Con cada nuevo estreno de Pixar surge inevitablemente la misma pregunta: ¿volverá el estudio a alcanzar el nivel creativo que lo convirtió en un referente absoluto de la animación? Hoppers, dirigida por Daniel Chong, responde a esa pregunta con una mezcla de ideas prometedoras y una ejecución que, una vez más, se queda a medio camino. Aunque parte de una premisa original y encierra algunos temas interesantes, el resultado final evidencia a una compañía cada vez más cómoda con la repetición de fórmulas conocidas.
Una premisa con más potencial que desarrollo
La historia sigue a Mabel, una joven apasionada por los animales que utiliza una tecnología capaz de transferir su conciencia a un castor robótico para infiltrarse en el reino animal. Allí descubrirá una amenaza que pone en peligro el ecosistema y deberá colaborar con sus habitantes para detenerla. Sobre el papel, la combinación de ciencia ficción, aventura y discurso ambiental apunta a un terreno fértil. En pantalla, sin embargo, la película rara vez va más allá de la superficie (algo que sí lograba la divertida comedía romántica Elemental).
La película no consigue aprovechar todo el potencial de su premisa. El guion recurre constantemente a esquemas narrativos familiares y a personajes construidos a partir de arquetipos demasiado reconocibles. La protagonista responde al modelo de adolescente impulsiva en búsqueda de identidad que Pixar lleva años repitiendo. La historia insiste en recorrer caminos ya transitados, mientras el conflicto principal avanza con una previsibilidad que diluye cualquier atisbo de tensión dramática. Todo resulta funcional, correcto, reconocible… y precisamente por eso, inerte.
Incluso cuando la película acierta en la construcción de su mundo, termina por desaprovecharlo. La elección del castor como figura central —un auténtico “ingeniero de ecosistemas” capaz de transformar su entorno mediante presas que favorecen la biodiversidad— contiene una riqueza conceptual evidente. Es una idea que podría haber sostenido una obra mucho más ambiciosa, pero Hoppers se limita a enunciarla sin extraer consecuencias narrativas de peso. Sus posibilidades podrían haber dado lugar a una película mucho más audaz; sin embargo, la cinta se conforma con mencionarlas de pasada, sin extraer de ellas consecuencias verdaderamente originales.

Una historia atrapada en fórmulas conocidas
El guion apenas explora estas posibilidades. En lugar de aprovechar las particularidades de cada especie para enriquecer el mundo que presenta o desarrollar situaciones cómicas con personalidad propia, opta por uniformar a sus habitantes bajo comportamientos y diálogos demasiado similares. El resultado es un universo animal simplificado en exceso, apoyado además en un humor irregular y en referencias contemporáneas que probablemente envejezcan con rapidez.
El mensaje ecologista constituye otro de los pilares de la obra. La película defiende la protección del medio ambiente y critica los intereses económicos que amenazan los ecosistemas naturales. No obstante, la exposición de estas ideas resulta demasiado simplista, ya que articula el conflicto desde un esquema básico que termina por desactivar cualquier complejidad. Más que construir una reflexión profunda, Hoppers prefiere presentar una oposición mecánica entre buenos y malos, sin espacio para matices ni ambigüedad moral.
Tampoco la puesta en escena alcanza la excelencia visual asociada tradicionalmente al estudio. La animación mantiene un nivel técnico notable, pero la dirección artística carece del asombro y la personalidad de otras producciones de Pixar (aquí tienes un listado con sus mejores películas). Los escenarios naturales cumplen su función, aunque rara vez generan una verdadera sensación de descubrimiento o maravilla, esa que la historia parece perseguir. Aquí todo funciona, pero pocas cosas sorprenden.
Un ritmo irregular que lastra la aventura
El ritmo tampoco acompaña. La parte central se diluye en secuencias de transición sin peso narrativo, mientras que una planificación visual demasiado plana resta méritos a su atractivo visual. La sensación dominante es la de una película que rellena espacio en lugar de construir una progresión sólida, con números de baile innecesarios y un humor que rara vez encuentra el tono adecuado (como si conseguía la deliciosa fábula que era Luca).
Esta acumulación de desatinos narrativos termina por desinflar el interés del espectador, que decae irremediablemente a medida que avanza la trama. El ritmo poco fluido rompe el tono más íntimo de la historia para desembocar en un clímax ruidoso y exagerado.

El problema de repetir el mismo molde
En el terreno narrativo, Hoppers se apoya en un repertorio de fórmulas demasiado conocido: sus ideas resuenan como un refrito agotador de los tropos más utilizados por la compañía. La protagonista adolescente intensa e insegura que busca su lugar en el mundo, la abuela entrañable destinada a aportar el típico flashback lacrimógeno y un villano unidimensional carente de vida y matices forman un conjunto demasiado familiar.
Pixar parece instalada en una zona de confort narrativa, donde las historias se repiten con pequeñas variaciones sin verdadero riesgo creativo. Una estructura repetida hasta el agotamiento que ofrece tramas construidas a partir de ideas ya conocidas. Hoppers se apoya en un repertorio de fórmulas demasiado reconocible: ya no hay suficiente riesgo, sorpresa ni voluntad de desviarse del molde.
Aun con todas sus limitaciones, Hoppers no es una mala película. Conserva suficiente energía, humor y encanto para entretener al público familiar y ofrece algunas ideas interesantes que la distinguen de otros productos animados recientes. Sin embargo, también confirma la sensación de que Pixar (lejos de la aventura espacial Lightyear) atraviesa una etapa de conformismo creativo en la que la solvencia técnica ya no siempre viene acompañada de la ambición narrativa que definió sus mejores años.
Hoppers no fracasa ni sorprende. Simplemente avanza sin dejar huella. Y en el contexto de un estudio que construyó su legado sobre la emoción y la innovación, esa tibieza se convierte en su mayor problema.

Conclusión
En definitiva, Hoppers es una aventura agradable, bienintencionada y ocasionalmente inspirada, pero incapaz de alcanzar el nivel de emoción, originalidad y profundidad de sus mejores obras. A pesar de sus limitaciones, sigue siendo una propuesta entretenida para el público familiar y una muestra de que Pixar conserva parte de su talento, aunque cada vez más lejos de la excelencia que definió su edad de oro. Sigue siendo, en cualquier caso, una película animada recomendable para disfrutar en Disney+.



