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El cómic de la semana: Bermudillo, Volumen 3

Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic, bienvenidos al cómic recomendado de la semana.

¡Por fin tengo la oportunidad de recomendar este cómic en esta sección! Para niños y niñas, jóvenes, adultos y yayo-frikis, el cómic de la semana es Bermudillo (El genio del hatillo, en su rima brugueril)

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Un clásico para todas las edades

Dolmen Editorial inició la recuperación de Bermudillo (en el original Douwe Dabbert; hay que reconocer que el “traductor” estaba inspirado) en agosto del 2015 recopilando tres álbumes en cada integral, plagados de extras al final y de interesantes artículos sobre los autores, los holandeses Thom Roep (guión) y Pier Wijn (dibujo).

Para los más carrozas del lugar, Bermudillo nos despierta entrañables recuerdos. Conocimos las aventuras de este abuelete de escasa estatura (no nos olvidemos de ser políticamente correctos) allá por finales de los 70 – principios de los 80 del siglo XX, a través de su inclusión en revistas como Mortadelo o en sus propios álbumes de la colección OLE. Inmediatamente quedamos enganchandos. ¿Por qué? Quizás porque en medio de tanto personaje patrio y brugueril, entre tanto Mortadelo, Rompetechos, Zipi y Zape y demás, la tira holandesa creada por Roep y Wijn supuso un soplo de aire fresco. Somos muchos los que, ya entrados en ciertos años, hemos devorado esta nueva edición y hemos comprobado que, lejos de ser un producto meramente nostálgico, Bermudillo atesora unos valores que lo convierten en una obra maestra del cómic europeo.

¿De qué va Bermudillo?

Es una pregunta algo difícil de responder. Si tuviera que explicarselo a alguien que no lo haya leído nunca (como supongo que habrá) diría que Bermudillo trata de las aventuras de un anciano corto de estatura que viaja a través de una Europa más o menos medieval, en ocasiones ambienta en el siglo XVI o XVII según convenga, poblada de personajes que no desentonarían en cuentos de hadas o en historias de pícaros y piratas. Este anciano carece de maldad y malicia, siempre esta dispuesto a ayudar a los demás y solventa las situaciones peligrosas gracias a la magia de su hatillo.

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Los motores de la serie son la bondad, la amistad, la perseverancia, la justicia e incluso el ecologismo. De todo esto es fácil deducir que la serie es lo que podríamos calificar como una serie “blanda”, es decir, no encontraremos violencia gratuita, ni matices de grises en las motivaciones de los personajes ni siquiera una doble moral. Los buenos son buenos y los malos son malos. Es, indudablemente, una serie para niños. No en vano, en su Holanda natal, la serie se publicaba originalmente en la revista Pato Donald. Pero, como he defendido muchas veces en esta web, que sea para niños no significa que sea infantil y tampoco quita que los adultos puedan leerla gracias a sus propios valores como cómic: historias bien narradas y bien construidas y un dibujo magistral.

Historias de princesas, pícaros, piratas, magos y brujas y animales que hablan

El presente volumen integral, el tercero ya, contiene tres álbumes. Los dos primeros son El camino hacia el Oeste y El mar hacia el sur y son la continuación de dos historias que se hallan en el segundo integral de la serie (La puerta hacia el este y El tunel hacia el oeste). El título ya nos da pistas sobre el argumento: Bermudillo acepta el encargo de una bruja para salvar a sus amigos, teniendo que viajar a los cuatro puntos cardinales del mundo para recuperar un artefacto mágico de gran poder. El tercer álbum, El pícaro Florín, marca el encuentro con un nuevo personaje que es más de lo que aparenta.

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Las dos últimas historias son inéditas en castellano y significan la continuación de la publicación original iniciada en su día por la Editorial Bruguera, lo que ya es un hito significativo. Todas se leen fácilmente, la historia es fluida y transmite algo que es difícil de alcanzar: paz. Leer Bermudillo es transportarse inmediatamente a lugares mágicos donde, a pesar de los peligros, sabes que todo va a salir bien para los buenos, donde sabes que el bien triunfará y los malos tendrán su merecido. ¿Suena cursi, fácil y simplón? Da igual. A veces, en este jodido mundo en el que vivimos, es necesario leer algo así. Y eso se consigue también gracias al punto fuerte de la serie: su dibujo.

Un dibujo mágico

Los calificativos se quedan cortos para describir el dibujo de Piet Wijn. Es un dibujo realista con toques de caricatura en los rostros que resulta perfecto para la historia. Los fondos y la ambientación es excepcional; no hay ninguna viñeta sin fondo, de forma que todas están llenas de detalles. Leer este cómic es un placer para la vista. Encima, a Wijn se le daba bien dibujar cualquier cosa: desde un castillo medieval hasta animales mágicos (la segunda historia del primer integral, El reino secreto de los animales, es impresionante); desde el lejano oriente al África profunda, pasando por la Isla de Tortuga plagada de piratas y por el polo norte si hace falta. Esta es una de las raras ocasiones en las que cualquier cosa que escriba sobre el dibujo de una serie palidece ante la realidad. Mejor es que corráis a comprar el tebeo (cómic suena demasiado formal), lo leáis, los paséis a vuestros hijos y sobrinos y lo atesoréis como lo que es: una auténtica joya del cómic europeo. Un saludo y sed muy felices como tebeos como este.

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Pedro Pérez S.
Pedro Pérez S.
Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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