Inicio series Las series que nos hacen felices Análisis de The Last Kingdom. Temporada 4. Capítulos 1 al 5

Análisis de The Last Kingdom. Temporada 4. Capítulos 1 al 5

Iniciamos el recorrido por esta cuarta temporada de The Last Kingdom, drama histórico nacido en la BBC y luego adquirido por Netflix que, inspirado en la saga de novelas de Bernard Cornwell, recrea las andanzas de Uhtred de Bebbanburg en tiempos de invasiones normandas a las islas británicas.

Habiendo hecho hace unos días la reseña de las tres primeras temporadas a efectos de refrescar nuestra memoria, pasamos ahora a analizar y resumir esta cuarta temporada que mantiene bien alto el nivel mostrado por la serie hasta aquí. Al igual que viene ocurriendo desde sus inicios, hay una fuerte apuesta por la ambientación histórica, la excelsa fotografía (una constante en las series británicas) y los magníficos escenarios (está rodada en Hungría).
La historia, por supuesto, sigue poniendo en primer lugar las aventuras y desventuras de Uhtred de Bebbanburg (Alexander Dreymon), personaje que, como hemos dicho en otra reseña, tiene fuerte base histórica aun cuando filtrado por las novelas de Bernard Cornwell en las que la serie se basa. La suya es una historia de traiciones, desengaños y permanentes cambios de bando, algo que hoy nos puede sonar chocante, pero que resiste la evidencia histórica cuando vemos con qué facilidad, en aquellos años (siglo X), se hacían y deshacían alianzas según necesidad y conveniencia.

Aun así, The Last Kingdom acierta al jugar también en la trama con las pasiones, miedos y decepciones. Como dijera el gran historiador británico Eric Hobsbawm, “la economía no es una especie de ventrílocuo cuyo muñeco es el resto de la historia“: no son pocas las oportunidades en que vemos a los personajes hacer algo que, a nuestros ojos y a primera vista, no parece lógico ni conveniente.
Es interesante también el enfoque sobre las mujeres, el cual, lejos de encajar con calzador en los estándares de la corrección política, se nutre más bien y hasta en contraposición a ellos, de las investigaciones históricas de las últimas décadas, según las cuales y, contrariamente a la difundida visión de su rol totalmente subalterno y pasivo en la edad media, las mujeres tuvieron peso en la toma de decisiones y, en todo caso, su influencia se hizo sentir de un modo diferente que puede escapar al ojo prejuicioso o desprevenido. Otras excelentes series como Los Tudor o Black Sails han sabido también captar esa importante y a veces invisible presencia femenina en la política de épocas posteriores. La cuestión, claro, como dirían los Thundercats, está en ver más allá de lo evidente y sin la prejuiciosa lectura del anacronismo que todo lo nubla.
Las mujeres que han tomado protagonismo en esta cuarta temporada son, sin duda, Etelfleda (Millie Brady) y Aelswitha (Eliza Butterworth), respectivamente hermana y esposa de Eduardo (Timothy Innes), rey de Wessex, quienes tienen decisivo peso en las intrigas políticas y hasta sus propios móviles; al igual que los hombres de esta historia, también podrán a veces tomar decisiones torpes o impulsivas que pondrán en riesgo sus objetivos.

Aelswitha, quien nos parecía un personaje altamente despreciable hacia el final de la temporada anterior, no es que ahora nos caiga simpática, pero la entendemos algo más y, al igual que ocurre con los personajes de esta historia, también nosotros como espectadores, celebramos alianzas esporádicas con uno u otro personaje. Aun sentados cómodamente en nuestro sillón, no nos comportamos muy diferente a quienes, en pantalla, vemos cambiar de bando todo el tiempo.
Siguiendo con las mujeres, mantiene también fuerte presencia Brida (Emily Cox): aquella niña sajona que, al igual que Uhtred, fuera esclavizada y a la postre criada por los daneses como una más de ellos y que, a diferencia de él, se ha mantenido, sin tantas idas y vueltas, más fiel a su herencia cultural que a la genética. A comparación de temporadas anteriores, se la ve más cruel y vengativa; allí hay otro punto a destacar frente a la compulsiva corrección política actual: las mujeres de esta historia pueden ser tan sanguinarias como los hombres y no les van en zaga.
Por último, en esta cuarta temporada toman más protagonismo los hijos de Uhtred, esos que ha ido desperdigando por allí y de los cuales hemos perdido el rastro: Uhtred (Finn Elliot), de idéntico nombre que su padre, y Stiorra (Ruby Hartley). Ambos, de alguna forma, representan los polos de su propia ambivalencia: uno, alejado de toda tradición guerrera y formado en un cristianismo practicante; la otra, aferrada a sus dioses nórdicos y ansiosa por sostener una espada.

