Blend S: El anime que se convirtió en meme

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Maika Sakuranomiya es una estudiante japonesa perteneciente a una familia muy tradicional. Cansada de Japón, se propone buscar un trabajo a media jornada para conseguir dinero y así viajar al extranjero. Sin embargo tiene una pequeña peculiaridad y es que su sonrisa no es precisamente… dulce. Resulta que cada vez que la chica intenta ser amable, la expresión de su rostro presenta todo lo contrario, generando una situación de desconcierto ante los ojos amenazantes de una dulce niña que de repente parece querer matarte. A pesar de su intensa búsqueda no consigue encontrar nada, hasta que por casualidades del destino, caminando por la estación de metro se topa con un alto chico rubio de origen extranjero. En aquel momento ninguno de los dos lo sabía, pero no iba a ser la última vez que se vieran.

Aquel tipo resulta ser el gerente de una extraña cafetería maid, cuya temática es distinta de cualquier otra. En aquel lugar, cada chica interpreta un rol, una personalidad ficticia basada en los personajes del anime. De esta manera, la extraña combinación de amabilidad y bordería de Maika, le brinda la oportunidad de interpretar un rol único a la par que se le presenta la oportunidad de trabajo que tanto desea. Pero… ¿será capaz de comportarse como una sádica para encajar?

Lo que cree que muestra cuando sonríe.

Lo que la gente ve realmente.

Vale, el argumento no es que sea el más profundo de la historia del anime. No es Anohanna desde luego, pero si lo miramos con las lentes correctas, y lo tratamos como lo que es, puede llegar a sorprendernos. Por mi parte, conocí este anime a través de los cientos de parodias de su opening (quizá uno de las mejores hechos y por hacer)

Aunque claro, con esto del anime pasa mucho que se empieza con el meme y te acabas viendo las 4 temporadas, la película y los dos OVAs. Como punto de partida podríamos decir que Blend S es una comedia japonesa estándar. Tiene lollis, tsunderes, situaciones embarazosas, juegos de palabras, y una tensión sexual evidente pero muy inocente. El caso es que en un principio, la premisa de la serie puede dar pie a una pequeña crítica que se desvanece por completo para dejar todo el protagonismo a la comedia. Me estoy refiriendo a las personalidades de las camareras del Café Style. El stuff de esta pequeña cafetería se compone en un principio de tres chicas y dos cocineros. La más veterana en el negocio es Kaho Hinata, una chica rubia y aficionada a los videojuegos que hace el papel de tsundere pero que sin embargo es una chica dulce y amable. Por otro lado Mafuyu Hoshikawa es la mayor de las tres, y sin embargo es la más bajita. Mide 1.30 cm, de modo que es perfecta para el papel de hermana menor, tan típico en el mundo otaku. Su rol, al igual que el de Hinata resulta ser todo lo contrario a su personalidad, pues con 20 años ella es una chica madura, centrada y calmada.

La alternancia entre el dibujo de anime clásico y el chibi es una constante.

Como podéis comprobar el patrón se repite con todos los personajes femeninos. Si se hubiese querido, se podría haber buscado una doble lectura para demostrar que las personalidades de las chicas que realmente trabajan en estos negocios en son ficticias y que muchas veces distancian tanto de la realidad hasta el punto de ser extremos. Pero tampoco podemos pedirle un mensaje de crítica social y concienciación a un anime de lollis. Esta obra reúne una gran cantidad de tópicos del anime para… generar todavía más tópicos. No falta un capítulo en la playa, una clase intensiva de kabedon, o el día en la nieve. Por supuesto el tratamiento de los extranjeros no iba a ser distintos. Es importante recordar que para los japoneses existen solo dos países, Japón y el Extranjero, donde todos somos iguales, altos, rubios y con los ojos azules (hay por ahí un señor bajito con bigote que se sentiría orgulloso). Por lo general, la imagen del gaijing (extranjero) es esta, y Blend S no parece mostrar ningún interés por romper este estereotipo. Dino, el gerente de la cafetería y amor platónico de Maika, vino a Japón desde Italia porque le gustaba mucho el anime. Un italiano de metro noventa, blanquísimo de piel, con rasgos arios y una afición insana al mundo del entrenamiento japonés. Bueno, supongo que es el equivalente al chico bajito, con gafas, buenísimo a nivel académico, genio de la informática y con problemas para socializar que se ve representado en el 90% de las películas en las que aparece un japonés. Ojo por ojo… y A todo gas 3: Tokyo Race nos sentenció a todos los occidentales a ser alemanes pura raza.

Mafuyu maltratando a Dino repetidamente.

Como conclusión es un anime entretenido y divertido. Todo son chistes sobre tópicos y estereotipos que dentro de su contexto de ficción tienen su punto. Entra dentro del estándar del humor japonés, y si te gusta el género desde luego vas a pasar un rato divertido rodeado del personal de Café Style. Aun así, considero que tiene una gran cantidad de buenas ideas que acaban siendo material de relleno para una serie que pasa sin pena ni gloria más allá de los memes:

Smile, Sweet, Sister, Sadistic, Surprise, Service… Seguramente pudo haber sido más de lo que es.



el autor

Filólogo y friki. Defensor a ultranza del videojuego como arte. Adoro Japón con todo lo que ello implica y mi nombre es una falta de ortografía con más sentido de lo que parece.

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