de opiniones que está dejando a su paso, la gran pregunta es: ¿está a la altura del listón tan alto que dejaron las anteriores? Vamos a analizarlo con perspectiva y criterio propio, viendo los aciertos absolutos y esos puntos donde, a mi juicio, la producción patina un poco.


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La nena: Una inspectora rota y un cambio de testigo necesario

La historia de La Nena arranca meses después del tremendo caos con el que cerró la temporada anterior. Tras los trágicos sucesos, encontramos a una Elena Blanco (Nerea Barros) completamente desaparecida, aislada del mundo y en un limbo emocional donde siente que ya lo ha perdido absolutamente todo. Solo Mariajo conoce su escondite. Me parece interesantísimo cómo arranca el personaje de Elena aquí: ya no vemos a la inspectora fría, rígida y contenida que medía cada paso; arranca desde el vacío más absoluto, sin nada que perder.

Sin embargo, el verdadero giro maestro de La Nena no es el regreso de Elena a la Brigada de Análisis de Casos (BAC), sino el peso brutal que se le da a su compañera Chesca Olmos (Lucía Martín Abello). Ella es el verdadero motor de esta entrega. Tras el horror que vivió atrapada por la organización criminal, Chesca reaparece con unas secuelas psicológicas y físicas tremendas, pero convertida en una auténtica fuerza de la naturaleza.

Su arco de transformación hacia una suerte de «heroína de acción» sedienta de venganza es, sin duda, lo mejor construido de toda la temporada. La química y el contraste entre una Elena cansada y una Chesca al límite sostienen la tensión dramática de forma soberbia.

Más acción, más ritmo y… ¿demasiada violencia?

Si algo salta a la vista desde los primeros compases es el ritmo. Paco Cabezas ha decidido meter la directa en La Nena. Frente al desarrollo más pausado e introspectivo de las anteriores entregas, La Nena es una montaña rusa trepidante. Prácticamente no hay escenas de relleno; la trama se despliega con una estructura muy cinematográfica que te empuja a encadenar un capítulo tras otro. Visualmente sigue siendo impecable, manteniendo esa atmósfera asfixiante y sucia que tan bien le sienta al universo de la periferia madrileña.

Ahora bien, hay que poner las cartas sobre la mesa: La Nena no es apta para estómagos sensibles. La novela original ya destacaba por su crudeza extrema al tratar temas de abusos y torturas, y la serie no se corta un pelo a la hora de plasmarlo en pantalla. A ratos, la violencia es tan directa e incómoda que corremos el riesgo de rozar el exceso gratuito. Creo que en ciertos pasajes se confunde el impacto psicológico con el regodeo visual en el dolor, y eso puede expulsar a una parte del público que busque un thriller puramente detectivesco.

la nena

El gran «pero» del reparto: cuando la conexión se rompe

El elenco principal de La Nena (con los veteranos de la BAC como Mona Martínez o Vicente Romero) vuelve a demostrar por qué son el pilar de la franquicia: interpretaciones viscerales, llenas de verdad y que transmiten el desgaste real de unos policías quemados por el sistema. En esta temporada, la palabra clave para ellos es fragmentación. Ya no son ese grupo cohesionado que funcionaba como un reloj; ahora son un grupo de juguetes rotos intentando mantener el tipo.

Por un lado, Mona Martínez (como Mariajo) vuelve a estar inmensa. Es el único enlace real que le queda a Elena Blanco con el mundo exterior. Su interpretación es pura contención y lealtad; verla cargar con el secreto del paradero de Elena mientras intenta sostener los pedazos de una brigada que se hunde es de lo más emotivo de la entrega.

Por otro, Vicente Romero (Orduño) e Ignacio Montes (Zárate)  personifican el desgaste absoluto. Zárate sigue arrastrando los fantasmas de todo lo que ocurrió en La Red Púrpura, y en La Nena se nota a un personaje mucho más sombrío, casi cínico. Las miradas entre ellos ya no son de camaradería, sino de reproche y cansancio acumulado. Son actores de raza que no necesitan grandes discursos para transmitir que están de vuelta de todo.

Y, por supuesto, no nos podemos olvidar de Francesc Orella en la piel de Buendía. Si Mariajo es el corazón de la brigada y Elena el cerebro, Buendía es el pilar de la cordura y la veteranía. En esta temporada, su personaje tiene un papel crucial sosteniendo el peso institucional y moral de un equipo que está completamente roto por dentro. Orella nos regala una interpretación soberbia, cargada de esa ironía sutil y esa mirada cansada de quien ha visto lo peor del ser humano y ya no se sorprende por nada.

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Ver cómo maneja los hilos en mitad de la crisis de la BAC, intentando proteger a los suyos mientras el sistema parece exigirles que pasen página, demuestra por qué es un actor descomunal que le da un empaque brutal a cualquier escena que pisa.

Sin embargo, en el apartado de las nuevas incorporaciones nos topamos con un bache importante. La inclusión de Eduardo Casanova en el reparto secundario de La Nena ha sido una de las decisiones más polémicas y, bajo mi punto de vista, un error de casting evidente. En un producto que destaca por su hiperrealismo sucio y dramático, su interpretación se percibe artificial y un tanto pueril, rompiendo la inmersión de la escena cada vez que aparece en pantalla. Es una pena, porque cuando la atmósfera siniestra está en su punto álgido, estos desajustes de tono te sacan por completo de la historia.

Veredicto final: ¿merece la pena ver La Nena?

A pesar de sus pequeños desequilibrios con el nuevo reparto, y de un tramo final que pisa tanto el acelerador que puede dejarte algo descolocada, La Nena es una conclusión digna, valiente y sumamente adictiva. No viene a caer bien ni a dejar un sabor de boca complaciente, y precisamente en esa falta de concesiones radica su fuerza.

Si te apasionan los thrillers policíacos potentes, con personajes al límite del abismo y tramas de las que te hacen encender las luces de casa, es un maratón obligatorio en tu suscripción de Disney+. Prepárate para sufrir, porque cerrar las heridas de la Red Púrpura iba a costar sangre.

¿Y vosotros? ¿Habéis visto ya el desenlace de la trilogía? ¿Os ha convencido la evolución de Chesca o habéis echado de menos el protagonismo absoluto de Elena Blanco? ¡Contadme abajo en los comentarios, que este final tiene mucha tela que cortar!

Lucia Hernández
Lucia Hernández
Aprendiz de todo lo que llame mi atención.
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