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El cartero de las mujeres, de Quella-Guyot y Morice

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección semanal de Raúl Sánchez.

Lo hemos visto mil veces en los cómics o películas. El personaje es un marginado al que todo el mundo hace la puñeta, y por las razones más raras el personaje gana superpoderes. ¿Qué suele pasar? Normalmente se convierte en superhéroe y quiere ayudar al mundo, aunque otras veces se convierte en supervillano y quiere conquistarlo/destruirlo/vengarse.

Este bonito esquema ha movido muchas historias, aunque pocas veces se ha tirado por lo que hubiera sido psicológicamente más normal (dentro de lo que estamos hablando): que simplemente el que tiene superpoderes intente ganar más dinero con ello. Simplemente para vivir bien. Aunque parezca mentira, fue Shocker, el villano de Spiderman, el que era de los más creíbles. Sólo atracaba bancos o cosas que pudiera vender, no quería gobernar nada ni destruir nada. Con todo el bombo que se ha dado siempre a los personajes con complicaciones psicológicas para hacerlos más realistas casi siempre se ha ignorado la más normal de las motivaciones: ganar más, vivir mejor.

Shocker 02

Este tránsito de ser apaleado a tener poder en el mundo real lleva a otros sitios. Es complicado ser capaz de perdonar que te hayan hecho la vida imposible durante años, y más aún si de repente puedes hacer casi lo que quieras. Lo esperable en el mundo real es que la persona resentida y herida se comporte de manera miserable cuando pueda. Cuando tratas a alguien como la mierda es complicado esperar un héroe cuando se siente poderoso. Aunque parezca mentira, los principios de Spiderman sí tuvieron esto en cuenta: Peter Parker es un friki torturado que lo primero que hace al tener poderes es pensar en cómo ganar dinero. Y lo segundo, en pasar de todo lo que no tenga que ver con eso (de ahí que dejara escapar al ladrón que luego mataría al tío Ben).

El cartero de las mujeres

Todo esto viene a cuento tras leer El cartero de las mujeres, cómic de Quella-Guyot y Morice, publicado por Ponent Mon en España:

28 de junio de 1914. Un joven terrorista serbio asesina al archiduque Francisco Fernando y a su esposa. A lo largo y ancho de la costa bretona, la noticia se recibe con gran indiferencia, solo al maestro le preocupan las consecuencias de este atentado. En este islote rocoso abandonado a la locura del Atlántico, la amenaza de un conflicto no perturba los ánimos. Sin embargo, la sucia guerra pronto irrumpirá en sus vidas y se decretará la movilización general. Todos los hombres sanos de la isla, entre los 20 y los 50, están llamados a filas. Les aseguran que el conflicto no durará: estarán de vuelta para la cosecha. Solo el pobre Maël, con su pierna torcida, está exento. Una vez más, le dejan fuera. El día de la partida los reclutas emocionados dejan tras de sí a padres ancianos, a mujeres afligidas, a prometidas desconsoladas y a hijos que no se lo creen: ¡la isla se ha vaciado de hombres valientes!

Maël es patizambo y nunca ha suscitado más que indiferencia entre las chicas y burlas entre los hombres de la isla. No puede incorporarse a filas para luchar en las trincheras del continente… pero el alcalde le propone sustituir al cartero. Gracias a su bicicleta, es el único que queda con la energía para cruzar la isla repartiendo el correo. Ronda tras ronda, las mujeres abandonadas se acercan al joven mensajero, entregándose en cuerpo y alma. Para Maël este cambio en su posición, de enfermo a hombre deseado, es una dulce revancha, pero la guerra no durará para siempre…

Uno podría pensarse al leer esta introducción al cómic que se encuentra ante un cómic erótico-festivo, del protagonista encontrando gustos poco espirituales en el amor (como decía Javier Gurruchaga) mientras uno abusa de sí mismo. Al fin y al cabo, es la fantasía erótica masculina por excelencia: el dueño del harem, el único hombre con su ejército de esclavas sexuales que sólo están para darle placer. La paja no responsable como concepto, lo contrario de lo que difunde el gran Ignatius.

Pero no.

