Con sus dos primeros episodios, titulados respectivamente Los Jóvenes de Hoy y Prueba Beta, se ha estrenado hoy para España y por Skyshowtime (ya Paramount+ lo había hecho unas semanas antes para América Latina) Star Trek: Starfleet Academy (Academia de la Flota Estelar) que, creada por Gaia Violo, es la duodécima serie (novena en live action) de una franquicia que en este 2026 cumple sesenta años.
Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. ¿Cómo han estado todo este tiempo? Algo más de tres meses han pasado desde nuestro último encuentro y siempre es igual de bueno volver a estar en contacto con ustedes como también recibir una nueva serie a la franquicia, por lo que aquí estamos para analizar los dos primeros capítulos de Star Trek: Starfleet Academy. Subidos de un tirón (la primera temporada consta de diez y la segunda ya está confirmada), ambos están dirigidos por Alex Kurtzman que, como es costumbre en los últimos nueve años, oficia también de productor ejecutivo y es uno de los principales responsables de que la franquicia siga viva.
Como el propio título de la serie lo indica, esta es la propuesta más juvenil que hasta el momento hayamos dado el universo Star Trek, pues se centra de manera especial en los cadetes de la Academia de la Flota. Pero además, y al estar ambientada en el siglo XXXII, es también la que se ubica más en el futuro, superando por más de un siglo el salto que ya diera Star Trek: Discovery.
Pasemos a ver qué nos han dejado estos dos primeros episodios y analicemos qué tan promisorio pinta este comienzo no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni recordarles que pueden, en esta web, leer también nuestros análisis de otras series o películas de nuestro vasto y querido universo trekkie.
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Los Jóvenes de Hoy
Tras una colorida presentación alegórica a los sesenta años de la franquicia que, supongo, veremos durante algún tiempo en los distintos productos de la misma, el relato en off nos habla de los días de gloria y los valores de la Academia de la Flota, lo cual se perdió con la Quema y hubo que empezar nuevamente de cero.
Nos hallamos pues más de cien años después del mencionado evento y un flashback nos retrotrae a la infancia de Caleb, niño que creció al cuidado de su madre Anisha (Tatiana Maslany), pero proviniendo el sustento de ambos de un pirata espacial klingon-tellarita llamado Nus Braka (Paul Giamatti).

Después de que un robo perpetrado por este último acaba en la muerte de un oficial de la Flota de la reconstruida Federación, los tres terminan detenidos, deviniendo ello en la separación de madre e hijo, siendo ella asignada a un centro de rehabilitación y él a una institución educativa que no llegó a conocer ya que, haciendo caer en un ardid a la capitana Nahla Ake (Holly Hunter), se apoderó de su insignia y logró escapar de la base de la Federación en medio de una tormenta de arena.
A partir de ese momento, un Caleb ya crecido (Sandro Rosta) se abocó a la búsqueda de su madre y la acción lo muestra quince años más tarde como joven genio capaz de hackear sistemas, permitiéndole ello burlar a sus captores de la Federación, pero termina siendo recapturado y conducido a Bajor.
Nahla, que es mitad lanthonita, tiene ya más de cuatrocientos años, ha renunciado a su antiguo cargo, administra un centro educacional y siente culpa por aquel niño brutalmente separado de su madre. Un viejo conocido nuestro, el almirante Vance (Oded Fehr), la pone al tanto de que el mando de la Flota, decidido a reparar los errores cometidos después de la Quema, la quiere como canciller de la Academia, lo cual le implicaría volver a la actividad.
Nahla acepta al enterarse de que tienen a Caleb, por quien aún se siente responsable. Este quiere saber en dónde se halla su madre y ella le anoticia de que ha escapado del penal en que se hallaba. Su oportunidad de encontrarla, dice, está en enrolarse en la Academia, lo cual le significa no solo tener que lidiar con un uniforme, sino también con Lura Thok (Gina Yashere), la severa instructora que, mitad klingon y mitad jem’ Hadar, se halla a cargo de los cadetes…
Y con Darem Reymi (George Hawkins), un khioniano que la va de matón, aunque irá mostrando otros matices con el correr del capítulo. Mejores migas hace con el klingon Jay-Den Kraag (Karim Diané) que, contrariamente al espíritu guerrero de su raza, aspira a ser médico.
Entre los cadetes hay incluso un holograma (un fotónico, como ella dice) procedente de Kasq. Su nombre es Sam (Kerrice Brooks) y, por mucho que intenta comunicarse con los demás, solo logra hacer amistad con Genesis Lythe (Bella Shepard), aspirante que, hija de un almirante, pertenece a la especie dar-sha, de la que hasta ahora nada sabíamos.
