Hablemos de lo increíble: las telenovelas asiáticas, los Doramas

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Buenas, queridos lectores. Sí, antes de que fisgonees en google si lo que acabas de leer en el título existe; te diré que sí. Y de hecho no es como si estuviese revelando nada nuevo, por que lo cierto es que existen desde hace bastante y tienen relativo éxito. Básicamente son como telenovelas pero asiáticas, con sus propios temas recurrentes (romance), sus características únicas y sus ridiculeces y cutrería propia. Pero vayamos con aquellos cuyos ojos aún son puros y no han visto ninguna de estas maravillerribles series.

Para que os hagáis una idea, estos Doramas suelen ser adaptados miles de veces por distintos países, porque cada uno quiere su propia versión con características aparte. Y muchas veces estos suelen ser adaptaciones de un manga o de otra obra. Para ejemplificar este maravilloso mundo, que funciona tan a parte del nuestro que da miedo, cogeremos la versión japonesa de una serie archiconocida: Beso travieso en Tokio. Si el nombre ya os ha parecido como para echar a correr y a) no mirar atrás b) ir corriendo al ordenador y abrir Netflix, donde están sus dos temporadas, debéis prepararos psicológicamente para lo que se avecina.

Empezaremos por el argumento, para que os echéis unas risas: Kotoko es una chica de preparatoria a la que nada se le da bien. Es tonta, no especialmente guapa, no tiene habilidades especiales y de hecho está en la clase F, la de personas menos dotadas en un prestigioso colegio. Pero Kotoko es alegre, entusiasta y cabezota, por lo que no se deja intimidar por las pocas posibilidades que tiene de ser correspondida por Irie, el chico más guapo del instituto, que es un genio y al que nada se le da mal. Cuando le intenta dar una carta de amor delante de todo el instituto, Irie ni siquiera la acepta y acompaña su antipatía con un comentario de una mala baba considerable. Kotoko, destrozada vuelve a casa, pero no espera los acontecimientos que ocurrirán después: en primer lugar, su casa es incomprensiblemente derribada de techo a cimientos por una pequeña estrella fugaz. En segundo; reciben la llamada de un bueno amigo de su padre del que hacía tiempo no sabía nada para socorrerles y que se queden a vivir a su casa. Y en tercer lugar, el hijo de dicho buen amigo es nada más y nada menos que Irie. En ese momento Kotoko se da cuenta de que a pesar de que Irie es un cabronazo ella está perdidamente enamorada de él desde que le vio dar un discurso y sin que mediaran palabra.

¿No está mal, verdad? Bueno, pues esto, señores, acaba de comenzar. La historia es 100% lo que promete la sinopsis, y de hecho la gracia es que Kotoko es una chica cuya único buen atributo es que es buena persona y alegre mientras que él es lo contrario. Bueno, en realidad se supone que él también es buena persona pero un tipo frío. Así que tenemos a un ser humano que casi no es funcional de protagonista y a un asqueroso de co-protagonista. Maravilloso. Y lo más increíble para nuestros estándares es que aquí no hay mensaje final ni una vuelta de tortilla tipo: ella era tan buena como él, pero no se tomaba las cosas enserio, no. A los japoneses esto les parece correcto y la serie entera va de cómo Kotoko aplica la ley de pico y pala dedicando su vida únicamente a que Irie le quiera. Pero hasta los extremos más humillantes. Y encima si me dices que por lo menos Irie es un chico amable, bueno y que se porta bien con ella además de ser perfecto, pues bueno, aún, pero realmente se esfuerza por ser un monstruo con ella.