Punto interesante en la serie es que los lugares aparezcan mencionados con ambos nombres: antiguos y modernos, sajones y normandos: así es, como, por ejemplo, una leyenda en la pantalla nos anuncia que estamos en Wintanceaster para que, rápidamente, las letras se reordenen para formar Winchester. No entiendo por qué en el guión se utilizan las designaciones modernas y no las viejas; supongo que primará una cuestión de comodidad para el espectador o bien de recurrir a nombres más cortos. Y es que tanto la toponimia como los nombres de las personas pueden, a veces, provocarnos algo de dolor de cabeza hasta que logramos organizarnos: queda claro que en esa época no sólo muchos se llamaban de manera idéntica (incluso hay muchos nombres repetidos con la serie Vikingos) o semejante (al menos a nuestros oídos). A ello hay que sumar las traducciones que crean alguna diferencia entre guión original, subtitulado y doblaje o cambian incluso según la temporada: una misma persona, según qué temporada estemos viendo o en qué modalidad, puede aparecer designada como Ethelfled, Aethelfled o Etelfleda. No se acobarden: uno se va acostumbrando y no es nada que no se pueda manejar.
Pasemos, ahora sí, a hablar de esta cuarta temporada, advirtiendo a quienes no la hayan visto que no sigan leyendo, pues SE VIENEN MUCHOS SPOILERS DE LA TRAMA.

Regreso a Bebbangurg.

Temporada de conflictos cruzados. Uhtred está queriendo recuperar sus derechos sobre Bebbanburg, aquellos alguna vez usurpados por su tío Aelfric. Buscando organizar una partida de hombres armados para recuperar el castillo, pide ayuda al rey Eduardo, quien gobierna Wessex desde la muerte de su padre Alfred. Para su sorpresa y decepción, éste se la niega: Eduardo ya no es quien era, sino que ahora es prácticamente un títere de su suegro Lord Ethelhelm.

Ello molesta mucho a su madre Aelswitha, quien, en plan inesperado, sale a la búsqueda de un hijo que Eduardo tuvo de un matrimonio anterior clandestino y ya deshecho: el mismo se halla enclaustrado en un convento y es un niño de talante triste al que, cuando se le pregunta su nombre, responde siempre “no soy nadie“. El plan de Aelswitha consiste en buscar la forma de restablecerlo en la línea dinástica para así reducir la influencia de su consuegro.
Uhtred realiza su expedición militar con lo que puede: apenas una treintena de hombres, entre ellos sus fieles amigos Finan, Osferth y Sihtric, así como su viejo maestro de infancia, el padre Beocca, quien, habiéndose negado en principio por su avanzada edad, termina acompañándolo para huir del clima hostil en su contra que hay en Wessex. El reclutamiento más sorpresivo y casi compulsivo es el ya del mencionado hijo de Uhtred, quien se ha criado alejado de su ámbito y hasta le desprecia, habiendo abrazado la fe cristiana y estando en camino de ordenarse sacerdote.

Lo que alienta a Uhtred a intentar el cerco de Bebbanburg es que su tío viene debilitado por reiterados ataques escoceses que lo han dejado con poca gente para defender el castillo. Desconoce, no obstante, que Wihtgar, hijo de Aelfric y, por lo tanto, primo suyo, ha llegado a Bebbanburg al frente de cincuenta hombres armados para sumar ante otro posible ataque escocés. Ello hace que la incursión termine mal: Uhtred logra infiltrar a su hijo junto a dos monjes y, recibiendo aviso desde dentro, levantar la cancela para entrar con los suyos, pero el enfrentamiento termina siendo desequilibrado por las fuerzas de Wihtgar, con las cuales no contaba. Es más: para su sorpresa, éste, con un disparo de ballesta, mata a su propio padre, dejando así en claro que vino a apropiarse de Bebbanburg y no a defenderlo; intenta luego hacer lo propio con el hijo de Uhtred, pero quien termina muerto es Beocca, que se interpone salvándole la vida: Uhtred, destrozado, estalla en furia. La escaramuza le termina resultando adversa y, vencido, debe escapar junto a los sobrevivientes en su ya maltrecho barco y hasta teniendo, luego, que sobrevivir a un naufragio.

Noticias de Mercia.