Y si hablamos de hologramas, por allí anda también un antiguo conocido nuestro pues el oficial médico es el Doctor, aquel entrañable personaje de Star Trek: Voyager que vuelve a estar, obviamente, interpretado por Robert Picardo. Dice haber agregado a su imagen un programa de senectud para que los orgánicos no se pongan nerviosos al no verle envejecer (algo parecido dijo Guinan en la segunda temporada de Star Trek: Picard).

A bordo del USS Athena, se asigna al grupo su primera misión, consistente en viajar a la Tierra para restablecer el antiguo campus de la Academia en San Francisco, prácticamente abandonado tras la Quema.
Pero por el camino se cruzan en tierras baldías con una anomalía, que resulta ser una nave de los piratas Venari Ral y, al mando de la misma, Nus Braka, que les ha encontrado gracias a los mensajes que, hackeando el sistema, Caleb ha estado enviando en busca de su madre. Envolviendo a la nave de la Federación en una sustancia viscosa, ha inutilizado sus defensas y comunicaciones, además de someterla a un ataque que no deja bajas, pero sí muchos heridos, entre ellos Thok.
Tras la sorpresa de ver a Caleb con cabello corto y uniforme, el vengativo Braka disfruta el momento de rencontrarse cara a cara con Nahla. Pero no deja de ser un pirata y lo que quiere es el motor warp…
Caleb, en tanto, descubre que puede hackear la sustancia envolvente, pero necesita un código que debe ser obtenido en el exterior de la nave y no hay forma de armar un traje para que alguno de los cadetes pueda salir (estamos en una época en que los trajes se materializan al momento de requerirse su uso). Reymi se ofrece entonces como voluntario pues, siendo khiloniano, puede soportar las bajas temperaturas del espacio exterior durante unos ocho minutos.
Así, y mientras Nahla busca ganar tiempo haciéndole creer a Braka que han surgido problemas al intentar desmontar el motor, Reymi sale fuera y, al borde del congelamiento, consigue el código para que Kaleb pueda desactivar la sustancia y así la capitana ordenar abrir fuego contra la nave Venari que acaba destruida, aunque Braka ha logrado escapar…
La Athena arriba finalmente a destino y los cadetes quedan deslumbrados a la vista de la otrora gloriosa San Francisco. En privado después con Caleb, Nahla le pone al tanto de que el Mando de la Flota ha decidido perdonarle la indisciplina de hackear los sistemas ya que después ha exhibido capacidad de decisión y, sobre todo, de cooperación. Para resarcir su falta, deberá permanecer noventa días allí, lo cual, según Nahla, es lo mejor si quiere encontrar a su madre. Solo le pide que “no lo arruine”.
Prueba Beta
El segundo episodio muestra ya a los cadetes instalados en la sede de San Francisco que, a decir verdad, se ve muy bien cuidada para el abandono en que supuestamente ha quedado por tantos años. Nahla los arenga con que salir a la galaxia implica primero armar la cama, llamándoles así a entender el valor de las pequeñas cosas diarias y, sobre todo, de la cooperación.
Los estudiantes reciben clases de xenomitología, xenobiología (a cargo del Doctor) y de física cuántica, las cuales son impartidas por Jett Reno (Tig Notaro), otro personaje al que celebramos volver a ver. Y hay más emociones: en un breve cameo y en versión live action vemos pasar a Rok-Tahk de Star Trek: Prodigy o al menos a alguien de su especie (Bekar). Y una placa dedica el parque a la memoria de Boothby, aquel jefe de mantenimiento de la Academia al que Picard tanto veneraba por sus sabios consejos.
Caleb sigue obsesionado con el rastro de su madre que, al parecer y según una pista deslizada por Braka, conduce a un asteroide llamado Doja 5 que, sin embargo, no figura en los registros de la Federación.
Nahla, en tanto, se muestra informal y el andar descalza le vale algún roce con el comandante Kelrec (Raoul Bhaneja), a quien Vance presenta como su contraparte ya que la Academia comparte el predio con la Escuela de Guerra que, de corte menos idealista y más militarista, surgiera en tiempos de la Quema.
Mientras tanto, se están llevando a cabo negociaciones para volver a incluir a los betazoides en la renovada Federación, algo que se ve complicado porque, después de la Quema y de quedar expuestos a los Venari, estos han construido a su alrededor un muro psiónico de aislamiento. Emrin Sadal (Anthony Natale), presidente de Betazed, es de hecho un reconocido aislacionista y está llegando a San Francisco para participar en las conversaciones, pero pinta hueso duro de roer.
Caleb sigue teniendo discusiones con Darem, a quien, para colmo de males, han puesto en su habitación. Amén de ello, tres veces ha sido reprendido por hackear los sistemas de seguridad para salir de la sede la Academia, no obstante lo cual lo sigue haciendo y, en su cuarto intento, se encuentra con una muchacha con la cual hay atracción mutua y de quien luego sabrá que es Lady Tarima (Zoë Steiner), la hija del presidente Sadal.

