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Retro-análisis de Nosferatu, vampiro de la noche (1979), cuando el placer absoluto lleva a la muerte.

Desde la imagen mítica del conde con el rostro de Bela Lugosi a la sexualización el personaje con Christopher Lee o el romanticismo de Gary Oldman, el conde Drácula es, con el permiso de Sherlock Holmes, el personaje más adaptado en la historia del cine. Sin embargo, también es el que tiene una adaptación apócrifa fundamental en la historia del séptimo arte. Hablamos de Nosferatu, película de 1922 que, el día de Navidad de 2024 tendrá remake a cargo de Robert Eggers.

Es por eso que, dado que Nosferatu ya tiene su propio retroanálisis en esta sacrosanta web, voy a hablaros de la primera adaptación que se hizo de esta historia: la de 1979 a cargo del director Werner Herzog.

Retro-análisis de Nosferatu, de 1922

Las 20 mejores películas de vampiros

Comenzamos…

LA BASE ORIGINAL. DE DÓNDE PARTE NOSFERATU Y EN QUÉ SE CONVIRTIÓ.

No voy a entrar mucho en detalles porque, para eso, ya tenemos el magnífico retroanálisis del Nosferatu original. Básicamente, Nosferatu es una adaptación apócrifa de la novela Drácula, de Bram Stoker. El motivo de no adaptar fielmente el libro fue para no tener que pagar los derechos de autor.

Sin embargo, la calidad de la película se elevó por encima del material original hasta convertirse en una de las más influyentes en la historia del cine de terror y cumbre de la principal corriente cinematográfica germana de la época, el expresionismo alemán. Es decir, el empleo de luces y sombras, así como espacios arquitectónicos picudos y abigarrados para reflejar la opresiva alma humana de un pueblo derrotado tras la Primera Guerra Mundial.

A diferencia de otros países, como Estados Unidos o Francia, la creatividad cinematográfica alemana se vio frenada por el auge del nazismo y la Segunda Guerra Mundial. No fue hasta los años 60 que apareció una nueva generación de directores alemanes, entre los que se cuenta Werner Herzog.

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Para Herzog, Nosferatu era la película más importante de la historia de Alemania. Y es fácil adivinar el porqué. A diferencia de los intrincados interiores de las películas expresionistas, Nosferatu se caracteriza por el uso de exteriores y una visión naturalista del vampiro.

Exteriores y naturalismo.  Las señas de identidad de Herzog, capaz de rodar en Perú con poquísimos actores la odisea de Aguirre, La Cólera de Dios. Un director cuyos rodajes eran un infierno debido a su obsesión por plasmar la realidad rodando en los sitios en los que se basaban sus historias, sin importar los recursos que tuviera para hacerlo.

Así que Herzog afrontó la adaptación de su película favorita. Y consiguió hacerlo desde el más absoluto respeto sin dejar de aportar su propia huella.

UN NOSFERATU QUE DA PENA.

Aunque nadie rueda los paisajes con la épica de Werner Herzog, Nosferatu se rodó con un equipo completo de 16 personas. Por lo tanto, no esperéis un enfoque épico de la historia del vampiro sino, más bien, un retrato intimista de un ser que anhela lo que no se puede anhelar.

A Herzog le caracteriza la presencia de antihéroes empeñados en una misión prácticamente imposible que les acaba abocando a la locura o a la destrucción. Le ocurrió a Aguirre en su determinación de rebelarse contra Felipe II encontrando El Dorado o a Fitzcarraldo en su obsesión por implantar una ópera en plena selva amazónica.

El conde Orlok no es un cazador de hombres como sí lo era el del Nosferatu original. Aunque el actor Klaus Kinski (todo un personaje con el que el director llegó al enfrentamiento físico) está maquillado exactamente igual que el original Max Schreck, con incisivos afilados en lugar de colmillos, su personaje poco tiene que ver con el vampiro de la película de 1922.

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El Orlok de Herzog es un ser tan pálido que resulta enfermizo. Es inmortal, pero eso no ha parecido otorgarle poder sino cansancio. Su sed de sangre solo parece confirmar lo exhausto que se encuentra. Porque no es sed, es necesidad. Es un adicto en la fase más avanzada de su adicción, aquella en la que la vida se basa en un camino entre el anterior consumo de sangre y el próximo. Él lo sabe, y sufre por ello.

Así se lo dice al pobre Jonathan Harker: “yo ya no le doy importancia a la luz del sol ni a las fuentes brillantes que tanto ama la juventud; me gustan la oscuridad y las sombras donde puedo estar solo con mis pensamientos…”.

Este Nosferatu no es aterrador, sino patético.

Hasta que contempla el retrato de Lucy, la mujer de Jonathan. Y aparece un chispazo de deseo, la descongelación del iceberg en el que se ha transformado su vida. Un chupito de sangre que puede darle algo más que ganas del siguiente chupito de sangre.

En su empeño por encontrar a Lucy, el vampiro trae la desgracia a un pueblo en forma de miles y miles de ratas que portan la peste con ellas.

LA RESPUESTA DEL PUEBLO. LA DECADENCIA DE EUROPA.

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Frente a un pueblo asolado por una tragedia aparentemente natural sin igual, nadie hace nada (¿Os suena?). Es más, los dirigentes no buscan soluciones, sino que se entregan a una muerte segura. Mientras están asolados por miles de ratas (Herzog trajo 11.000 ratas que se acabaron reproduciendo en el pueblo hasta, ni más ni menos, que 30.000), el pueblo se dedica a comer y bailar de forma depravada en las plazas.

La única persona que es capaz de detectar lo que ocurre es Lucy Harker, la mujer de Jonathan, encarnada por la bellísima Isabelle Adjani. Tan bella que su palidez acaba hermanada con la de Nosferatu, tan enfermiza como la respuesta de su propio pueblo a la amenaza de la peste.

Y, sin embargo, Lucy intuye el origen de la misma e intenta acabar con ella sin ayuda de nadie. Así, la protagonista se sacrifica dejándose morder (y seducir) por el vampiro, en una de las mejores escenas de la película.

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, afirmaba que no existía el placer absoluto, que este era imposible porque, sencillamente, supondría la muerte del individuo. La fusión inevitable del Eros (el placer) y Tánatos (la muerte). En esta escena, Orlok se deja llevar por el placer que le da la sangre de Lucy, alcanzando un éxtasis por el cual es incapaz de darse cuenta del impacto de los primeros rayos de sol en su cuerpo agonizante. En el mismo segundo, el que ocurre justo al amanecer, Eros abre los ojos de Nosferatu y Tánatos se los cierra.

Nosferatu

Puede parecer que el bien ha ganado. Pero, en el final más pesimista de todas las adaptaciones de la novela de Stoker, las autoridades no se enteran del fin de Nosferatu, detienen a un trasunto de Van Helsing y dejan libre a un Jonathan Harker convertido en vampiro que cabalga hacia un horizonte incierto, probablemente dispuesto a propagar la decadencia por toda Europa. La misión de Orlok y Lucy ha fracasado.

CONCLUSIONES

En definitiva, Nosferatu es un notable ejemplo de lo que debería ser un remake. Adaptando la misma historia que la película de 1922, Werner Herzog se aleja del expresionismo alemán para rodar una película que muestra el enfrentamiento entre la imponente naturaleza y la pesimista alma humana, ejemplificada en un ser cansado de no morir y que acaba consiguiendo el éxtasis y la muerte en un mismo segundo.

¡Un saludo y sed felices!

¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Comecocos. Intento aprender como si viviera para siempre y vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.
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