En Mercia, donde gobierna el vanidoso y cretino Etelredo, su comandante Aerdwulf ha traído noticias de que Cnut, el rey danés que controla Anglia del Este, se está dirigiendo con sus fuerzas hacia Irlanda en auxilio de un primo suyo y dejando su reino desprotegido. Ello es, a ojos de Etelredo, una excelente oportunidad para invadir Anglia y enrostrarle a Eduardo su verdadera autoridad como líder en la alianza entre Mercia y Wessex. Así, las tropas entran en Anglia devastando todo y sin prejuicio de dejar tras su paso miles de muertes inocentes, pero en medio de la algarabía triunfalista, Aerdwulf recibe noticias de que Cnut los ha engañado difundiendo información falsa: no ha ido a Irlanda sino a la propia Mercia que ellos han dejado desprotegida y, de hecho, está dejando a su paso un reguero de muerte aun peor que el que ellos están provocando en Anglia.

La noticia devasta a Aerdwulf, quien es un noble cuya familia viene de perder honores y propiedades que ansía recuperar con una exitosa campaña sobre Anglia e incluso entrega a su propia hermana Aedith como amante al rey: si éste se entera de lo que está pasando en Mercia, ello puede ser su fin. Intenta, en un primer momento, que el dato no le llegue y hasta mata al mensajero, pero su hermana le convence del sinsentido de ocultar algo de lo que, a la larga, Etelredo se terminará enterando . Termina entonces por decírselo y, tal como preveía, estalla en furia contra él y hasta anuncia que lo hará castrar públicamente una vez recuperado el control de una Mercia a la cual, ahora, urge regresar.
En Wessex, la noticia también causa revuelo. Tanto Aelswitha como Etelfleda son partidarias de enviar tropas hacia Mercia para defender a un reino aliado del cual, una es oriunda y la otra reina consorte al ser esposa de Etelredo. Sin embargo, Eduardo, siempre bajo consejo del ambicioso Ethelhelm, no apoya la idea sino que prefiere que las fuerzas permanezcan en Wessex ante una posible invasión danesa.
El triste papel que viene tomando Eduardo hace que su hermana y su madre se muevan por su cuenta. Etelfleda, de incógnito, sale de Winchester y se dirige a Mercia con el objeto de reunir milicias en un paraje denominado Tettenhall. Aelswitha, en tanto, ha enviado como mensajero al padre Pyrlig para entrevistarse con Hywel, rey de Gales, y conseguir su apoyo; lo logra pero al alto precio de prometerle la totalidad del botín a obtener en una hipotética victoria sobre los daneses.

Masacre en Aegelsberg.

Uhtred y los suyos, ya nuevamente en tierra, se han enterado de los sucesos de Mercia y, de camino hacia el sur y por absoluta casualidad, se cruzan con un pequeño grupo al mando de su viejo rival y conocido Haesten, quien está llevando hacia sitio seguro a dos niños que resultan ser los hijos de Cnut. Viendo en ello una excelente oportunidad para obtener ventaja sobre los daneses, le quita los niños sin demasiada resistencia por parte de Haesten.
Etelfleda, en tanto, ha llegado a Aegelsburg, encontrándose con el desgarrador espectáculo de una ciudad arrasada y sembrada de cuerpos decapitados, muchos de ellos niños.

Cuando Uhtred llega la encuentra realizando ritos funerarios cristianos para los mismos; busca convencerla de salir de allí lo antes posible, pues los daneses, sabiendo de su presencia, podrían enviar a capturarla. Ya es tarde: una partida de hombres se ha apostado frente a las murallas exigiendo la rendición del castillo. En una jugada impactante, Uhtred le muestra a los hijos de Cnut que tiene como rehenes y amenaza con matarlos si no se retira; el comandante danés no lo toma en serio y, entonces, Uhtred arroja desde lo alto el cuerpo, sin cabeza, de quien se supone que es el primogénito de Cnut. Horrorizado, el atacante se ve obligado a irse, pues Uhtred amenaza con matar al otro. En realidad, se trató de un engaño pues lo que dejó caer es el cuerpo decapitado de uno de los niños a los cuales Etelfleda estaba dando cristiano funeral momentos antes.

La batalla de Tettenhall.

Recibida la noticia y ciego de ira ante la supuesta muerte de su primogénito, Cnut mata a su enviado y parte de inmediato para enfrentarse con Uhtred, de quien sabe que, junto a Etelfleda, se dirige a reunirse con las milicias mercias en Tettenhall. Brida, pareja de Cnut tras la muerte de Ragnar e, incluso, embarazada de él (maleficio roto tras haber matado al vidente en la temporada anterior), no está de acuerdo: conoce bien a Uhtred y sabe que bien puede ser una artimaña para hacerlo ir allí. Razón no le falta.

