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Crítica de La aspirante (2021), la que debió aspirar a más.

La plataforma española Filmin no solo apuesta por el cine europeo de autor o el clásico norteamericano, sino que también selecciona exhaustivamente algunos de los estrenos más notables del panorama independiente norteamericano. Así, el año pasado pudimos contemplar en su catálogo la notable The assistant. Hoy es el turno de analizar La aspirante, una de las películas más sorprendentes de 2021. ¿Queréis saber por qué?

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La aspirante cuenta la historia de Alex Dall, una estudiante universitaria  que se une al equipo de remo de su universidad, emprendiendo un viaje físico y psicológico obsesivo para ser la mejor en la mejor embarcación, sin importar el coste. Con la intención de superar a sus compañeros de equipo, Alex se esfuerza hasta más allá de sus límites, alienando a todos los que la rodean en nombre del éxito.

No podemos hablar de La aspirante sin centrarnos en Lauren Hadaway, diseñadora de sonido de películas como Whiplash. Hay mucho de la obsesión del batería del grupo de jazz de la película de Chazelle en la ópera prima de Hadaway, también escrita por ella centrándose en un periodo autobiográfico en que se obsesionó con el diseño de sonido.

La aspirante funciona a dos niveles. El más externo sería el centrado en el remo propiamente dicho. Podríamos decir, de una manera tremendamente simplista, que la película es un drama deportivo sobre el mundo del remo. Al fin y al cabo, es la historia de una chica sin talento que se esfuerza al máximo para convertirse en la mejor del equipo. Algo que ya hemos visto en Rocky, Hoosiers, Rudy…

Todas ellas películas que ensalzan el culto al esfuerzo del que La Aspirante se ríe mostrando a una chica perfeccionista al extremo, con claras dificultades para relacionarse con otras personas, que acaba teniendo una relación pseudoamorosa con el remo. En este sentido, son increíbles las escenas del primer encuentro de Alex con la máquina de remo, similar al enamoramiento. O como las compañeras de equipo se van difuminando a medida que ella se adentra más y más en su comunión con el barco.

El resto de sus relaciones son altamente insatisfactorias, pues todas le fallan. Sin embargo, con el remo ocurre la situación inversa. Ella lo da todo por superarse, por destacar entre las demás, sin importar las consecuencias.

Así, Alex, interpretada por una inmensa, merecedora de todos los premios, Isabelle Fuhrmann, es la heroína y la villana de esta historia. La historia es suya y Hadaway únicamente nos la cuenta desde su perspectiva, el otro nivel narrativo de esta historia.

La cámara jamás se despega de nuestra protagonista, siempre a unos centímetros de su piel. Nos introduce en su angustia por querer mejorar, en el esfuerzo mental y, sobre todo, físico que supone el remo. En este sentido, La aspirante refleja como pocos el desgaste del deporte.

La película avanza de forma equilibrada a través de los movimientos de cámara pegada a Alex combinados con un inmenso uso del sonido. Se nota el pasado de la directora como experta en este ámbito.

Si hubiera que poner un pero es que toda la ambición de la que hace gala La aspirante a nivel de dirección y sonido se queda corta en el guion. Al limitarse la historia a la visión de Alex y a sus actos obsesivos por ser la mejor, se pierde la motivación psicológica, los acontecimientos que la condujeron a convertirse en quién es. Solo vemos o, mejor dicho, no vemos a una familia ausente que apenas se preocupa por su hija más allá de unas cuantas llamadas telefónicas.

Pero el hecho es que Isabelle Fuhrmann compone a la perfección a una chica incapaz de relacionarse con los demás de una forma que no sea superándolos. Una persona obsesionada por la perfección y que insiste en superar sus límites aunque nunca llegue a estar contenta con el resultado.

En resumen, La aspirante es una joya desconocida, un debut sorprendente a cargo de una directora que lo da todo a nivel visual y sonoro para mostrar la versión deportiva de Whiplash con la deriva psicológica de Cisne negro. Una pequeña historia dominada por una inmensa Isabelle Fuhrmann a la que solo se le echa en falta algo más de motivación psicológica. Aún así, una película que debería haberse publicitado más de lo que fue. La aspirante debió aspirar a mucho más.

Un saludo y sed felices!

Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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