InicioSeriesAnálisis de The Walking Dead: Daryl Dixon. Temporada 3. Episodio 5

Análisis de The Walking Dead: Daryl Dixon. Temporada 3. Episodio 5

Ya quedan solo dos episodios para concluir la tercera temporada de The Walking Dead: Daryl Dixon y analizamos el quinto, cuyo título es Limbo. Creada por David Zabel, la serie es emitida por AMC+.

Hola otra vez, caminantes y sobrevivientes. Bienvenidos sean a un nuevo análisis de The Walking Dead: Daryl Dixon, en este caso correspondiente al quinto episodio de esta tercera temporada que, dirigido por el español Paco Cabezas (Miércoles, Penny Dreadful) marca definitivamente el tono de western spaghetti que se venía sugiriendo desde el inicio de la misma. A la par, las cosas pintan complicadas en Solaz del Mar y Daryl emprende camino a Barcelona, pero se cruza en su camino con una colonia de leprosos y una banda de forajidos que roban agua y se mueven en un tren tirado por zombies.

Pero pasemos mejor a ver ya mismo qué nos ha dejado el capítulo no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden en esta web echar ojo a los análisis previos, tanto de esta como de las demás series de la franquicia.

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Caminos Separados

Habíamos dejado a Daryl, Carol y Antonio siguiendo el rastro de Roberto y del convoy que se llevó a Justina. Daryl interpreta que en determinado momento los caminos se separaron y, en efecto, uno de ellos termina conduciéndoles a Roberto, a quien encuentran maltrecho y pendiendo de un puente sobre una hambrienta masa de caminantes mientras sus captores están a punto de cortar la cuerda y dejarle caer.

Por suerte, la oportuna intervención de Daryl con ayuda de Carol (vaya que llegaron a tiempo) acaba con forajidos y zombies para descolgarlo y su padre descubre con alivio que aún respira, aunque no se le ve nada bien. Desfalleciente y antes de perder el sentido, alcanza a decirles que llegó a rescatar a Justina del campamento de los del Alcázar, pero estos salieron a perseguirles y terminaron recapturándola.

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La mayor sorpresa, sin embargo, llega cuando les anoticia de que ella no se entregó como voluntaria para la Ofrenda, sino que fue entregada por Federico tras haber la joven descubierto que él venía amañando año a año la ceremonia para que no fuera elegida y amenazado con delatarle a menos que suspenda el ritual. Creo que estamos de acuerdo en que lo que hace Federico es injusto, pero también en que ella es algo desagradecida, ¿verdad? Además de tontamente suicida…

Los caminos se bifurcan. Antonio quiere regresar a Solaz del Mar, donde Roberto puede ser atendido con medicina llevada allí por el Alcázar, pero Daryl, cambiando la postura de no involucrarse que venía manteniendo, prefiere ir tras los que se llevaron a Justina. Al preguntar por su posible rumbo, Antonio manifiesta que muy posiblemente se dirijan a Barcelona, donde los del Alcázar suelen hacer parada.

Carol, desde luego, quiere acompañarlo, pero él dice que se moverá mejor solo y, además, Antonio y Roberto la necesitan. Les recomienda, por seguridad, no contar a su regreso nada de lo dicho por el joven, pues es preferible que Federico crea que no lo saben…

El Pueblo de los Leprosos

Emprendiendo pues su camino en moto a través del páramo, Daryl se encuentra con un anciano de ojos sangrantes que le suplica agua, pero la cosa se complica y debe quitarle la cantimplora cuando pretende empinarla completa, situación que, más avanzado el capítulo, será replicada por el propio Daryl cuando le toque estar igual de sediento. Viendo a los buitres revolotear en lo alto (o quizás solo oyendo, pues no termina de quedar en claro si está ciego), el hombre manifiesta al americano que los quebrantahuesos están esperándole y él será el próximo…

Retomando su camino, Daryl se cruza con el extraño y grotesco espectáculo un tren tirado por zombies, los cuales, atados al primero de los vagones, van siguiendo a un jinete que abre la marcha mientras canta con su guitarra.

No es asunto suyo y decide seguir, pero es visto desde el tren por un matón que le pasa el binocular a su líder que, con bata de leopardo, es sacado por un momento de la bañera que comparte con una muchacha. Al ver a Daryl desde lo lejos, dice querer la moto y tres motociclistas salen tras él en cinematográfica persecución que, sin embargo, se termina resolviendo de modo algo confuso…

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En lo que es prácticamente un duelo mano a mano con el principal de ellos y mientras no sabemos dónde diablos están los otros, Daryl logra herirle en un brazo y dejarle el tanque chorreando combustible pero, sin embargo, no sabemos qué pasa con él o cómo logra escabullirse en un terreno descampado que es pura aridez por donde se mire, como tampoco por qué dejó abandonada la moto si en ningún momento vimos que hubieran acertado a la misma disparo alguno.