La sorpresa

Se nos cuenta con el ritmo y forma de narrar adecuada, pausada, qué es lo que pasa antes de la movilización general por la guerra, conociendo lo necesario del protagonista y su circunstancias familiares y emocionales. No hay grandes rollos: lo que se nos cuenta es a través de la composición de las enormes viñetas, los colores y las expresiones muy bien caracterizadas de los personajes. Toda la calma de una pequeña isla consigue trasmitirse a través del lenguaje puro del cómic. Toda la marginación del protagonista queda expuesta en pocos trazos: la relación de casi esclavitud con su padre, los comentarios del alcalde, etc.

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La segunda parte es el triunfo del friki, del marginado, del apaleado socialmente. Con su bicicleta visita a las mujeres, lleva las cartas de los hombres en guerra… y siendo el único hombre empieza a llevarse sonrisas, guiños, tonteos. Le llega el superpoder y pasa lo inevitable: se convierte en un miserable. Aprovechando que muchas no saben leer y él sí a veces se inventa las cartas para engañarlas. A veces modifica las cartas. Lo que sea para conseguir su objetivo: vengarse. Al que siempre ignoraban las mujeres, del que se reían los hombres. Ese, ese es el que ahora las consuela, el que se acuesta con ellas, el que las hace felices mientras ellos mueren en una guerra absurda. Él disfruta, por supuesto, pero su motivación, gritada a los cuatro vientos, no es simplemente disfrutar: es reírse de los que antes le ignoraban y se reían de él.

En esta parte los espacios abiertos y las viñetas enormes pasan a ser espacio más pequeños, con viñetas más pequeñas, transmitiéndonos que el protagonista ha pasado de pasarse la vida mirando el cielo a hablar con mujeres, a algo más íntimo. Las mujeres, que aquí cobran su protagonismo, están dibujadas con mucha diferenciación, teniendo de todo: desde mujeres viejas a mujeres gordas a mujeres jóvenes y guapas. En definitiva, se ha huído de la tradicional costumbre de «me sale bien una mujer y todas las que dibuje serán la misma cambiando el peinado». También en las formas de expresarse o incluso las expresiones de la cara. Esto le da un aire de mayor credibilidad a la historia, claro.

121747Las ovejas rabiosas

No contaremos aquí como acaba. Pero diremos que el último tercio del cómic es sorprendente, no sólo las cosas que pasan sino por cómo se cuenta. Al fin y al cabo, la guerra acaba, los hombres (o lo que queda de ellos) vuelven también. Mutilados, traumatizados, cambiados para siempre, algunos muertos…los hombres vuelven, a veces siendo una buena noticia y otras no. Una guerra es algo excepcional, y cuando algo excepcional pasa en cualquier sociedad, cuando la culpabilidad de demasiada gente es evidente, se crean los silencios compartidos. Cosas que son verdad pero de las que nadie quiere hablar. Y son silencios tan poderosos que te pueden aplastar sin problemas como quieras romperlos.

El cartero de las mujeres, que en principio podría parecer una historia de masturbación masculina, pasa a ser algo más. Es la historia de la normalidad en lo miserable que suele ser el apaleado al que se le da poder, es la historia del escapismo de cualquier modo de la mujer cuando está reprimida y es la historia de la que ya nos habló Fernando Savater en Las preguntas de la vida:

Los grandes enfrentamientos colectivos no los suelen protagonizar individuos personalmente violentos sino grupos formados por gente disciplinada y obediente a la que se ha convencido de que su interés común depende de que luchen contra ciertos adversarios «extraños» y los destruyan. No son violentos por razones «antisociales» sino por exceso de sociabilidad: tienen tanto afán de «normalidad», de parecerse lo más posible al resto del grupo, de conservar su «identidad» con él a toda costa, que están dispuestos a exterminar a los diferentes, a los forasteros, a quienes tienen creencias o hábitos ajenos, a los que se considera que amenazan los intereses legítimos o abusivos del propio rebaño. No, no abundan los lobos feroces ni los que hay representan el mayor riesgo para la concordia humana; el verdadero peligro proviene por lo general de las ovejas rabiosas…

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.
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