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“Nightcrawler”: de la guerra del penúltimo contra el último y la de todos contra todos

Bienvenidos, auténticos creyentes, a la sección de Raúl Sánchez, La Tapa del Obseso.

Nightcrawler salió en 2014, la protagonizó Jake Gyllenhaal y casi una década después sigue siendo igual de fascinante. Es una película heroica por lo que cuenta, por cómo lo cuenta y por cómo actúa el protagonista. Es totalmente terrorífica la casi total ausencia de películas creadas sobre lo que nos ocupa un tercio de la mayoría de los días en vida adulta: el trabajo. Pero claro, luego de estas pocas cosas la mayoría las ha hecho gente como Ken Loach o Fernando León de Aranoa. Es decir, que hacemos batiburrillo y por lo general cuentos basados en el pecado: hay gente de buen corazón, hay gente de mal corazón. A veces puede que las circunstancias nos pongan en otro lado pero todo lleva a pensar que la vida laboral es un Elige tu propia aventura, pero moral. Suelen ser una misa. Otra más.

La idea de Nightcrawler

Dan Gilroy dirige Nightcrawler con otra idea inicial. Su protagonista, interpretado como hemos dicho por Jake Gyllenhaal, es un pringado. Un don nadie. Un ladrón de chatarra que tiene totalmente interiorizadas las reglas de la ley de la selva a aplicar en su vida laboral, una oportunidad vista de casualidad que le llevará al mundo del periodismo criminalista. Y también luego, como ampliación del campo de batalla, a su vida no laboral. Es así porque tiene interiorizados los terroríficos principios de la psicología positiva y porque lleva la lógica de la guerra del penúltimo contra el último hasta sus últimas consecuencias. La película es excepcional no dulcificando ninguno de los actos del protagonista. Es más, el director ha conseguido que casi cada plano en el que Jake Gyllenhaal aparece hablando consiga hacernos sentir incómodos, asqueados y que la lógica de sus discursos o actos se nos hagan tristemente familiares.

Aquí no hay batallas entre el bien y el mal. Entre las elecciones correctas moralmente junto a los ángeles que llevamos dentro que se imponen moralmente a los malos compañeros o los jefes psicopáticos. El mundo de Nightcrawler es una estructura de recompensas y castigos que premia a gente como el protagonista, elemento utilísimo para esa estructura que sostiene ese mundo tal y como es, sin cambios para los que más lo disfrutan. Es lógico que el mundo sea así ya que premia a sujetos amorales para los que todo es conseguir su ascenso a la gloria económica y de prestigio, pisando los charcos de sangre que sean necesarios para conseguirlo.

La lógica de Nightcrawler

Los escrúpulos son excusas, y para escalar desde lo más bajo es imprescindible ser patéticamente dócil con el más poderoso. El sacrificio sin fin tiene como objetivo igualar o atentar el nivel de poder del poderoso padrino que te protege para o volver las tornas o renegociar las condiciones de vallasaje. Y al revés: en cuanto tienes gente a tu cargo hay que cortar cualquier mínimo intento de tus esbirros de generar una dependencia a su favor o posiciones de poder respecto a ti. El sujeto en el mundo laboral de Nightcrawler está totalmente solo, en una lucha sin principios ni solidaridad ni lazos afectivos que no sean relaciones de poder. El uso del desenfoque alrededor del protagonista o los planos aislados llevan a pensar que el propio lenguaje narrativo van en corcondancia a esta idea de soledad absoluta por parte de la película. La de toda relación como algo de poder se lleva hasta el punto de terminar confundiendo la atracción sexual o sentimientos amorosos con otra forma de dominación, de victoria en la guerra eterna de todos contra todos. Guerra que no tiene fin y que abarca todos los momentos de tu vida.

Estás solo. Todos quieren esclavizarte y solo cuenta ganar. Todo lo que sale por la boca de las personas son mentiras, excusas y humo. Es imposible sentir nada medianamente positivo por otra persona. Quien duda de todo este esquema no escala con éxito en la pirámide alimenticia. Quien dice lo contrario no ha ganado nunca de verdad. Cualquier intromisión en las relaciones de poder entre personas son cosas ajenas, extrañas y son las que de verdad deben ser castigadas.

La progresión de la historia de inmensa soledad del protagonista no lleva al fin de esta soledad. Es al revés: su mayor contacto con más personajes le hace estar cada vez más solo, más que cuando al principio no conocía a prácticamente nadie. El ritmo de la película va de menos a más, acelerando conforme la progresión profesional del protagonista asciende y asciende, dándonos a entender que ese aumento de velocidad tiene que acabar con algo terrible. El director ha sido increíblemente valiente con el final. Genios como Scorsese en este punto se apiadan en parte de los monstruos que construyen a base de ascensos económicos sacrificando el alma. Dan Gilroy acaba con todas las consecuencias la historia. No hay puerta abierta a la esperanza o a una justicia que llega, amigos, a todos los malvados de este mundo, aunque sea parcialmente.

El final de Nightcrawler

La parte final de Nightcrawler es coherente con lo creado desde el inicio y con lo desarrollado después. No trata de suavizar el horror que nos ha mostrado cada vez a más velocidad. No se asusta de la gran colisión al final. Ni nos sermonea ni nos trata como si viviéramos en burbujas sin influencia respecto al entorno. No es una cuestión de elecciones individuales que construyen o destruyen no se qué. El tablero es uno y las reglas son las que son, y los dados que valen son los de seis caras y no los de diez. Son esas reglas las que determinan qué se hará en la partida y qué acciones tendrán más recompensa. Nightcrawler nos habla de esas reglas, de sus recompensas y de los desenlaces lógicos. Y es más: como puede verse en el análisis de uno de los vídeos enlazados nada más empezar la película las tomas nos involucran en sus tretas y nos alejan de sus actos más desagradables. Están usando técnicas narrativas para convertirnos en cómplices complacientes de la épica psicopática del protagonista. La película te convierte, como espectador, en uno más del propio sistema que sostiene los actos del protagonista.

El hecho de que el personaje protagonista no haya pasado a ser otro más de los villanos convertidos en héroes pop (Tony Montana, Walter White) es significativo de que es posible, como con Succession, mostrar protagonistas malvados y conseguir que la gente no les admire por razones que se nos escaparon al realizar la obra.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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