Sea como sea, Daryl sigue camino por un desértico paisaje solo interrumpido por esqueletos calcinados mientras los buitres le bailan en lo alto. Llegada la noche, desfallece de sed mientras se le cruzan visiones que lo retrotraen a sus traumas de infancia. Un grupo de harapientos con la piel recubierta de nódulos le hacen poner en guardia al acercársele, pero no muestran malas intenciones y, por el contrario, le saludan amablemente…

Le llevan hasta su comunidad, la cual se halla en las ruinas de una ciudad destruida e iluminada por fogatas (se trata del pueblo viejo de Belchite, destruido durante la Guerra Civil Española) y allí Mateo (Luis Bondia) le ofrece agua, pero quiere más y la líder Amaia (Nansi Nsue) le pone severo límite pues la que tienen, explica, es poca y para todos.

Le anotician de que son una comunidad de leprosos que se instaló allí por no tener dónde ir, pues no eran para la sociedad ni vivos ni muertos: “limbos” como se llaman a sí mismos. La única no afectada es Amaia, quien al parecer no se contagia o al menos no sin un contacto prolongado. En cuanto al agua, le muestran su cisterna vacía por obra de los Buitres, nombre que dan a la banda del tren con la que él se cruzara antes y que, al quitársela, han condenando al pueblo a una muerte segura en cuatro o cinco días.

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Él manifiesta su necesidad de seguir camino hacia Barcelona y le muestran una vieja camioneta desvencijada con la cual puede quedarse si les ayuda a recuperar el agua. Amaia no confía en que cumpla su palabra, pero Mateo sí y tampoco es que tengan muchas alternativas, así que llegan a un acuerdo…

En este punto tenemos otra vez una secuencia algo confusa. Daryl instruye a los pobladores para reunir cuerdas, cadenas y clavos a los fines de organizar una defensa pues, según dice, solo cuenta con cuatro balas. Tras expresarle Amaia una vez más su escepticismo con respecto a su regreso, sale con la camioneta al desierto y, mientras consulta un mapa, ve por el espejo retrovisor que el grupo de matones motociclistas le viene a la zaga.

Echa pues a andar a toda velocidad y, por alguna razón, acaba otra vez en el pueblo cuando se suponía que llevaba rumbo contrario. Una vez allí, los pobladores ayudan a que los bandoleros caigan en las trampas preparadas en tanto que él se encarga de eliminarlos uno a uno mientras una niña cuenta las balas haciendo marcas en el suelo. Al líder, no obstante y una vez más, no logra matarlo y ello genera un duelo final en el cual este, algo torpemente, se le viene a la carga con una lanza coronada en triple sierra y Daryl termina haciéndole caer de su “montura” tras rebanarle al paso su cuello con machete.

Batalla por el Agua

Daryl va entonces en busca del tren, trepándose a lo alto de los vagones y encargándose de los tipos que los Buitres tienen allí apostados, además de soltar la cadena que mantiene atados a los zombies que ofician de bestias de carga y que quedan de ese modo liberados, siendo su primera víctima el sujeto de la guitarra, cuyo caballo, no obstante, logra escapar en claro contraste con aquella icónica escena ecuestre del inicio de la franquicia con Rick en Atlanta hace ya quince años.

En el vagón que comparte entre lujos con amante y reptiles, el líder de los Buitres entra en pánico al ver a sus matones colgar al otro lado de las ventanillas entre una marea de brazos zombies, por lo cual, aterrado, se hace de una ametralladora.

En ese momento y a través de un cristal hace su ingreso Daryl Dixon, recibido por una feroz descarga que no llega a destino porque alcanza a ocultarse. De todas formas y ya para esa altura, cada uno de ellos es el menor problema para el otro porque los caminantes están invadiendo el vagón y ello obliga a olvidar diferencias y aunar fuerzas a los fines de eliminarlos.

Una vez que lo hacen y se hallan frente a frente, vuelven a ser rivales pero el líder de los Buitres ya no tiene balas. En un intento desesperado, busca hacerse de un fusil de asalto, pero Daryl es más rápido y lo sumerge en su propia tina hasta ahogarlo, muerte por demás alegórica para quien tan impunemente se apropió del agua de los demás. Y el tiro final en la cabeza para que ya nunca despierte se lo propina con el fusil del que antes intentara hacerse…

Ahora la colonia de leprosos vuelve a tener su agua y están por demás agradecidos, tal como se lo manifiestan a Daryl al partir este en su recuperada moto. La niña que contaba las balas se le acerca para regalarle su vaso y se presenta como Rosa (India Soria). Él lo toma con agradecimiento o, al menos, tanto como sabemos que Daryl Dixon es capaz de expresar y, antes de marcharse, dice que su nombre a la niña, quien lo repite trabajosamente, pero bien…

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El Vino de Galicia

Carol y Antonio, entretanto, han regresado a Solaz del Mar llevando a Roberto, quien es confiado a los cuidados de Marga (Yasmine Othman) con artes curativas que rozan la brujería. Tal como Daryl sugiriera, nada dicen a Federico sobre el Alcázar sino que mienten con que le han rescatado de los Primitivos, llamando la atención del líder que no le hayan directamente matado. Y cuando pregunta por Daryl, le mienten una vez más diciendo que ha decidido quedarse en el barco de la playa.

