One Piece 937, la épica de Zoro

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Bienvenidos una vez más, fieles adeptos de Oda, a un nuevo análisis de One Piece. En esta ocasión, del capítulo 937 del manga. Nos encontramos ante un capítulo breve pero intenso, sobretodo comparado con el anterior, pero cargado de épica y con un Zoro completamente impecable. Hacía tiempo que no veíamos a ese personaje haciendo algo tan grande. Comencemos.

Las cosas con Big Mom se ponen tensas

Parecía todo demasiado genial para ser verdad. Big Mom aliándose con los Mugiwara para derrotar a Kaido. Raro, posiblemente algo oportunista, pero en todo caso, un tanto bueno para ser verdad. Parece que las cosas se pueden complicar un poco más, y Chopper se da cuenta. Por todos es sabidos que Big Mom ama comer, y romperle sus deseos de alimentarse hacen que entre en cólera, como bien pasó en Whole Cake. Resulta que ahora le apetece una sopa de judías, pero no hay tal sopa, por lo que Chopper se asusta. Sabe que si no le dan lo que quiere, podrá volverse loca y quizás recobrar conciencia, poniendo la misión y a los Mugiwara en grave peligro. Justamente, esta historia, de una forma indirecta, continúa en otra parte de Wano, allá donde Luffy está enfrentándose con mil y un soldados de Kaido, en la prisión.

Tras nombrar a Rayleigh y que el viejo se extrañara, Luffy menciona una habilidad especial, nada más y nada menos que el haki más poderoso de armadura. Pero en ese momento, Queen nombra su sopa de judías, que le encanta y no va a dejar que nadie más va a poder comer de ella. ¿Os imaginais a Big Mom intantando coger la sopa de Queen? Puede ser una escena divertidísima. ¿Qué ocurriría en un enfrentamiento entre ambos? La lógica es pensar que Big Mom ganaría por mucho, pero sin embargo todavía no sabemos qué nivel de poder tiene en su estado.

La gran épica de Zoro

Zoro discute con el samurai protector de espadas, aquel que le robó la de Ryuma por creer que Zoro la había usurpado. Mientras están en pleno duelo de espadas, una mujer grita auxilio. No es nada más y nada menos que Komurasaki con la niña risueña en brazos. Las persigue uno de los ¿ninjas? de Kaidou para matarlas, o matar a la niña en concreto. Zoro se acerca a ellas con la intención de ayudarlas pero el samurái lo sigue atacando. Se produce entonces una situación entre cómica y molesta.

Zoro se enfrenta al enemigo mientras el otro sigue aprovechándose de la desprotección del mugiwara. Tras unos segundos de lucha, ocurre algo que nos dejó con la boca abierta a más de uno. El criminal de la ciudad de las Flores enviado por el Shogun atraviesa a Zoro con su guadaña. En un primer momento parece que por el pecho, lo cual hace esperar lo peor de una situación en la que el espadachín saldría muy perjudicado, pero las cosas tornan radicalmente cuando vemos que no lo atravesó más que por el hombro y que, con maestría, retira el arma de su cuerpo y la agarra con su boca, consiguiendo así de nuevo su trinidad única de armamento y pudiendo usar por fin sus habilidades del estilo de las tres espadas. La habilidad que usa es Onigiri, con la que consigue herir con dureza a su contrincante.

El capítulo acaba aquí pero estoy seguro de que en el próximo, el guardián de las espadas admitirá la fuerza y el honor de Zoro y volverá a darle la espada de Ryuma. Quizás alguna más poderosa también.

Y hasta aquí el análisis de esta semana, nos vemos en el 938, en el ínterin, sed felices.



el autor

Soy, entre otras cosas, estudiante, cinéfilo, músico y lector; escribo sobre lo que me gusta y también tengo twitter @maffdecine

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