Ubisoft ha sido una de las grandes compañías de videojuegos durante casi dos décadas gracias a la franquicia Assassin’s Creed, que vio la luz en 2007. El mayor problema del estudio francés ha sido no saber adaptarse a los nuevos tiempos, enrocarse en su saga estrella y adaptar ese formato a todos los títulos que han ido sacando al mercado; véase ‘Watch Dogs’ o ‘Star Wars: Outlaws’.
Los jugadores quieren algo más que un Assassin’s Creed con una ‘skin’ diferente; queremos propuestas frescas, y las propuestas de estudios pequeños se están ganando al público. Desde el renacimiento de los juegos estilo pixel art hasta otros con planteamientos y jugabilidad atractiva, existen múltiples posibilidades para un público diverso.

Ubisoft no ha sabido reinventarse y podríamos decir que el desplome del 40 % en bolsa de la empresa no es solo un bache financiero; es casi una sentencia de muerte de alguien que priorizó exprimir las ubres de una franquicia hasta la saciedad, por encima de la creatividad. Mientras la compañía francesa ha anunciado cancelaciones y retrasos masivos para evitar el colapso, el talento que un día nutrió sus filas está fuera, triunfando y llevándose premios GOTY a diestro y siniestro.
Ubisoft ha entrado en lo que podríamos llamar ‘modo supervivencia’. La creación de Vantage Studios para gestionar exclusivamente Assassin’s Creed, Far Cry y Rainbow Six es una declaración de intenciones: la empresa ya no sabe, no puede o no quiere vender nada que no lleve una marca conocida de sus IP en la portada.
Assassin’s Creed ha pasado de ser una saga de prestigio a ser el salvavidas de una empresa que ha visto cómo sus otros pilares se desmoronaban. El reciente anuncio de la cancelación definitiva del remake de Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo deja claro que Ubisoft ha perdido la capacidad de gestionar cualquier proyecto que se salga de lo que ha exprimido durante estos años. Ya no hay espacio para la aventura lineal o el riesgo moderado; solo hay espacio para el ‘mapa infinito’ repleto de misiones secundarias repetitivas que garantice ingresos y horas de contenido vacío.

Lo más doloroso para la cúpula de Yves Guillemot no son las pérdidas de millones de euros proyectadas para este año, sino mirar las listas de los más vendidos y encontrar que en ellas figuran títulos programados por gente que una vez perteneció a Ubisoft y se fue, cansada de que sus ideas no tuviesen cabida.
‘Clair Obscur: Expedition 33’, el RPG francés que ha arrasado en los GOTY, es hijo de Sandfall Interactive, un estudio fundado por ex-desarrolladores de Ubisoft Montpellier. Mientras la matriz cancelaba proyectos por ‘no alcanzar los estándares’, sus antiguos empleados lanzaban una obra maestra que demuestra que se pueden hacer mundos con mapas relativamente grandes dotándolos de identidad. Dispatch, de AdHoc Studio, es otro ejemplo: un éxito de videojuego narrativo creado por veteranos que huyeron de Ubisoft. Han logrado, con un presupuesto modesto y una idea original, lo que el estilo galo no ha conseguido con los cientos de millones invertidos en Star Wars: Outlaws o el eterno desarrollo de Skull and Bones: una historia fresca con personajes profundos y buen ritmo.

El error de cálculo de Ubisoft ha sido creer que el mercado de 2026 sigue siendo el mismo que hace una década. El jugador actual está saturado de contenido ‘relleno’. La insistencia en lanzar un Assassin’s Creed por año —incluso con retrasos y críticas sobre el pulido técnico de AC: Shadows— demuestra que estamos ante una empresa que no puede permitirse esperar más tiempo para un juego de asesinos, porque el pago de sus facturas depende de ello. Esta dependencia ha creado un círculo vicioso que no le va a traer nada bueno. Como necesitan dinero rápido, apuestan por lo seguro (AC); como solo apuestan por lo seguro, dejan de innovar; y como dejan de innovar, el talento más creativo se marcha a estudios como Sandfall o AdHoc para poder llevar a cabo sus ideas.
En conclusión, Ubisoft se ha convertido en una vieja gloria que solo vive de sus éxitos pasados y los revive una y otra vez. Está ignorando lo que la gente quiere de verdad y se ha encerrado en su casa, rodeada de pósteres de sus franquicias quemadas de tanto abusar de ellas. Mientras tanto, sus alumnos están fuera, comiéndose el mundo y construyendo su propio legado.
La pregunta hoy, 8 de febrero de 2026, no es cuándo saldrá el próximo Assassin’s Creed, sino si para entonces quedará alguien en Ubisoft con la visión necesaria para hacerlo destacar en un mundo que ya ha aprendido a jugar a cosas mejores.
Un saludo y sed felices.



