Análisis de The Expanse. Temporada 3. Capítulo 4.

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Bienvenid@s amantes de la ciencia-fiición a un nuevo recap/análisis de The Expanse. Hoy vamos a echarle un vistazo a ‘Recargar’ el cuarto episodio de la tercera temporada en el que nuestros protagonistas tiene un pequeño traspiés al pararse a repostar en su largo viaje hacia IO ¿a quién no le ha pasado antes, eh? Salvando las distancias.

¿Estáis preparados? Pues vamos a ello, pero antes recordad que podéis leer el resto de los análisis de la serie pinchando aquí.

Jóvenes e impulsivos cadetes marcianos, listos para dar la lata

Recargar es un capítulo de esos que ni sobran ni tampoco emocionan demasiado en un principio, pero que acaban teniendo su aquel. Lo que a uno menos le apetece en medio de una trama frenética con guerras y batallas a tutiplén, con niños desaparecidos y villanos necesitados de un fostial bien dado es una parada en el camino, pero cuando no hay gasolina no hay tu tía, y si no que se lo digan a nuestros protagonistas que se ven obligados a saquear los restos de un reciente campo de batalla para poder continuar con su viaje.

Lo inesperado llega cuando en una de las cabinas de carga de la nave que están espoliando se encuentran con un grupo de cadetes marcianos cuyo superior había dejado allí hacinados con intención de salvarles la vida. Holden, siendo muy Holden (algo que veremos varias veces a lo largo de este episodio) los rescata y lleva a bordo de su nave, una acción muy altruista que se torna en peligrosa en cuanto este grupo de pimpollos militares se percata de que nuestros protagonistas no son precisamente el grupo de salvamento que esperaban. Si la cosa no estaba ya bastante al rojo vivo dentro de la Roci, esto era lo que nos faltaba.

Mientras tanto, en las otras partes del sistema solar, diferentes facciones van a lo suyo. Drummer encabeza una flota de salvamento que rescata la Nauvoo en una impresiónate escena protagonizada por drones con motores de antorcha que la dan la vuelta al titánico buque espacial, mientras que en la tierra Anna queda devastada cuando el Secretario Sorrento retuerce y arruina el discurso que habían escrito juntos ante los ojos del planeta entero gracias a la sibilina influencia de un Errinwright que convence a su títere introducir en el discurso una serie de tintes militaristas y anti-marcianos, avivando aún más las llamas de un conflicto que se empieza a tornar apocalíptico.

Si viesemos a Errinwright de frente, se estaría retorciendo el mostacho, como todo buen villano de Opereta.

De vuelta en la Rocinante, el inevitable conflicto estalla cuando la joven escuadra marciana decide amotinarse y reclamar la nave para entregársela de vuelta a su flota, un motín que dura muy poco gracias a su inexperiencia y la oportuna intervención de Bobbie que consigue convencerles de que bajen las armas aludiendo al vínculo que les une. El único que no se alegra de un final tan pacifico es el bueno de Amos, que esperaba encarecidamente un poco de acción. En medio de todo este tejemaneje, Avasarala no pierde oportunidad de poner en marcha su plan para derrotar a Errinwright, convenciendo a un reticente Holden de entregar el mensaje que culpabiliza al subsecretario tanto a uno de los marcianos, a los que devuelven a su flota, como a Anna en la tierra, confiando en que esta sepa lo que hacer con dicha información. Un plan blindado digno de uno de nuestros personajes favoritos de la serie.

Para terminar, el capítulo nos lleva a IO donde Strickland sigue experimentando con el pobre Katoa incluso a espaldas de Mao, que parecía haber tenido un ataque de conciencia y quería llevarse a los niños de vuelta con el a la tierra, un ataque que dura poco cuando descubre (de una forma bastante desagradable que implica vísceras humanas desparramadas por el suelo) que Katoa está en contacto con el resto de la protomolécula y que podría resultar ser la clave para entenderla. Vaya un típo caprichoso. En todo caso, el reloj de arena vuelve a ponerse en marcha para la pobre Mei, que podría ser la próxima si el asunto de Katoa no sale bien.

VALORACIÓN

El pobre Katoa hace algo horrible bajo el influjo de la Protomolécula.

Recargar podría considerarse un capítulo de transición y el más flojo de lo que llevamos de temporada, si bien es cierto que alguna de las tramas avanza de forma periférica, lo cierto es que el conflicto principal podría considerarse ‘de relleno’. Por suerte la tensión de las escenas de acción y algunos de los excelentes efectos especiales (como la parte con Drummer, la Nauvoo y los drones, así como las escenas en gravedad cero) nos recuerdan la gran calidad técnica de la serie y salvan un poco los papeles. Y hablando de esa escena también indicar que el soundtrack de Clinton Shorter, del que no hablamos mucho por aquí, destaca bastante durante este capítulo y temporada en general que está que se sale en el apartado sonoro. Poco más que decir sobre este episodio teniendo en cuenta que las interpretaciones siguen en el nivel habitual tanto para bien como para mal, en fin, un capítulo de transición con algún que otro momento interesante pero que no volará la cabeza a nadie.

 



el autor

Graduado en Estudios Ingleses por la Universidad Autónoma de Madrid. Aficionado a la literatura, el arte, el cine y el mundo de los videojuegos, con una especial predilección por el género de ciencia ficción en todos los medios.

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