Crítica negativa de Las escalofriantes aventuras de Sabrina

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Hace unos días, llegó a Netflix una curiosa propuesta que destacaba por la intencionalidad de cambiar radicalmente el contexto de uno de los personajes más icónicos de la pequeña pantalla en los años 90: Sabrina. La serie se basa en la particular reinterpretación de Roberto Aguirre-Sacasa sobre el personaje y además cuenta con la misma colaboración del autor tras las cámaras, lo cual siempre es buena señal. Pero ésta no es la primera aparición en el panorama serial de Aguirre-Sacasa, pues cuenta ya con un bagaje que, a la par que popular, es indicativo de su estilo. A parte de haber desarrollado para televisión Las escalofriantes aventuras de Sabrina, también fue el responsable de Riverdale y de haber escrito para Glee, Big Love o Looking.

En las cosas que nos hacen felices hemos hecho una crítica POSITIVA y otra NEGATIVA de Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina. Si quieres leer la crítica positiva de Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina pulsa aquí.

Más allá de ser sabidos éxitos de audiencia –Riverdale y Glee en particular- éstos productos también nos dejan entrever hacia dónde van a ir los tiros con su última serie, lo cual es más relevante de lo que parece pues como el mismo personaje de Sabrina demuestra en la serie, las apariencias engañan…

El cambio de tonalidad

La característica que más salta a la vista del cambio de paradigma que ha sufrido Sabrina es la tonalidad. Lejos del sitcom que la vio nacer, en esta nueva reinterpretación la palabra bruja busca alcanzar la totalidad de su significado. Desde el principio de la serie, se le presenta a nuestra protagonista con la dicotomía que le supone ser mitad bruja y mitad humana; pero lo que hace de esta versión una completamente distinta es lo mucho que se muestra y potencia el lado más macabro. Constantemente Sabrina se verá enfrentada a criaturas satánicas y a un grotesco universo realmente conseguido que acentuará de manera progresiva sus dudas.

Quizás uno de los mayores problemas con los que se pueda encontrar la serie es el ser tomada por lo que no es y creo que es de vital importancia dejar claro que Las escalofriantes aventuras de Sabrina no es una serie de terror ni tampoco un drama. A pesar de su siniestra apariencia, lo que termina moviendo y dictando la acción es una historia de aventuras; los arcos y dilemas que aquí transcurren no distan en absoluto de cualquier otro encontrado en las novelas juveniles de fantasía y es lo que nos mantiene pegados a la pantalla. Y este planteamiento es realmente el gran acierto de la serie, pues el resto de tramas y desviaciones de esa temática terminan cayendo en un tratamiento perezoso y predecible.

Un teen drama poco afortunado

Cuando Sabrina no está lidiando con sus demonios y dudas internas, debe aparentar una vida normal e ir al instituto con el resto de mortales y es precisamente aquí donde los problemas con la serie empiezan a venir. Como he mencionado antes, Las escalofriantes aventuras de Sabrina es una historia de aventuras y no un drama. Por supuesto que en todo buen relato que se precie tiene que haber conflicto y, consecuentemente, drama; pero los géneros cinematográficos tienen su propósito más allá de etiquetar. En el caso que nos concierne, no hay unos personajes lo suficientemente ricos o desarrollados como para querer plantear los dilemas que un buen drama ofrece y esto se evidencia rápido.

Está claro que la serie va encarada a un público juvenil, pero sus intentos para atraparlo son demasiado descarados y rara vez terminan en otra cosa que no sea un cúmulo de clichés. Desde triángulos amorosos insípidos, pasando por personas que son malas personas porque sí, hasta el punto de embutir reivindicaciones banales por el mero compromiso de tener que cumplir una agenda política; Las escalofriantes aventuras de Sabrina simplemente no destaca en esta faceta porque tiene un arco de temporada muy marcado y cualquier digresión que quiera hacer sobre esa temática, termina pareciendo artificial o simplemente falto de originalidad.

Un claro ejemplo lo tenemos con las reivindicaciones feministas que busca hacer la serie en el instituto durante los primeros capítulos; es una trama exagerada con malos muy malos y con un valor nulo para el consecuente desarrollo de la temporada. Lo cual es una lástima porque en lugar de aprovechar el esqueleto de la serie para integrar estas reivindicaciones y que afecten realmente a la protagonista, terminan siendo anécdotas paralelas intrascendentes.

Esperanzas para el futuro

A pesar de todos estos defectos que alberga la serie, hay que admitir que engancha. Más allá del esquema de Netflix encarado a un plan de consumo masivo y de la filosofía del binge-watching; el universo y la historia de aventuras funcionan y plantean un relato entretenido e interesante que, a pesar de la disfunción dramática que en ocasiones padece, compensa.

Las escalofriantes aventuras de Sabrina no es la mejor serie del año ni creo que deba incluirse en esa discusión, pero sí que es un punto de vista alternativo y conseguido sobre la popular serie de los 90; y que en sus momentos más macabros y perturbadores es cuando mejor funciona. Quizás el nexo que pretenden forzar con Riverdale sea lo que está contaminando la serie, pero espero que en su futura segunda temporada nos continúen ofreciendo más del universo de Sabrina y no drama de Riverdale.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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