Crítica de La Guerra de los Mundos: el precio de no tener nada que contar

5

No sorprende ya a nadie que una nueva adaptación salga a la luz. Nos encontramos en la época de la nostalgia y es más que evidente que las productoras se han dado cuenta de que crear a partir de algo que la gente ya conoce, vende y mucho. Si bien es cierto que hay espacio para la originalidad, la mayor parte de las veces ésta se ve capada por la necesidad de hacer algo rentable y eso suele implicar una ruta más conservadora. ¿Y a qué viene todo este preámbulo? Hace poco Movistar incluyó en su catálogo la última adaptación de la famosa novela de H.G. Wells: La guerra de los mundos.

Propuesta que, a la que indagamos un poco, no es casualidad que haya salido ahora, pues los textos de Wells son dominio público desde hace un par de años,  y eso es mucho ahorro… Pero vamos a lo que nos toca y démosle una oportunidad a esta última adaptación que nos llega en formato de miniserie de tan solo tres capítulos. ¿Valdrá la pena?

Buscando el enfoque

Como es evidente en este tipo de productos, el factor diferencial termina siendo el enfoque y estilo que pretendan darle a la historia, pues ya es conocida por todos. En este caso, optan por una ambientación histórica en el año 1906 y por un tono que se desvela radicalmente distinto: una historia de amor. Nos introducimos en el mundo de La guerra de los mundos a través de la pareja protagonista de George (Rafe Spall, El Ritual) y Amy (Eleanor Tomlinson, Poldark), unos tortolitos que ansían poder casarse a pesar de los impedimentos que pone la familia de él. Pero la serie no es del todo ingenua.

Consciente de su tesitura, La guerra de los mundos nos muestra desde la primera escena un escenario post-apocalíptico presentado con sumo misterio y nos deja claro que, a pesar de los dilemas burgueses de la época, esto va de exterminio y de aliens. Esta alternancia con dos líneas temporales, crea una ironía dramática y curiosidad que son de agradecer, ya que nos muestra poco a poco pequeños detalles de este devenir y dejan al espectador especulando sobre el mismo.

La estética y el cliché

El vaivén entre futuro y presente (o presente y pasado, aquí ya no me meto) viene acompañado de lo que probablemente sea la mejor característica de la serie y con diferencia: su estética. Grises, azules y verdes apagados en el presente y rojos con violetas en el futuro. El apartado visual de La guerra de los mundos es simplemente magnífico. Desde la ambientación hasta el planteamiento de cada plano, se nota que hay un cuidado y una intencionalidad, consiguiendo en algunos momentos exponer en pantalla escenas de violencia y masacre que son poesía al más puro estilo Lars Von Trier en Anticristo Melancholia (salvando las distancias por supuesto). Y es justamente por eso por lo que la serie transmite una desazón hipnótica en sus momentos más crudos que te mantiene enganchado y te hace olvidar la última escena de empalagoso romance. Y aquí es donde llegan los problemas.

Como ya he mencionado antes, la mayor parte del peso narrativo lo llevan nuestros tortolitos Amy y George, que ya no solo luchan por su amor sino que también se las ven con aliens. Si bien la dirección se notaba cuidada y efectiva, el romance se demuestra insulso y plagado de clichés. Sobrepasado el primer episodio (aunque no sin alguna advertencia), cae un alud tópicos de amor imposible y de una pareja perfecta y bondadosa, incapaz de dañar a una mosca y mucho menos a un alien. Es precisamente este “buenismo” de los protagonistas por lo que se termina precipitando la serie al abismo ya que, a pesar de lo buena que sea la fotografía o los inicios de la invasión, lo que nos presentan es una historia vacía. Una historia que, lejos de poder exponernos reflexiones y debates acerca de la condición humana (que era el caso del libro) tiene que sentarse y verbalizarlo. Y es que, cuando no se tiene un mensaje propio que contar, los personajes pierden trasfondo y se termina construyendo a partir de clichés.

Una oportunidad fallida

No creo que haya una mejor manera de decirlo. La guerra de los mundos tenía unos ingredientes y elementos sobre la mesa francamente interesantes, y me sorprende que, al no ser una adaptación fiel al libro, haya optado por contar una historia de amor que ya hemos visto en mil ocasiones. No puedo evitar sentir que no se ha aprovechado el contexto catastrófico y que los valores que se promulgan en la serie, apenas se diferencian de cualquier libro de motivación de tres al cuarto, presentando tan solo la superficie de los dilemas y explicando la moraleja en voz alta sin mostrárnosla. La guerra de los mundos es una propuesta interesante que encuentra su salvación en una dirección y tratamiento visual fantástico, pero que falla en lo más básico: contarnos una buena historia.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

5 comentarios

  1. Simpática, en la parte final se me hace cuesta arriba. Coincido contigo en lo bueno y en lo malo, pero a mi ha bastado para hechar tres horas. Me ha entretenido bastante, no es una gran serie ni mucho menos pero me ha gustado, la ambientación y la paleta de colores me ha gustado mucho. Los personajes son lo peor de la miniserie, mucho cliché, imposible empatizar con ellos. Pero bueno le doy un 6,5 sobre 10.

    • Pablo Ferrer el

      Hola Carlos y gracias por comentar. De acuerdo contigo. Quizás que la serie dure 3 capítulos ayuda a que no se haga más pesada, de haberla alargado más no sé yo si se hubiese aguantado, pero ni que sea por su faceta visual me resultó también entretenida.

Deja tu comentario

Recomendado en Las Cosas felices
Buscando siempre alguna historia fuera de los superhéroes, he dado con esta obra de Ollie Masters, Ming Doyle y Jordie Bellaire, que nos llega a…