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El cómic de la semana: Una historia de violencia, de John Wagner y Vince Locke. El cómic que inspiró a Cronenberg

Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a El cómic de la semana, y también quiero dar la bienvenida a los auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez. Otra semana más tenemos un especial de La Tapa del Obseso con el cómic de la semana.

Bastante gente conocerá Una historia de violencia (2005), la película dirigida por David Cronenberg y protagonizada por Viggo Mortensen. En ella el dueño de un bar de un pueblo pequeño de los Estados Unidos repele a un par de sujetos que intentaban atracar su establecimiento. A partir de ahí se convierte en una celebridad, vienen las televisiones y todo el habitual circo mediático. Pero no sólo llegaron periodistas, también una serie de sujetos que dicen conocer al nuevo héroe, que dicen conocerle de hace mucho. Algo que el dueño del bar niega, a pesar de la insistencia de esos sujetos, que luego demuestran ser algo peor que simples curiosos o locos. La película en cuestión tuvo en su momento muy buena acogida de crítica, que variaba entre lo notable y la calificación de obra maestra. Se destacaba el papel de varios actores (el propio Viggo Mortensen, la muy meritoria Maria Bello y un Ed Harris que provocaba inquietud con su actuación). También el ritmo o el fantástico y terrible final, que consiste en un silencio. Y si bien es cierto que la primera hora de película es soberbia a muchos niveles, lo que resta de la cinta (apenas media hora) es bastante confuso argumentalmente y deja de tener bastante sentido si tenemos en cuenta la hora anterior. El final posiblemente lo haga olvidar, pero en vez de tratarse de una película en el más alto escalón quizás debamos hablar de una buena película sin más, con la tara ya mencionada.

Es menos conocido el cómic en que se basa la historia de la película. Dicho cómic fue idea del mismísimo co-creador del Juez Dredd, el británico John Wagner. Además de crear al más famoso de los personajes de cómic de Gran Bretaña, John Wagner ha hecho muchísimos cómics de ciencia-ficción y ha ejercido una influencia enorme en autores tan importantes como Garth Ennis, Alan Moore o Warren Ellis. El dibujo del cómic en cuestión fue obra de Vincent Locke. La editorial ECC ha sacado hace poco una edición con la historia completa en un único tomo en España.

En la introducción al cómic John Wagner nos plantea cual va a ser la tónica de la historia. Es decir, meter a una persona normal de un país rico, alejada de las peleas violentas en su día a día para ganarse la vida, en una situación con gente acostumbrada o forjada mentalmente en la violencia. Alguien virgen contra alguien poseído o profesional. Desde el punto de vista del teórico inocente, claro, que no entiende cómo su día a día rutinario, aburrido y tranquilo se ve trastornado para siempre por algo tan estridente, terrible y peligroso. Y que no sólo no entiende, sino que en caso de sobrevivir va a tener que vivir para el resto de su vida con decisiones que tomó casi instintivamente. Toda una vida para racionalizar y asumir algo que por fuerza duró segundos o menos.

El cómic podría pararse ahí, en algo kafkiano. En vez de convertirnos en cucaracha o estar metido en un proceso absurdo del que nadie te informa nada nos metemos en una reyerta con gente con pistolas. Pero Wagner y Locke no se limitan a eso. El inocente jura y perjura que él no tiene nada que ver con todo aquello. Que son unos locos que le confunden con otro. Vive en una situación absurda, envuelto en el torbellino violento de otros por puro azar. Pero no. En vez de limitarse a contar la lucha del inocente contra el caos y la casualidad se nos habla de otro tema aún más terrible: que nada del pasado queda en el pasado. Que incluso nuestros secretos más oscuros e inconfesables salen alguna vez a la luz, da igual cómo hayamos sido de cuidadosos ocultándolos. O, cómo decía mi abuela, “al final tó se sabe“.