Pero que no se malinterpreten mis palabras, esta serie realmente me ha encantado. La he disfrutado. ¿Porqué? Bien sencillo, por que realmente es fascinante, como si te metieses en un mundo cuyas reglas de la física funcionan de otra manera. A lo Prison School, ésta es una serie donde lo estás pasando bien y te estás odiando por ello. Y ojalá sólo fuese por los ideales tan diferentes a los nuestros, que nos podrían parecer ofensivos, pero no. Es que encima es mala, pero con ganas. Aunque realmente es tan distinta que no sé si podríamos decir que es mala. Ejemplo: parece que ser buen actor en Japón consiste en ser lo más histriónico posible, y riéte tú de Jim Carrey. Las caras más exageradas, más caricaturescas, más sin sentido, junto a movimientos antinaturales e increíbles y efectos especiales la mar de cutres, cosa que parece no importar, es allí lo más de lo más.

Además en los Doramas pasa algo gracioso de ver, y es que parece que los Japoneses, por otra parte como podemos ver en su empeño constante de adaptar mangas a live-action, no ven muy bien la distinción entre medios. Me explico: los Doramas, si bien es cierto que tienen intención humorística (los hay dramones que te mueres también), incluso en los momentos de máxima tensión viven todo y actúan como si estuviesen en un manga. Ejemplo: un tenista cambia de personalidad y se vuelve una especie de Saiyan cuando coge un objeto. Bien, esto es algo que queda bien en un cómic o en un anime, porque es un dibujo. Pero representar eso mismo con personas reales y con efectos especiales pues no es lo mismo. O como cuando un personaje sigue a otro por la calle: pues veamos, si esto sucede en la vida real la persona no lo hace con una cámara fotográfica a 2 m de distancia y con gafas de sol. Ejemplos así constantemente. Literalmente es ver un anime pasado a vida real plano por plano, con imitaciones de las caras de los dibujos animados, con sus gestos, sus tempos de movimiento. Es horrible, pero al mismo tiempo algo realmente maravilloso, disfrutable. Porque no creáis, luego éstos actores son reconocidos de manera nacional como grandes actores, y reciben premios. Supongo que la razón por la cual tienen sus propias industrias cinematográficas, que mueven gran cantidad de dinero, se debe a que sólo ellos se entienden bien y tienen una forma distinta de valorar las actuaciones o maneras de concebir las películas y series. Recientemente lo mismo pasaba con la musical, pero el K-Pop y el J-Pop han conseguido hacerse un hueco en Occidente, cosa que dudo que ocurra con los Doramas.

En cualquier caso, después de descubrir todo esto, ¿sentís curiosidad? ¿Le echaréis un vistazo? Contadme en los comentarios y sed felices.



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

3 comentarios

  1. Respecto a la actuación exagerada, no creo que estemos tan tan lejos de traerlo por estos lares. El movimiento youtuber para mí es hijo directo de Mtv y de los presentadores de TV japoneses que llegaron a occidente como una rareza divertida dentro de dibujitos y películas hace ya varios años. Hoy es normal ver a los más chicos copiar a los youtubers y jugar a ser así de histriónicos, cosa que antes no pasaba… están absorbiendo.
    Novelas ridículas y sobreactuadas ya hay en occidente, quizás la próxima generación se encargue de dar un paso más y trasladar todo ese animé y youtube consumido a las ficciones de TV o streaming de turno.
    Por otro lado, dentro de occidente aunque con muuucha menos influencia, el cine francés tb tiene una buena tradición de caras y movimientos exagerados en películas (para muestra cualquier película de Jeunet o Besson), aunque ellos supongo lo heredan de los mimos y no del kabuki.

    • Hola Galmor,
      es cierto que los youtubers son algo histriónicos, pero yo, que precisamente pertenezco a esa generación, encuentro que están lejos de los doramas, por lo menos de momento. En cuanto a que haya novelas ridículas y sobreactuadas en Occidente… desde luego, ahí tenemos a las latinas, pero son completamente distintas, sus características se alejan mucho unas de otras, y eso es lo que las hace tan interesantes.
      ¡Un saludo y gracias por leerme!

  2. Sofia Ricarte el

    Me encantó la versión koreana. Huyo a toda leche a mi madriguera a ver la versión japonesa. Y espero más análisis de Doramas, por favor.

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