Opinión: Reseña de Poison City. ¿Hay libertad de expresión en Japón?

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Japón. Año 2020. Los Juegos Olímpicos de Tokio están a punto de comenzar y la capital nipona se prepara para recibir enormes cantidades de atletas, personal deportivo y turistas. Debido a esto, el gobierno pone en marcha lo que llamarán “operación de limpieza”, una campaña que pretende hacer desaparecer todo aquello que pueda resultar desagradable o de dudoso gusto. Esta decisión por parte del gobierno japonés provocará una fuerte reacción en cadena, que afectará a negocios, medios de comunicación y por supuesto a la industria del manga.

Una lucha contra lo políticamente correcto

Poison City narra la historia de un joven mangaka llamado Mikio Hibino, quien intentará publicar su primera obra: Dark Walker, una historia post apocalíptica repleta de zombies y gore, y con una estética cruda que pretende reflejar un mundo al borde de la extinción. Así pues, nuestro joven protagonista no solo deberá enfrentarse al duro proceso de selección y edición editorial que sufren las obras japonesas, sino que además tendrá que hacer frente a una cúpula gubernamental obsesionada con lo políticamente correcto, y a unos medios de comunicación extra sensacionalistas que ya han conseguido la retirada de varios mangas.

La premisa de la obra de Tetsuya Tsutsui no puede ser más interesante. En una época donde la libertad de expresión parece estar cada vez más restringida, este manga nos demuestra que la hipersensibilidad no es algo exclusivo de Twitter. Habrá quien sea más reticente y piense que al ser una obra de ficción, el autor nos ha situado en un caso extremo, lo cual no es del todo falso, pero la grandeza de este manga va más allá de la anécdota de su contextualización. Ya hemos visto otras obras críticas con la censura o la doble moral que existe en la isla del sol naciente. Prison School o Shimoneta son dos grandes ejemplos. La crítica social es algo evidente y seguramente uno de los principales atractivos de la obra, sin embargo destacaría también una ambientación excelente. Tsutui consigue recrear, a través de una narrativa sublime, todo el proceso que el mangaka debe seguir antes de publicar. Desde las primeras entrevistas, pasando por la construcción de story boards, la posterior edición editorial y finalmente los obstáculos impuestos por empresarios a los que no les importa nada tu trabajo. Esto se ve reflejado a través de unos personajes bastante bien construidos. Uno de los principales partícipes en la trama será Tadamine Higa, el editor de Hibino. Este simpático y regordete personaje se implicará tanto en la obra como si esta fuese suya, llegando a establecer una fuerte relación de amistad con el joven mangaka. En este personaje podemos ver que la frustración a la hora de realizar cambios no es algo que afecte solo al autor. Algo tan minúsculo como que el protagonista fume puede perjudicar la reputación del título, y como consecuencia final reducir el número de ventas. Estas pequeñas restricciones acaban convirtiéndose en un gran problema que incomoda a todo un equipo creativo.

Por motivos que no mencionaré para mantener este artículo libre de spoilers, Mikio Hibino tendrá un encuentro con otro mangaka, que se vio obligado a dejar la industria debido a un escándalo que acabó con la retirada total de su obra. Junto a este tipo llamado Shingo Matsumoto, nuestro protagonista discutirá acerca de la censura, de la hipocresía que gobierna el mercado japonés y también de lo duro y difícil que resulta escribir una obra acerca de temáticas sensibles. Intentar abordar cuestiones tan delicadas como las violaciones o los abusos infantiles puede acabar convirtiéndose en un arma de doble filo, en una sociedad donde ninguna editorial va a sentarse a inspeccionar cual es el verdadero mensaje detrás de la obra.

Ya puestos a reflejar la industria del manga, no podía faltar la presencia de las editoriales internacionales. Otro curioso personaje será Alfred Brown, un gaijin de manual que intentará llevarse la obra al extranjero y le otorgará al debate un punto de vista más occidental, para completar un poco más la experiencia.

Fragmento de la edición francesa de Poison City, donde se ve como censuran un manga.

Bueno, bonito, barato

Respecto al apartado técnico no se puede decir que despunte por su espectacularidad. Sus dibujos son más bien austeros, sencillos, para que no nos distraigamos mucho con ellos y nos centremos en la narrativa que es lo importante. Aun así cabe destacar la fluidez con la que se deja leer, gracias a una estructura de primeros planos que prácticamente nos hacen partícipes en las conversaciones, y también el cambio de tono del dibujo cuando nos introduce en el trabajo de Hibino. Planeta Cómic nos brinda una pequeña edición de tan solo 2 tomos cuyo precio es de 9.95€ y que cuenta con la traducción de Marc Bernabé, el famoso autor del manual lingüístico Japonés en Viñetas.

En resumen, un manga con una buena temática, una mejor ambientación y un dibujo sencillo que te coge de la mano para mostrarte la parte más oscura de la industria del entretenimiento. Hace poco mi compañero (y jefe) Mario Losada trató este tema en un interesantísimo artículo sobre el despido de James Gunn que podéis leer pinchando aquí (hacedlo y así me libro yo también del despido).

Como conclusión tanto en Japón como en España hay quien confunde la crítica social con la apología de. Es algo que conviene aprender a distinguir y eso solo se puede conseguir a través de una comprensión total del sentido de aquello que ves, escuchas o lees. A eso en mi carrera lo llaman Círculo de Schleiermacher. No me hagáis mucho caso, cosas de letras. Lo que está claro es que hoy más que nunca debemos cuidar qué decimos y el modo que utilizamos para expresarlo, pero de vez en cuando no está de más dejar hablar sin tapujos, para luego juzgar por nosotros mismos y no al revés… A no ser que estés en Twitter, entonces cágate en su familia y luego pregunta.



8.0 Valoración final

Lo dicho. Buena temática, mejor ambientación y un dibujo sencillo que busca completar una narrativa muy bien conseguida.

  • GUIÓN 8
  • DIBUJO 7
  • INTERÉS 9
  • User Ratings (1 Votes) 1.9

el autor

Filólogo y friki. Defensor a ultranza del videojuego como arte. Adoro Japón con todo lo que ello implica y mi nombre es una falta de ortografía con más sentido de lo que parece.

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