A pesar de los esfuerzos de Vance o de Ake, acordar con este último está harto difícil, pues se mantiene en que ya una vez quedó su mundo expuesto a los Venari por errores de la Federación y no quiere que su mundo pase nuevamente por lo mismo. Los encuentros entre Caleb y Tarima, no obstante, se siguen produciendo: ambos se sienten a su modo prisioneros y cuando él le pregunta qué hacía al otro lado de la valla, ella responde que intentaba ver una ballena jorobada.
En claro guiño a Star Trek IV, Caleb la lleva al acuario bajo el predio y le enseña una, dejándola obnubilada. Él le dice que la galaxia está llena de maravillas para ser descubiertas, lo cual no es posible viviendo en el aislamiento. Le comenta además de la búsqueda de su madre y del asteroide Doja 5, por lo cual la joven le da acceso a los registros betazoides y puede Caleb comprobar que allí sí existe el mismo. Sin embargo, el encanto se romperá más tarde cuando ella, equivocada por cierto, caiga en la cuenta de que él la está utilizando solo para que la Federación logre entrar en la zona betaziode.
En una velada de gala que incluye función de ópera (Fidelio, de Beethoven) a cargo, desde luego, del Doctor , Vance y Ake vuelven a encontrarse con Sadal y cuando le ponen al tanto de que la Federación está queriendo volver a erigir su capital en París como antaño, este ironiza con que “algunas cosas no han cambiado” y solo ofrecen palabras en lugar de acciones.
Previo a la negociación final , Caleb lleva aparte a Tarima para pedirle perdón por haberle ocultado datos y le deja en claro que sus sentimientos son verdaderos. Comenzada la sesión, Vance hace la oferta definitiva a Sadal y el plato fuerte es la propuesta de instalar la capital de la Federacion en Betazed, lo cual conmueve al mandatario que termina aceptando con un apretón de manos y todos en paz.
El capítulo termina con Caleb ayudando a Darem a armar la cama, pero resulta que ahora se ha sumado un tercero, bastante cargoso por cierto, que es el hermano de Tarima. Y cuando Caleb le pregunta por ella, este le anoticia, para su sorpresa, que la muchacha se inscribió en la Escuela de Guerra…
Por otra parte, y ahora que la Federación tiene acceso a los registros betazoides, Nahla informa a Caleb que su madre ya no está en Doja 5 y han hallado pistas de su siguiente destino…
Balance de los dos Primeros Episodios
Y se largó finalmente Starfleet Academy. La expectativa era alta considerando que Star Trek: Strange New Worlds (aquí los análisis de un servidor) había no solo dejado el listón alto sino además quedado como única serie de la franquicia en emisión y con fecha límite pues, si bien aún no ha sido estrenada la cuarta temporada, la quinta y última ya está rodada y se impone tácitamente la necesidad de que alguien tome la posta dentro de poco.
¿Es Starfleet Academy el producto ideal para ello? Vistos estos dos primeros capítulos, es aventurado decirlo, pero debo admitir que la esperaba peor. Y no por prejuicio a las estudiantinas o a las series adolescentes que, de hecho, me encantan y cada tanto estoy analizando alguna en esta web, sino porque la sensación era que ese formato no cuadraba demasiado a la franquicia.
Pero, con todas sus imperfecciones, no se puede decir que haya sido un mal comienzo y el llevar la historia aún más adelante en el tiempo es, desde luego, un hábil truco para desprenderse un poco del canon y el escrutinio de los fans, pues siempre está la posibilidad de escudarse en que hayan ocurrido cosas entremedio. Ya STD había echado mano de ese recurso a partir de su tercera temporada y no es casual que esta serie le haga de spin-off, aunque lo paradójico es que los puentes son pocos y, por lo menos hasta aquí, no van más allá de la Quema o de algún personaje repetido. Pero también eso tiene sentido…
Como ya hemos dicho y estaba anunciado, esta es una serie juvenil y no solo porque sus personajes sean jóvenes sino porque apunta a una franja de esa edad. Es lógico y esperable entonces el intento por contar una historia nueva que no requiera demasiado visionado previo de nada y se pueda seguir de manera autónoma. Pero a la vez, los responsables saben que no pueden darse el lujo de perder al público histórico de la franquicia y a ello responden los guiños que remiten prácticamente a todas las series de la misma.

