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Crítica de Casa ajena (2020), los vivos pueden aterrorizar más que los muertos.

El cine de terror no solo ha contribuido al disfrute (lo que no deja de ser contradictorio) del espectador, jugando con sus expectativas y sus miedos. También se ha encargado de ser un fascinante vehículo de denuncia social. Ya lo hizo el maestro George A. Romero en la pionera La noche de los muertos vivientes o Wes Craven, aunque la moda reciente la estableció Jordan Peele utilizando terror y humor negro para denunciar el racismo imperante en Estados Unidos. Siguiendo esta tendencia, también vista en la serie Territorio Lovecraft, Netflix estrenó en Halloween Casa ajena, debut en la dirección de Remi Weekes.

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Análisis de Territorio Lovecraft.

El largometraje ha sido una pequeña revolución en el catálogo de Netflix por ser una película que ha aguantado varios días con un 100% de valoración en Rotten Tomatoes, plataforma de críticas de películas por aficionados. ¿Merece esa valoración? ¿Es la mejor película de 2020? Sin duda, no. Pero no deja de ser una película interesante y superior al binomio Déjame Salir- Nosotros del citado Peele.

Casa Ajena cuenta la trágica historia de Rial y Bol, dos inmigrantes ilegales procedentes de Sudán del Sur que llegan a Londres tras haber perdido a su hija en el accidentado viaje. Una vez allí, los servicios sociales les ofrecen una casa en la que advierten presencias extrañas…

La premisa de combinar terror y denuncia social tiene sus riesgos. Son dos géneros tan diferentes que existe la probabilidad de que cada trama vaya por su lado, con objetivos diferentes. Es más, dado que el mensaje de fondo suele ser el social, acaba por darse de lado al aspecto terrorífico. Y esto es lo que ocurre en Casa Ajena.

El mensaje es sencillo: ningún horror sobrenatural es comparable al que pueden provocar los seres humanos. En la primera parte, la pareja hace frente a sus terrores de forma distinta. Rial aborrece a sus propios fantasmas, a los actos que ha cometido para llegar a Inglaterra. Ella no teme a lo sobrenatural porque no se puede comparar a lo que ha sufrido en Sudán. Pero tiene que hacer frente a un país que los acoge a la vez que juzga su identidad cultural. Por otro lado, él vive aterrorizado por los fantasmas porque decide adaptarse ciegamente a su nuevo hogar, negando los actos que ha cometido y exorcizando sus propias raíces.

A medida que avanza la película, la trama abandona su vertiente más terrorífica y se adentra en la aún más horrorosa denuncia social de la inmigración ilegal. La ruptura saca al espectador de la película. Es loable el intento del director de condensar los dos géneros. Pero, al final, Casa ajena aterra poco al espectador que busque una historia de fantasmas e incomoda a los que no se esperaban una trama sobre el problema de la inmigración ilegal.

Pese a lo modesto del guión, con pocas localizaciones y escasos actores en el reparto, Weekes dirige de forma inteligente. Tal vez más convencional en los sustos de la película, pero se nota que lo que le importa es el drama de dos personas a los que se le impone un país y una casa encantada y que ellos aceptan con tal de huir de un hogar lastrado por las guerras tribales. Por ello, las escenas de Rial por la barriada en Londres o todo lo que se relaciona con el viaje a Inglaterra están rodadas con un logrado sentido del suspense.

Las interpretaciones son estupendas. Existe química en el desintegrado matrimonio interpretado por Sope Dirisu  y Wunmi Musaku (Territorio Lovecraft). Ambos están acompañados en un papel secundario por Matt Smith (Doctor Who, The Crown) y por el español Javier Botet como el monstruo.

En definitiva, Casa Ajena es una historia terrorífica sobre la inmigración, sobre los fantasmas que acarrea tener que huir de tu país y entrar en otro que te recibe con los brazos abiertos y los colmillos afilados. Sobre el perdonarse a uno mismo y seguir caminando con cicatrices en el cuerpo. Lástima que no consiga integrar del todo el terror con la denuncia social y nos dé la sensación de estar viendo dos películas diferentes y, por tanto, incompletas.

Un saludo y sed felices!

Nos leemos en las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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