Crítica de Roma (2018): la última obra maestra de Alfonso Cuarón

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Alfonso Cuarón ha realizado películas muy variadas, desde la ficción postapocalíptica a la fantasía young adult más comercial. Está considerado como uno de los más fiables de la hornada de directores latinoamericanos que, junto a otros maestros como Guillermo Del Toro o Iñarritu, ha aportado su granito de arena a la industria del cine anglosajón. Sin embargo, después de una trayectoria de proyectos adaptados a los mercados donde se iban a estrenar, no cabe la menor duda de que Roma es su obra más personal. Situada en la colonia homónima de la Ciudad de México, el director reconoce que se ha inspirado en dos figuras femeninas para crear este filme: en su madre y en la empleada doméstica que tuvo de niño.

Esta película, con una intencionalidad artística mayor que cualquiera de los anteriores proyectos de Cuarón, ha causado mucho revuelo por haber sido nominada a los Óscar, incluso estando distribuida por una plataforma de vídeo bajo demanda como Netflix, y ha encandilado a la crítica en todo el planeta. ¿Merece tantas alabanzas? Repasemos esta cinta para comprobarlo.

México, 1970

No es ningún secreto, como decíamos, que esta película está fuertemente inspirada en la infancia de Cuarón, y en cómo vivió su infancia en la Ciudad de México durante la convulsa década de los setenta. Roma tiene como protagonista a Cleo, la sirvienta de una familia acaudalada, interpretada magistralmente por Yalitza Aparicio. Mientras esta criada apoya a su jefa en sus quehaceres diarios y contempla en silencio algunos de sus problemas, trata de vivir la vida como puede en esta enorme ciudad. Para ella, una visita al cine o una conversación con su amiga es más que suficiente para sacarle una sonrisa, y muestra una actitud humilde y cariñosa hacia todo el mundo.

Cabe destacar, como muchos han hecho, el retrato extremadamente realista que Cuarón hace del México de esta época. Los planos son increíblemente detallados, mostrando el bullicio de las calles de la capital y el lujo de la enorme vivienda, contrapuestos de forma muy inteligente y sin insistir demasiado. La primera mitad de la película, aunque introduce elementos de desarrollo argumental, está dedicada plenamente a meter al espectador en situación mediante una fotografía bellísima que, sin embargo, muestra la miseria vivida por millones de personas. Estos esfuerzos parecen destinados a que el espectador sepa que esto no es solo una película, que se trata más bien de la reconstrucción de una época.

En este sentido, el guión introduce elementos discordantes de manera paulatina, que nos hacen apreciar una realidad soterrada pero no por ello menos evidente: a pesar de su amabilidad hacia Cleo, la familia puede permitirse gritarle cuando hace algo mal. A pesar de que muchos han encontrado un trabajo o una relación estables, algunos jóvenes de la ciudad parecen perdidos, sin rumbo fijo. No se habla de ello, pero hay problemas que luego explotarán. La lentitud de esta primera parte de la trama le sirve a Cuarón para meternos de lleno en la monotonía del día a día, pero a veces se recrea demasiado en el estilo y alarga las escenas en exceso. Sin embargo, se le perdona por lo preciosas que resultan todas ellas.

Masacre del Jueves de Corpus

Aunque la película se centra en la vida de Cleo, no puede ignorar la realidad de la Ciudad de México, y no es ese el objetivo del director. La segunda mitad de la misma, aunque no la nombra explícitamente, se centra en una masacre llevada a cabo por el grupo paramilitar conocido como “Los Halcones” en junio del 71 contra los asistentes a una manifestación estudiantil. El número de muertos sobrepasó los cien, y los hechos fueron cometidos con total impunidad. El gobierno mexicano no se responsabilizó, a pesar de su más que probable colaboración.

El mérito de la película es que, a pesar de que el momento llega de una manera impactante, nos ha ido mostrando antecedentes de forma discreta a través de todo el metraje anterior. Antes de llegar a esta fatídica matanza, el guión nos permite echar un vistazo al origen del mal y comprender cómo una juventud alienada y perdida pudo formar parte de este sanguinario grupo terrorista. Esto hace que las escenas de violencia, crudamente realistas, resulten más terribles todavía.

Es en el tercer acto donde la película revela sus cartas y nos permite apreciar el esfuerzo por introducirnos en la vida de estos personajes. A lo largo de este último tercio, los vemos sufrir como nunca antes, experimentando lo peor que el ser humano tiene que ofrecer. Sin embargo, como siempre, Cuarón ofrece algo de esperanza, consiguiendo evitar un fatalismo que, como el optimismo exacerbado, se habría desviado de su intención primaria: el realismo incontestable de la película. Existe el mal, dice, pero también el bien. Y, cuando se masca una nueva tragedia, nos lo demuestra.

Conclusión

La película, en un sobrio blanco y negro, nos traslada el punto de vista de dos personas muy distintas: Cleo y la Sra. Sofía, criada y ama, que tienen que enfrentarse a los problemas que aparecen, y que aprenderán a las malas que se necesitan mutuamente. Esta obra, a medio camino entre el documental y el cine de crítica social, nos muestra una historia de las muchas que se vivieron en el violento México donde se crió.

Se trata de uno de los estrenos más llamativos de 2018, y quizás sea la película más meritoria de Netflix hasta la fecha. No sé si debe ganar el Óscar, pero estoy completamente seguro de que merece ser nominada.



el autor

Periodista en cuarto de carrera. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado tres libros en ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan mona, podrás verlo.

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