Ganar y perder con el cambio

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Toda película resulta de la combinación de una dirección, una fotografía concreta, unas interpretaciones, un guión, una banda sonora y un montaje, el elemento más puramente cinematográfico, el que le diferencia drásticamente del teatro. Sin embargo, en esencia, toda película es una historia. Y, como tal, toda película busca ofrecernos un mensaje universal a través de un ejemplo concreto.

Entras con un grupo de amigos en un bar. O vas de viaje a reunirte con tus amigos de la carrera. De repente, l@ ves. Y llegas a una ciudad de la que solo tienes (o quieres tener) buenos recuerdos. Aquella persona con la que pudo o podría ser y no ha sido. Y piensas, aunque solo sea en décimas de segundos, qué habría pasado si estuvieras en dicha ciudad o con esa persona. El deseo de las cosas imposibles. En el fondo, la pregunta es siempre la misma. ¿Y si hubiera tomado esa decisión? 

Algo parecido es lo que le ocurre a Mia Dolan en el final de La la land. Seguramente, también a Sebastian, aunque es algo que solo podemos deducir por su mirada lacónica. El último número musical de la película es, precisamente, un ¿Y si? en estado puro.

Crítica de La la land en Lascosasquenoshacenfelices

Sobre La la land se han vertido ríos de tinta tanto de sus virtudes como de sus defectos, en forma como en contenido. Que si es una película amparada en el individualismo y en el solipsismo que tanto daño está haciendo al siglo XXI, que si Ryan Gosling es un robot creado para dominarnos a todos poniendo siempre la misma expresión y que, encima, su personaje es un pedante… No quiero centrarme en estos detalles para este artículo. Porque La la land es una historia concreta con unos personajes con los que algunos pueden sentirse identificados y otros no pero que, en definitiva, habla de como al cambiar, al tomar decisiones, podemos ganar…pero, sin duda, también dejarnos algo en el camino.

En este sentido, aunque sea una película centrada en dos amantes de una disciplina artística que luchan por sus sueños, muchos podemos sentirnos identificados con ese momento final. Porque cualquier persona que ha tomado una decisión importante siempre deja atrás algo. Y el ser humano, que busca constantemente la felicidad  y que la mayoría de las veces la consigue de forma momentánea, bucea en ese mar de posibilidades. En el hecho de que, para lo bueno y para lo malo, solo tenemos una vida para vivirla y que todas esas decisiones que no se tomaran jamás podrán materializarse.

Es probable que La la land sea una película para millenials en el sentido de que sus personajes únicamente se basan en sus sueños. Solo hablan de su trabajo. Apenas tienen amigos que no se relacionen con el mundo artístico. No hay nada más que les defina que su amor por el arte. Pero la grandeza de la película radica en que el momento final queda a la libre interpretación de cada uno. Está claro que los dos personajes han cambiado. Han conseguido sus sueños. Pero, ¿Son felices? Parece que sí. Mia ha conseguido el éxito profesional y personal. Sebastian ha podido cumplir su sueño profesional. Pero el momento en el que se cruzan, el momento en que él pasa por delante del enorme anuncio publicitario donde aparece ella, indica que siempre quedará esa espinita, esa semilla que nunca crecerá. Para muchos, ambos han ganado. Para otros, habrán perdido. Para mí, las dos cosas a la vez.

Ambos han sido coherentes con su forma de pensar millenials. No trabajar juntos. El compromiso ante sus propios sueños por encima que ante sus relaciones personales. Probablemente, si viajaran atrás en el tiempo como Bill Murray en Atrapado en el tiempo, volverían a hacer lo mismo. Al fin y al cabo, el ¿Y si? de Mia radicaba en que Sebastian se adaptara totalmente a ella. Primero, a París. Luego, ya veremos si montas tu bar. En el fondo, todos queremos eso. Por suerte (aunque haya momentos en los que pensemos que es una desgracia), no somos marionetas y la mayoría de las personas tenemos que amoldarnos entre nosotros para convivir. Por eso, en los cambios, ganamos y perdemos. En todas estas contradicciones radica la grandeza de la vida. Como bien no mostraron los magníficos guionistas de esa obra maestra llamada Del revés, los recuerdos siempre tendrán sentimientos encontrados: alegría y tristeza. Asco y alegría. Miedo e ira.

Begin Again es otra película que habla de cambios, como su propio título indica. Sin embargo, a diferencia de La la land y sus personajes anclados en el pasado y en la nostalgia, Begin Again mira hacia el futuro. No hablo de que una película sea mejor o peor (La la land está más conseguida), solo reflejar dos puntos de vista. Al final, cuando uno echa la vista atrás, puede tender a pensar que solo se vive una vez y que ha desperdiciado su vida por sus decisiones. Por mi parte, solo deciros que eso no es del todo cierto. Solo se muere una vez, y vivimos todos los días.

Un saludo y sed felices!



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el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

2 comentarios

  1. No estoy de acuerdo en tu perspectiva sobre La La Land; creo que está bastante forzada y segmentada para que te queden unos bonitos y melancólicos párrafos; un sobreanálisis de algo que no hay para ver lo que tú quieres ver, PERO, me has hecho descargarme y ver Begin Again para comparar y me ha gustado mucho, con muchas cosas en común y las diferencias que tú señalas.

    • Fernando Vílchez el

      Para gustos colores. En esto, entre otras cosas, radica la grandeza del cine: en que una determinada escena o película puede despertar sentimientos diferentes en unos y en otros. Me alegro que te haya gustado Begin Again. Es una película similar a La La Land, con unos personajes más naturales y un enfoque más positivo.

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