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Análisis de Philip K. Dick’s Electric Dreams. Temporada 1. Episodios 6 al 10

Seguimos con el repaso a los episodios de Philip K. Dick’s Electric Dreams, en esta ocasión de la mitad que quedaba, correspondiendo a los episodios 6 al 10. Como ya se vio con anterioridad, la serie adolece de cierta irregularidad, y como vamos a comprobar, sigue con esa misma tónica.

Safe and Sound

Safe and Sound reúne mucho de lo que hace a la obra de Philip K. Dick tan icónica: mundos futuristas con grandes ecos en la actualidad, nombres y conceptos básicos para cuestiones muy complejas, un concepto muy abstracto de la realidad… Aunque la forma de llevarlo a pantalla no sea la más fiel al estilo del escritor, hay que admitir que hay mucha calidad de por medio.

A nivel visual tiene más de una escena muy impactante, y eso que se nota que no hay mucho presupuesto de por medio, pero se logra el poderío visual a base de pura artesanía. Grandes angulares para escenarios cerrados, un buen uso del color, gran detalle en lo referente a peluquería y vestuario… No tengo ninguna pega para la dirección, más bien todo lo contrario. También tengo que destacar a Annalise Basso, su actriz protagonista, a la cual debemos tener muy en cuenta, porque tras ver lo que hace aquí y en Captain Fantastic, es una promesa a tener muy en cuenta.

Por desgracia, falla en lo más importante: el guión. Y no porque sea malo. En muy poco tiempo crea una mitología, unos países y un sistema de seguridad, además de que la trama en la que la protagonista no sabe donde posicionarse logra ser muy interesante. Pero el final. Maldito final. Se nota a la legua que es un final que algún productor a obligado meter para que el público general no se pierda ni tenga un debate moral en redes sociales.

También es cierto que es una apreciación muy personal, así que no lo dudes, si te atrae, mira Safe and Soud sin miedo.

Father Thing

Con diferencia, el capítulo con vocación más comercial de toda la serie. Las señas están claras: un grupo de niños que viven aventuras al margen de los adultos, en un pueblo pequeño y encantador, y por si fuera poco, suceden extraños sucesos paranormales.

La referencia al cine de los 80, tan de moda últimamente, es tan descarada que hasta resulta un poco ofensiva. Pero no voy a juzgarla por eso, la voy a juzgar por algo mucho peor: los niños se comportan como adultos. Reaccionan como adultos, piensan como adultos y hablan como adultos. Por ello, aunque a nivel actoral y de dirección hay un buen nivel, no puedo evitar desconectar de la historia durante todo el metraje.

No voy a decir que es un mal episodio, porque no lo es, pero se queda muy lejos de ser memorable, y eso que lo intenta desesperadamente.

Impossible Planet

La adaptación de uno de los relatos más flojos de Philip K. Dick (al menos de los que llevo leídos) ha dado también al que es posiblemente el capítulo más flojo de esta primera temporada de Electric Dreams.

Tiene dos grandes problemas: el primero es que se nota mucho la falta de presupuesto (tan pocos escenarios y con tan poca profundidad de campo) y el segundo y más importante: la historia es muy simple, por lo que se queda muy corta para un capítulo de 50 minutazos. Por si fuera poco, a diferencia del resto de la serie, que siempre cuenta con buenas actuaciones, en este caso su protagonista, un tal Jack Reynor, tiene el mismo espectro de emociones que una baldosa. Sus otros dos protagonistas sí que me convencen más, en especial Geraldine Chaplin, pero no lo suficiente para salvar el desastre.

Aún con todo, debo admitir que el final es realmente bueno, siendo una muy buena conclusión a lo que nos han ido presentando durante todo el capítulo y con un acabado visual notable. Pero no es lo suficientemente bueno como para salvarlo de la quema. Muy a mi pesar, pues en general me estaba gustando toda la serie, debo decirlo: Impossible Planet no es un buen capítulo.

The Commuter

Claramente el episodio más diferente de toda la serie, pues no tiene una temática de ciencia ficción, pero curiosamente, uno de los mejores, sino el mejor. Protagonizado por un magnífico Timothy Spall y dirigido con muy buena mano por Tom Harper (el cual se ha encargado de episodios de grandes series como Guerra y paz o Peaky Blinders), tenemos el que es, por lo menos, el ejercicio visual más estimulante de la serie. Eso por no ser exagerado y decir que es de las mejores direcciones que nos ha dado la televisión el pasado año 2017.

Con una narración que no se parece en nada a lo que proponía Philip K. Dick, pues es puramente visual, nos hace reflexionar en la responsabilidad de tener hijos, el concepto de querer más que a ti mismo a otra persona y otras tantas cuestiones filosófocas que para nada están llevadas con pedantería, más bien todo lo contrario, con un buenrollismo que te hace sentir muy bien al acabar su visionado. Tal vez no sea fiel al escritor en la forma, pero si que lo es en el contenido. Si tuviera que recomendar un solo capítulo de esta serie, sin duda elegiría este.

Kill All Others

Claramente el episodio más Black Mirror de todos, pues todas las señas de identidad de la serie de Charlie Brooker están ahí: estética colorida y minimalista, elementos sociales que sirven de metáfora, protagonista en contra del sistema, atrocidades vistas con normalidad… Hay que reconocer que a nivel visual logra ser toda una delicia, como el diseño de la fábrica donde trabaja el protagonista, o incluso detalles tan mínimos como el peinado que lleva el personaje de Vera Farmiga. Sin duda, el trabajo de Dee Rees en la dirección es notable. Hasta me han dado ganas de ver Mudbound, la película que ha estrenado este año en Netflix, y que ha acumulado algunas nominaciones en los Oscar.

A nivel alegórico me ha encantado: solo por la elección de palabras, “Kill All Other”, ya hay todo un debate filosófico: ¿quiénes son “todos”? ¿Yo pertenezco a “todos”? Si no tomamos los hechos del capítulo como algo literal, sino como algo metafórico, puede dar pie a todo un debate y es evidente la gran riqueza visual que acompaña a todo el relato. No logra ser el episodio más memorable, pero sin duda, tiene calidad de sobra como para que lo recomiende sin dudarlo ni un momento.

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