Una vez que Federico se aleja, Paz pregunta a Carol y Antonio si quienes tenían a Roberto eran los del Alcázar, respuesta que da por obvia. Carol está a punto de mentirle, pero Antonio la tranquiliza con que se puede confiar en ella y le dice la verdad.

Valentina, en tanto, llega para lo que ella misma llama su visita anual junto a sus dos compañeros, lo que hace presumir que ha reemplazado a uno porque, hasta donde recordamos, Cooper había muerto. Hablando en privado con Carol, admite haberse equivocado al presumir su relación con Daryl, pues ahora se da cuenta de que “en Galicia sienta mejor el vino local”, dejando así entrever que advierte que hay algo con Antonio. Carol sonríe y nada niega, aunque le dice que es una “vieja cachonda”.

Pero confirmando esas suposiciones, ofrece luego en privado a Antonio acompañarles en su viaje a América pues Ohio, dice, no será Barcelona, pero sí un lugar que podría aprender a querer. Él dice pertenecer a su tierra y ya haber intentado sin éxito empezar de nuevo en otro sitio, pero no da respuesta definitiva y, en cambio, desvía el tema…

Marga, en tanto y mientras atiende a Roberto, descubre en el cuello de este la brújula que en su momento regalara a Justina, lo cual delata a las claras que sí se encontró con ella. Poniendo al tanto a su hijo Federico, este parece desdeñar el asunto pero luego, habiéndose ella marchado, da orden de ir a la playa a chequear que “el americano” esté realmente en el barco…

Balance del Episodio

¿Recuerdan cuando Antonio, en el segundo capítulo y respondiendo a la curiosidad de Carol sobre un póster de la película Adiós Gringo, dijera que se trataba de un filme “terrible, pero encantador”? Pues es exactamente la sensación que me ha dejado el episodio que hoy nos toca analizar y que, por cierto, ha rendido homenaje al western spaghetti de modo mucho más evidente y decidido que las esporádicas pinceladas que nos venía hasta ahora dando la temporada.

Y así como aquellos filmes tenían sus fallos, hay que decir que este capítulo ha sido magnífico en la estética y el homenaje, pero lleno de problemas de edición que en otro contexto lo hubieran llevado al desastre

No sabemos cómo Daryl perdió su moto ni logró escapar a pie de sus motorizados perseguidores sin lugares a la vista donde ocultarse. Tampoco cómo los mismos terminaron en Solaz del Mar cuando se suponía que lo perseguían en sentido contrario. Ni por qué Federico afirma tan seguro que los Primitivos habrían matado a Roberto cuando en la entrega anterior dijera que hasta el ataque les había tenido más como habladuría que como realidad. ¿En qué momento aprendió tanto sobre ellos? Y ya hemos hablado del reconstituido triángulo poliamor de Valentina…

Me gustaría poder decir que todos esos fallos son también una forma de rendir homenaje al western spaghetti, pero no parece así ni creo que debamos buscar intención deliberada donde no la hay, aunque sí afirmar que las referencias al género fueron deliciosas: el desierto, el tren, el duelo y hasta el lagarto en la vía. Solo faltaron los silbidos y las trompetas, en tanto que los caballos (aunque tuvimos igualmente uno) fueron reemplazados por motos y eso dio también al capítulo un toque Mad Max, así como el asalto zombie al convoy de vagones remitió a Train to Busan.

Otro buen punto del episodio es que, al desdoblarse ahora la trama, no desaparecen los personajes de Solaz del Mar que habían ganado desarrollo en el anterior, aunque el costo de ello, por otra parte, sea que Daryl y Carol estén separados nuevamente cuando ya ha quedado largamente demostrado lo bien que funcionan juntos.

Y no sabemos, por cierto, cómo seguirá la historia entre ella y Antonio que, si llegara a aceptar la oferta de acompañarles a América, pondría realmente el triángulo a temperaturas altísimas. Si voy a ser sincero, temo que acabe como la de Isabelle y los guionistas se saquen así un problema de encima.

En definitiva y a pesar de sus fallos, me ha gustado el episodio, aunque debo admitir que seguramente influye en ello mi amor por un género cinematográfico que me trae tan buenos recuerdos y me pega tan fuerte en el corazón. Se nos viene Daryl en Barcelona y si quedaban dudas de que la temporada transcurriera al completo en España, ya no queda ninguna, pues solo restan dos episodios y además, según se dice por allí, la próxima tendrá también acento hispánico.

Por cierto y, aunque el dato sea probablemente muy conocido para quienes viven en España pero quizás no tanto para el resto, es bueno aclarar que Belchite existe y se halla en la provincia de Zaragoza, Aragón, contando al día de hoy con una parte vieja y otra nueva, estando la primera de ambas despoblada y en ruinas por haber sido escenario en los años treinta de una de las más representativas batallas de la Guerra Civil Española.

Les espero para analizar el penúltimo episodio de la temporada. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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