Es emocionante, en ese sentido, ver otra vez al Doctor, a Jett Reno o al almirante Vance, además de algunas otras referencias que ya hemos mencionado, como lo de la ballena jorobada, un gran homenaje a la tripulación de Kirk porque de no ser por ellos, no habría ninguna en el futuro. Pero no pasan justamente de guiños; están allí para nostalgia del fan, pero no se articulan con la trama y es entendible si se quiere captar a un público juvenil, misma razón por la que se da lugar central al naciente romance entre Caleb y Tarima que, con sus idas y vueltas, ocupará seguramente buena parte de lo que venga.
También pareciera apuntar en tal sentido el tipo de humor. No es, desde ya, que los toques de comedia sean novedad en la franquicia pero, en este caso (y allí está uno de los puntos débiles), se atiborra la historia con chistes tipo Marvel que no cuadran con el tipo de gag que podíamos encontrar en la serie original, en TNG, en STV, en DS9 o en SNW, por ejemplo. Mucho menos con el humor irreverente de Lower Decks, si están pensando en ello. Y yo que tantas veces me he reídocon los comentarios del Doctor en STV, no he podido aún hacerlo aquí.
La forma de hablar de los cadetes también parece un intento por captar a ese tipo de público y es otro de los elementos que no me convence. No es que nos vayamos a horrorizar por escuchar “bitch” o algún otro término raro en la franquicia, pero sorprende que los jóvenes del siglo XXXII se expresen como los del XXI.
El elenco, en general, está bien y es un lujo tener en la franquicia a una actriz oscarizada como Holly Hunter para dar vida a un capitán ( o canciller) algo diferente y no porque se salte las reglas (varios lo han hecho), sino porque su estilo formal y desenfadado tiene que ver con su carga del pasado en relación a una Flota que, después de todo, ya había abandonado en algún momento y si regresó fue solo por Caleb, con quien tiene una relación que roza lo maternal.
Es lógico pues que Ake no sea una defensora acérrima de las normas a las que ella misma había en su momento renunciado y el conflicto, según se avizora, lo tendrá con Kelrec, quien sí lo es. De hecho y de modo más general, todo indica que veremos una tensión permanente entre la Academia y la Escuela de Guerra.

En cuanto a Paul Giamatti, que no ha ganado Oscar pero sí tenido dos nominaciones y obtenido tres Globos de Oro, entrega también un gran trabajo pero su villano está demasiado caricaturizado y más cerca de Pierre Nodoyuna o Brutus que de Khan o Lore: es más lo que da risa que lo que intimida y, en general, se ve bastante torpe. Si va a ser un villano recurrente, sería interesante que le adosen algo de oscuridad para que sus futuras presentaciones no nos pasen de largo como un mero trámite.
En cuanto a los cadetes, y dejando afuera a Caleb, en quien la serie, al menos de momento, se centra de manera especial y en modo quizás excesivo, todavía no muestran el suficiente desarrollo y doy por sentado que lo harán con el correr de los capítulos, pero pinta interesante y querible Sam, como también Kraag, un klingon sensible más interesado en curar que en matar. Darem da impresión de ser un “matón bueno” y Genesis es de momento un misterio, uno de esos personajes nada raros en la franquicia que, de inicio, esconden de su pasado algo que luego iremos conociendo.
La parte visual es realmente deslumbrante, sin duda uno de los puntos fuertes de la serie. La recreación de la base de la Federación, ya sea en Bajor o en San Francisco, es de primer nivel y se ve muy cinematográfica, lo mismo que el impactante diseño futurista a la vez que retro de las naves (especialmente la Athena) y, en general, los efectos visuales, algo que por suerte viene siendo regla en los últimos productos de la franquicia a nivel series.
La banda sonora de Jeff Russo también cumple con creces y sabe en qué momentos jugar con el leitmotiv histórico o con algún otro repertorio como la mencionada ópera Fidelio o la clásica canción San Francisco que en los sesenta hiciera célebre Scott McKenzie y que suena cuando la tripulación de la Athena se encuentra por primera vez con esa ciudad en vivo y en directo.
En resumen, digamos que el inicio de Starfleet Academy se lleva un aprobado sin sobrarle nada y con muchos problemas para corregir. No nos deja con la boca abierta como lo hiciera por ejemplo el comienzo de SNW, pero hay buen potencial si se lo sabe manejar y no acaba la serie perdiéndose en el romance (que sabemos inevitable) o en chistes innecesarios (que podrían evitarse o al menos mejorarse). Lo visual y lo actoral, por suerte, están a la altura y eso nos da un plus de confianza para esperar lo que venga.
La intención, salta a la vista, es captar a un público nuevo reteniendo también al histórico, lo cual parece un equilibrio difícil. Si lo consiguen o no, lo sabremos con los siguientes capítulos. Por lo pronto, les espero para analizar el tercero.
Larga vida y prosperidad. Sean felices…



