Los relatos que me hicieron feliz: Pesadilla a 20.000 pies

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Llegamos a la tercera entrega de esta sección que versa sobre los relatos cortos que me impactaron siendo yo apenas un niño que ya vislumbraba su interés por crear historias como las que caían en sus manos. En los dos anteriores artículos he recalcado que para mí lo más importante de los relatos es el final, ese broche impactante que te haga rumiar la historia durante años. En el relato que hoy nos acontece, por el contrario, el final no me parece especialmente brillante pero sí el planteamiento. Pesadilla a 20.000 pies de Richard Matheson es un relato que me impactó por la fuerza de las imágenes que plantea y el contexto que encierra.

Richard Matheson fue un prolífico escritor con historias que el cine trasladó a la gran pantalla siendo seguramente la más reconocible para el público actual la titulada Soy leyenda cuya última versión está interpretada por Will Smith. Así mismo la primera película que dirigió Spielberg, El Diablo sobre ruedas, también está basado en uno de sus relatos titulado Duel. Su novela El hombe menguante, en la que el protagonista no deja de disminuir de tamaño durante todo el libro, también fue plasmada en el cine catapultándole a un reconocimiento mundial sin parangón.

Pesadilla a 20.000 pies también tuvo su eco esta vez en la televisión. Si no recuerdo mal, hay dos versiones del relato . Podéis encontrar al menos uno de esas versiones para la pequeña pantalla en Youtube en versión original y, aunque no está nada mal, a mi criterio no alcanza el mensaje que el relato consigue inyectar en el lector.

Pesadilla a 20.000 pies transcurre íntegramente en un avión de pasajeros que surca el cielo dirección a Los Ángeles. El protagonista ya denota ciertos detalles que le señalan como un neurótico patológico incluso con ciertas tendencias suicidas. No en vano lleva siempre consigo una pistola, no sólo para defenderse frente a posibles delincuentes si no también por la tentación que flota siempre alrededor suya de quitarse la vida. Toda la tripulación, a excepción de las azafatas, están durmiendo ya que el trayecto se realiza de noche pero nuestro protagonista es incapaz de conciliar el sueño. Buscando cierta distracción corre la cortina de la ventanilla para reparar con gran terror en la imagen de un humanoide ( gremlim ) que pasea con total impunidad por el ala del avión. Aterrorizado llama a la azafata la cual acude corriendo pero ahí fuera ya no hay nadie. En el momento que la asistente se va el gremlim vuelve a aparecer. No sólo eso sino que empieza a intentar arrancar el fuselaje del motor para destrozarlo, todo esto iluminado por esporádicos relámpagos que hacen que la imagen sea aún más clara y aterradora para nuestro protagonista que apenas puede controlar sus nervios y ansiedad. La verdadera maestría del relato es ver cómo juega durante toda la historia con la posibilidad de que el pasajero simplemente esté loco y esté sufriendo una terrible alucinación que sólo él ve o tal vez la realidad esté ahí por muy desequilibrado que esté el espectador de la misma. Esta duda se manejará durante toda la historia ya que cada vez que llama compulsivamente a la azafata el gremlim desaparece dando un salto vertiginoso. Finalmente el protagonista decide abrir, en pleno vuelo, la puerta de emergencia y disparar con su pistola al monstruo que está dañando el motor creando un caos indescriptible. El relato acaba con el pasajero ya en tierra reducido por las autoridades y anclado a una camilla. Así, queda al criterio de los lectores pensar si el gremlim de verdad estuvo en aquella ala intentando destrozar el motor o si todo fue fruto de las elucubraciones de un desequilibrado que a punto está de causar una catástrofe.

El planteamiento de la trama es magistral creando esa duda en el lector, duda que como ya he dicho, no está tan patente en las versiones que se rodaron para la televisión. Otro relato que leí hace más de treinta años y que me marcó mucho como algunos otros sobre los que aún a día de hoy pienso y hago partícipes de ellos a mis allegados que quieran escucharlos. No hay mayor magia que esta y sólo la literatura es capaz de ello. Crear historias es algo que amo y ver cómo suscita diferentes interpretaciones según quién las lea o escuche es una justa satisfacción al trabajo realizado.

Un abrazo a todos.



el autor

Escritor y superviviente. Autor del libro ¨Mi faro en las Estrellas ¨ disponible en Amazon. Pienso y algunas veces acierto.

2 comentarios

  1. Esa foto que has puesto no se si es de la historia que protagonizó William Shatner, si el capitán Kirk y luego esta la de la película que interpretó John Lithgow. Aunque Roald Dahl ya había escrito en su experiencia como piloto en la 2ª guerra mundial sobre los gremlins, unos seres que saboteaban los aviones ingleses y que fue la inspiración para que luego Chris Columbus escribiría el guion de la película

    • Enrique Ortega el

      Hola Juan, gracias por tu comentario. Así es, numerosos pilotos conocen las historias contadas en los mentideros sobre los gremlins en los aviones. Si no has leído el relato te lo recomiendo pues estas dos versiones televisivas no consiguen imprimir la duda de la locura sobre el protagonista tan magistralmente como lo hace el escritor.

      Un saludo

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