Y como la película en el fondo era un western, el cómic también lo es. El protagonista solitario, aunque casado y con hijo, está dejado de la mano de dios por las autoridades, que poco pueden hacer para protegerle de su pasado y de quienes quieren sacarlo a flote. Es muy de western ese arrojar a la cara de los personajes la realidad sin muchos miramientos, sin nada que lo evite más que la suerte y la habilidad de cada uno. Ha sido siempre su encanto, vaya: la soledad de todos los personajes, la falta de excusas y de techos donde resguardarse. El cómic respeta ese tono y esa filosofía, siendo inclemente con todos: la esposa engañada, el marido mentiroso, los violentos miserables, la policía incapaz o vergonzosamente pasiva, un sistema del orden lento y no muy fiable. No hay mucho donde esconderse aquí, por más que el protagonista lo intente. Intenta no volver a los viejos y terribles tiempos, intenta ser civilizado, seguir las normas, agotar todo lo que es correcto. Wagner pinta al protagonista como alguien sin dobleces, como alguien que de verdad a aprendido a querer su vida aburrida, rutinaria, gris y falta de emociones. No es pantomima, no es mentira: el protagonista lo cree, quiere creerlo hasta el fin…hasta que no le queda más que enfrentarse a los inevitables pecados del pasado.

El cómic, tras la reyerta final en el pueblo, toma un camino distinto a la película. Aquí sí vemos con detalle qué pasó en la infancia del protagonista, qué pasó con el dedo que le falta, qué le pasó al ojo de uno de los curiosos que preguntan por él. Y cual es el origen de la violencia de la historia, que como era de esperar está empedrado de buenas intenciones, de venganza y hasta de fascinación adolescente por la ostentación ridícula. En definitiva, las motivaciones del protagonista están perfectamente pensadas y planteadas, no hablamos de ningún monstruo. Cuando es así siempre están las cosas más cerca de la realidad: realmente el Mal es algo que hace gente con motivaciones y formas de ser muy normalitas.

Donde la película fracasa, al tratar el tema del pasado y el porqué el protagonista hace lo que hace en el tramo final, el cómic acierta (es natural, hay suficientes páginas, talento y no es tan caro). Y aunque el desarrollo final puede ser paralelo al de la película (al fin y al cabo los western tienen que acabar del modo que todos sabemos) el mismo final es, en el cómic, muchísimo menos poético y más prosaico que aquel. ¿Va con el espíritu de la historia? Es posible: ni Wagner ni el dibujante, Locke, parecen partidarios de grandes alardes técnicos ni de poner nada más que lo imprescindible. El propio dibujo de Locke es destacable por lo sucio que es en las escenas violentas o en los momentos de presión psicológica del protagonista, pero no parece tan acertado en escenas más del día a día o simplemente con luz natural. Es posible que contribuya a transmitir la sensación y el ambiente de algo que lleva cerrado mucho tiempo, pudriéndose y deseando salir con todo su olor fuera, pero sus pocos trazos no siempre favorecen la historia. No cuando muchas veces hubiera sido mejor tener a alguien que acertara más en las expresiones de la cara, ya que mucha de la importancia en la historia está en la contención emocional, la mentira, la sorpresa y los silencios. No hablamos de que se haga un mal trabajo (en las propias imágenes adjuntas a este post vemos algunos ejemplos), hablamos de que un estilo con más detalle y trabajo en las caras podría haber mejorado bastante el cómic.

Como decíamos, el final de la película, con ese silencio cómplice en el que muchas veces se fundan cosas trascendentes, es de los que se recuerdan con los años. Hace elevarse a la película del tramo más regular anterior. En el cómic no hay tal alarde estético y se cierra sin posibilidad de continuación, pero muy sobriamente. El cómic deja en mejor lugar al protagonista, le hace más orientado a los sentimientos de su familia y menos a la asunción de su secreto como la parte más importante de su persona, tal y como da a entender la película. Ésta última, en el fondo, nos habla de la farsa de tratar de pasar de un pasado violento a una vida normal: la violencia volverá a tu vida y no podrás dejar de ser parte de ella, da igual qué hagas. El cómic es inmensamente más benévolo en su final y también en su desarrollo: no aparece ni pegaría en absoluto la ya famosa escena de la escalera entre Viggo Mortensen y María Bello.

En definitiva, cómic más que recomendable para que el que sólo ha visto la película y le gustó, pero también cómic bueno en sí mismo para quien busque western y cine negro. Es posible que dentro de su campo el cómic sea más sólido y constante que la película, por más que ésta última tenga más momentos brillantes en el suyo. En todo caso, nadie perderá el tiempo leyéndolo.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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