Crítica de Zombieland: Mata y remata. Diez años después del apocalipsis

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Ahora que la década está cerca de llegar a su fin, cabe recordar cómo durante el comienzo de la misma, en los años más duros de la crisis económica mundial, triunfó un cierto subgénero del terror que nunca nos ha abandonado del todo pero que jamás ha sido tan prominente como esos años: el de los zombis. Con The Walking Dead como mascarón de proa, los muertos vivientes conquistaron la pantalla pequeña y la grande, y se reavivó el interés por las viejas obras maestras de cineastas como George Romero o por libros como Guerra Mundial Z. Pero hubo una película que contribuyó a la popularización de este género y que ha estado olvidada durante unos años: la desenfadada Zombieland, que obtuvo un éxito moderado de taquilla y crítica gracias a un guión autoparódico y a unos personajes inolvidables.

Diez años después, su secuela Zombieland: Mata y remata llega a las pantallas. Han pasado diez años, y el panorama cultural ha cambiado enormemente gracias a fenómenos como los universos cinematográficos o las plataformas de vídeo bajo demanda. ¿Tiene algo que ofrecer esta comedia negra al espectador moderno? Comprobémoslo mientras nos reencontramos con nuestros cuatro colegas en la Casa Blanca.

Un viaje muy arriesgado

Al igual que en el mundo real, ha pasado una década desde que el cuarteto más molón del apocalipsis se reunió por primera vez. Se han pasado todos estos años deambulando por el mundo hasta llegar al edificio más icónico de los Estados Unidos de América: la Casa Blanca, que convierten en su nuevo hogar. Sin embargo, las dos hermanas del grupo empiezan a sentirse incómodas por la inmovilidad que supone pasar tanto tiempo dentro del mismo grupo, y acabarán abandonando a Tallahassee y Columbus para rehacer su propia vida en libertad dentro de esta América desolada.

Sin embargo, cuando Little Rock intente unirse a una comuna desprotegida frente a una nueva raza de zombis especialmente peligrosos, Wichita se unirá a sus dos amigos y a una pintoresca superviviente para rescatarla. Se encontrarán con nuevos desafíos y con otros habitantes de este nuevo mundo.

Más y… ¿mejor?

Una regla no escrita de las secuelas indica que deben ser siempre más grandes y ambiciosas que su predecesora y, en este sentido, Zombieland: Mata y remata cumple con creces. Al tono socarrón de la primera se le añaden unas escenas de acción más cuidadas y espectaculares, amén de algunas ejecuciones de zombis que pasarán a los anales de este peculiar subgénero. Aunque el gore no sea nada del otro mundo, como sucedía en la primera parte, el humor negro sigue siendo el fuerte de esta película: el monólogo inicial explicando los distintos tipos de muertos vivientes iguala en creatividad a la narración con la que Jesse Eisenberg nos introdujo a este universo. Además, a pesar de que los secundarios no están demasiado desarrollados, más de uno consigue arrancar una carcajada al espectador, como el presuntuoso hippie o la presumida acompañante que se une al grupo. De hecho, si la película hubiera aprovechado mejor el potencial cómico de la comuna, quizás habría logrado superar a la primera.

Sin embargo, el hecho de haber aumentado la escala de esta aventura no siempre beneficia a la cinta. En la Zombieland original, entre chascarrillo y chascarrillo, había momentos de drama bien dosificados que nos permitían empatizar con los protagonistas y hacían que nos preocupáramos cuando estaban en peligro. Aquí, sin embargo, las tensiones entre ellos parecen siempre encaminadas hacer avanzar la trama de manera artificial, y el drama deja lugar a la comedia más desenfrenada. Debería haber lugar para las dos: con un metraje de quizás unos quince minutos más, los responsables de este filme podrían haber compaginado los momentos más serios con los cómicos… o quizás deberían haber renunciado a ellos por completo. En cualquier caso, nunca llegamos a temer por la vida de estos supervivientes, ni siquiera en el meritorio pero mejorable clímax.

Este problema quizás sería más grave si no tuviéramos de vuelta a los personajes que conquistaron al público en la película anterior, que se escriben solos y cargan con el peso de esta descerebrada trama: el maniático Columbus, la hosca Wichita, la inocente Little Rock… y, por supuesto, el inigualable Tallahassee, que aquí sustituye su amor hacia los twinkies por una fascinación hacia el legado de Elvis Presley. Si juntamos el eficaz recurso del narrador en primera persona con una escena post-créditos desternillante, nos sale un divertimento ligero de hora y media que se pasa volando y que, por desgracia, deja con ganas de más. Aunque siempre existe la posibilidad de una secuela, encontrarse con una película que no insinúa una próxima entrega en cada minuto de su trama supone un agradecido viaje al pasado.

Conclusión

Ruben Fleischer y compañía lo han vuelto a hacer. Zombieland: Mata y remata es una pasable secuela de su predecesora que, sin llegar al nivel de Zombies Party o Braindead, supone una digna adición al subgénero de la comedia de terror. Los fans de la primera parte encontrarán más de lo mismo, y los más admiradores de esta saga quizás recuerden con esperanza cómo en el cine no suele haber dos sin tres, como demuestran El Padrino o Arma letal. No se trata de un largometraje imprescindible, ni siquiera en el ámbito de los zombis, pero merece la pena verla.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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