Llegado a Tettenhall, un enloquecido Cnut ordena atacar apenas divisa a Uhtred, pero los caballos caen en una trampa cavada en el terreno y la lucha comienza a definirse en su contra. En una batalla digna de Tolkien (intervienen cinco ejércitos), llegan para sumarse las fuerzas de Etelredo, regresadas de Anglia, así como las del rey de Gales, quien respondió a la convocatoria de Aelswitha, y las de Wessex, al mando de un Eduardo que, desobedecido por sus propias madre y hermana, teme quedar como imbécil si ellas se acreditan una victoria sin su presencia.

Durante el combate, Aerdwulf salva la vida de Eduardo, en tanto que Etelredo resulta seriamente herido en la cabeza. Uhtred y Cnut terminan batallando cuerpo a cuerpo y este último, sin advertir la presencia de Brida a sus espaldas, menciona su intervención en la muerte de Ragnar. Es tanta la furia y desazón de Brida que, aun después de haber sido Cnut herido y puesto fuera de combate por Uhtred, termina rematándolo con su espada, no sin que antes se entere que sus hijos siguen vivos. A continuación y a pesar de que Brida ruega a Uhtred que la mate y le permita así entrar al Valhalla, es capturada por los daneses, quienes la llevan como parte del botín de guerra.

A pesar de la victoria, Etelfleda y Aelswitha terminan detenidas por desobediencia al rey, en una inconsulta decisión de Ethelhelm de la cual Eduardo nada sabe.

Lucha por la Sucesión.

La herida de Etelredo le augura un cercano final, por lo que los regidores comienzan a debatir la sucesión. Eduardo, temiendo que asuma alguien que ponga en peligro la alianza entre Wessex y Mercia, busca arreglar matrimonio entre su sobrina Aelfwynn y Aerdwulf. Ella tiene derechos por ser nieta de Alfred y con él se considera en deuda por haberle salvado la vida en batalla. Con ello, busca asegurar la paz en Mercia y, a tal fin, manda buscar a Aelfwynn, quien es aún una niña y que, para protegerla durante los hechos bélicos, ha sido llevada a un paraje rural en Stalwic, quedando al cuidado de dos de los hijos de Uhtred: el ya mencionado y también llamado Uhtred, y Stiorra, adolescente de carácter rebelde que, contrariamente, a su medio hermano, no se ha formado en las tradiciones cristianas sino en las paganas. También con ellos, aunque Eduardo no lo sabe, se encuentra Aethelstan, el hijo bastardo al que ha ocultado y que su madre protege para colocarlo en la línea sucesoria.

Etelredo, en tanto, ha vuelto en sí y, luego de sufrir algunas lagunas en su memoria que hicieron sentir alivio a Eardwulf, comienza a recordar los pormenores de lo sucedido e, inclusive, la triste participación de este último en la decisión de invadir Anglia y desproteger Mercia. Apenas comienza a recordarlo, Eardwulf le da muerte, fingiendo que se ha vuelto a abrir su herida. La escena es presenciada por su hermana Aedith, quien, horrorizada, se las arregla para liberar a Etelfleda de su encierro pues no quiere que su hermano termine gobernando Mercia.
Antes de partir, Etelfleda le encarga ir en busca de Uhtred para pedirle que rescate a Aelfwynn antes que lleguen a ella los enviados de su hermano.

Balance Parcial.

Con lo visto hasta aquí y aun considerando el alto nivel de anteriores temporadas, sobre todo de la tercera, creo que estamos ante la mejor hasta el momento. La trama de intriga política ha tomado un alto vuelo, por momentos a la altura de las mejores épocas de Game of Thrones. Cada episodio nos lleva a devorar el siguiente.
Las actuaciones están cada vez más sólidas. Una pena la muerte del padre Beocca: vamos a extrañar a quien fue, sin duda, uno de los personajes más logrados de toda la serie tanto por desarrollo como por el soberbio trabajo de Ian Hart.

Etelredo sigue siendo el personaje más liso de toda la historia, quizás un villano al que le faltaron matices pero… en fin: ya no tendremos que verlo de todas formas. Eliza Butterwoth está fantástica en el papel de Lady Aelswitha y los hijos de Uhtred se revelan como personajes interesantes que seguiremos descubriendo en próximos episodios.
De momento, el balance de esta primera mitad de temporada es altamente positivo. En pocos días más, les estaré dejando mis impresiones sobre la segunda.

Gracias por llegar leyendo hasta aquí; espero que les haya gustado el artículo: si es así, lean el próximo y sino también porque procuraré hacerlo mejor, je…
¡Que estén bien! Cuídense y hasta la próxima…

 

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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