Crítica de Parásitos, la abanderada del otro cine

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2019 quedará para la posteridad gracias a varios eventos que han sacudido el mundo del cine y de la televisión. Ha sido el final de Juego de Tronos, la serie de televisión más taquillera de todos los tiempos. Vengadores: Endgame ha sido el colofón a una década en la que los superhéroes se han convertido en el género de moda. Y, en la temporada de premios, nuestros ojos se han movido de la polémica Joker y Érase una vez en Hollywood, la rejuvenecedora El Irlandés, el (presunto) final de la saga Skywalker en Star Wars episodio IX y la sorpresa de un plano secuencia bélico en 1917. Pero me atrevo a decir que todo lo mencionado anteriormente ha enmudecido ante el rotundo éxito de Parásitos.

Había pasado antes. Ya La vida es bella estuvo nominada a Mejor película y Mejor película de habla no inglesa. Pero ninguna película había ganado los dos premios a la vez. Encima, con Mejor director y Mejor guión original bajo el brazo. Además de la Palma de Oro en Cannes, el festival favorito de los críticos de cine de todo el mundo.

El éxito “oscarístico” de Parásitos promete una revolución en la Academia de Hollywood. Una película surcoreana de un director conocido por los amantes del cine pero inexistente para tres cuartos del público general ha pasado por encima de Scorsese, Tarantino, Mendes… Insisto. Una película surcoreana. De producción surcoreana.

Es obvio que el triunfo de Parásitos, como el de cualquier película que gane el Oscar, es opinable en función de cada quién. La cuestión es si la última película de Bong Joon-Ho (¿Lo he escrito bien?) merece tanta atención.

Parásitos cuenta la historia de la familia Ki-taek, que  vive en una situación precaria en un barrio pobre. El trabajo de montaje de cajas de pizzas no es suficiente para sustentar su economía.
Sin estudios, y sin un futuro claro, Kim ki-woo logra por mediación de un amigo que se marcha al extranjero el trabajo de profesor de inglés particular de la hija de un matrimonio rico, los Park.
Se establece así una relación entre las dos familias de consecuencias imprevisibles.

Sin duda alguna, lo más destacado de Parásitos es la mezcla de géneros que encontramos en la película, algo fomentado por una estructura en cuatro actos o, más bien, en tres actos más un epílogo.

Sin entrar en detalles sobre el argumento, más que nada porque cualquier detalle se podría considerar un destripe, podemos decir que la primera parte se situaría dentro de la comedia negra satírica, hasta cierto punto previsible, pero disfrutable y entretenida gracias a unos personajes miserables, puras caricaturas de una clase social obrera que busca aprovecharse de la clase alta.

A mitad de la película sucede un giro absolutamente imprevisible que revoluciona la película, situándole en el terreno del thriller con toques de terror (light), sin perder los apuntes cómicos. Este es, con diferencia, el mejor segmento de la película, aquel en el que el director se desata y consigue hacer creíble una fábula demencial.

Finalmente, como le ocurre, por mencionar a otra película nominada al Oscar, a Jojo Rabbit, Parásitos decae al  perder el apunte cómico y su tono se oscurece, volviéndose seria para enfatizar el mensaje que Joon-Ho quiere mostrarnos.

¿Y cuál es ese mensaje? Parásitos trata sobre la lucha de clases representadas en dos familiares opuestas en poder adquisitivo pero idénticas en su indiferencia hacia los demás. Hasta que una de las dos adquiere “conciencia de clase” y deja de querer aprovecharse de la clase alta para, directamente, asaltarla. Porque la familia Ki-Taek puede ser despreciable, pero merece estar arriba tanto como la familia Park.

Por cierto, hablando de arriba y abajo, Parásitos es una película que se sirve magistralmente del espacio arquitectónico para reforzar la historia. Su sentido de la puesta en escena es vertical, porque los ricos están arriba y los pobres abajo. La familia Park siempre aparece desde arriba. Los Ki-Taek viven en un semisótano expuesto a los peores fluidos de la ciudad.

En definitiva, Parásitos es una película que, pese a su nacionalidad, gustará a todo el mundo que quiera verla por su mezcla de géneros. Es un thriller con apuntes de comedia negra, con la dosis justa de terror, de violencia y de crítica social. Todo ello gracias a un guión milimétrico y a una puesta en escena vertical que enfatiza el mensaje social que busca remover conciencias. Lástima que Joon-Ho no se atreva a continuar con la sátira hasta el final. No hay mejor crítica que aquella en la que nos hace reír de algo que, en el fondo, no deberíamos. Ocurre lo mismo con Jojo Rabbit, una decepción en el momento en que abandona la comedia negrísima para abrazar el subrayado emocional. En Parásitos, esa seriedad está mejor integrada y no lastra la película, pero se convierte en un pero lo suficientemente importante como para ser un sobresaliente, pero no una matrícula de honor.

Eso sí, si sus 4 Oscar consiguen que la gente se acerque a la película, a la obra del director, al cine coreano y, en definitiva, a todo cine alejado del mainstream americano, por supuesto que merece toda la atención. En ese sentido, Parásitos podría ser la mejor abanderada del otro cine.



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

2 comentarios

  1. Hola, Fernando:
    Muy buen artículo, pero yo creo que más allá de los méritos innegables de la película, es demasiado aventurado u optimista decir que algo está cambiando en Hollywood. Esta última entrega apestó a corrección política y creo que el hecho de haber premiado una película «exótica» tranquilamente puede ser visto como parte de eso. No hace mucho habían cambiado la denominación del Oscar a mejor película extranjera para sustituirlo por el de «mejor película internacional» (¿acaso las películas americanas no son también internacionales?) y prácticamente como corolario se entrega el premio a una película no americana. Cuando dos cosas vienen tan juntitas, siempre genera sospecha. En fin, es mi opinión. Gracias por tu artículo y sigue escribiendo.

    • Fernando Vílchez el

      Muchas gracias por tu comentario. Realmente, me importa poco que algo cambie en Hollywood. Quiero decir, lo único que ha cambiado es que ha sido la primera vez que una película de producción extranjera ha sido la principal protagonista de los Oscar. En este sentido, queda claro que los Oscar son los premios del cine más visible para los espectadores, pero obviamente no es el único cine.
      Sí que es cierto que, al menos en mi opinión, las nominadas este año superaban con mucho en calidad a las del año pasado.

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