Reseña de Buenos días tristeza, la novela de 1954 de Françoise Sagan vuelve a la vida de la mano de Frédéric Rébéna y sus viñetas.

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¡Os doy la bienvenida otra semana más a una reseña de cómic! Esta vez es el turno de Buenos días tristeza, adaptación de Frédéric Rébéna de la novela homónima de Françoise Sagan publicada en 1954 y que nos trae Planeta Cómic a España. La obra que nos ocupa no es la primera adaptación a otro medio ya que en 1958 fue llevada al cine de la mano del director Otto Preminger, algo que Frédéric Beigbeder ya apunta en su prólogo.

Buenos días tristeza

Pero antes de analizar el trabajo de Rébéna como autor total a excepción del color, ¿de qué trata este cómic? Cécile tiene diecisiete años y está pasando las vacaciones de verano junto a su padre, Raymond, y la amante de éste, Elsa Mackenbourg. Todo parece ser “perfecto” hasta que Anne Larsen llega al chalet cerca de la playa. Ella querrá instaurar un nuevo orden que hará que la vida de nuestros protagonistas cambie radicalmente, lo cual tendrá consecuencias para todos.

Empecemos por el guion. Buenos días tristeza es una historia de amor y desamor, de engaños y manipulaciones, donde la seducción y el cinismo están a la orden del día. El ritmo narrativo es siempre altísimo, quizás excesivo ya que la acción que sucede entre viñetas puede llegar a resultar algo acelerada en momentos puntuales, como si el autor necesitara contar demasiadas cosas y no tuviera suficientes páginas para hacerlo. En mi opinión, el punto fuerte de este cómic se cimenta en sus personajes.

Nuestros protagonistas no tienen desperdicio. Tenemos a Cécile, la hija y narradora de la obra, a la que parece que solo le importa vivir su vida como ella desea, sin importarle su futuro u obligaciones. Raymond, el padre de Cécile, es un mujeriego y el único objetivo de su vida aparenta ser la conquista de mujeres. Elsa, la amante de Raymond, es bastante más joven que él y es una maestra del arte de la seducción. Por último, tenemos a Anne, que intenta aportar un poco de cordura a lo que sucede allí…

Todos ellos, como conjunto, funcionan a la perfección. Nos sumirán en una especie de hipnotismo que nos hará pasar las páginas sin darnos ni cuenta. Muestran todas las miserias del ser humano sin complejos y es algo que atrapa al lector desde el principio. Cécile y su padre son destructivos, tóxicos en sus relaciones y no muestran remordimientos por ello. Su egoísmo se palpa en casi cada acción, se mueven por interés y no dudan en jugar sus mejores cartas para conseguir lo que desean.

Anne y Cyril, el amor de verano de Cécile, representan la otra cara de la moneda, el irónico complemento perfecto para el padre y su querida hija a nivel narrativo. En mitad de estos dos bloques tendríamos a Elsa, quien se mueve como pez en el agua entre ser víctima y verdugo en un corto espacio de tiempo. Todos ellos, desde el primero hasta el último, nos embaucarán con su juego. Una partida de ajedrez en la que seremos testigos de sus movimientos maestros, sus sacrificios y sus correspondientes repercusiones.

En cuanto al dibujo, Rébéna posee un estilo muy personal. Tiende a ser esquemático y se centra en los elementos esenciales a la hora de representar las diferentes situaciones que nos encontraremos. Los rostros suelen representarse con rasgos muy planos y aspectos como la ropa o las localizaciones son compañeros de viaje de la historia.

Todo esto se traduce en que el nivel de detalle no es muy alto, no es lo que busca el autor en ningún momento aunque es capaz de ir un paso más allá, como muestran algunas de sus viñetas más elaboradas. A algunos puede no gustarle su estilo pero es efectivo en lo que pretende: ayuda al lector a centrar su atención en los elementos esenciales y agiliza la lectura de la obra. Rébéna pone su arte al servicio de la historia de Sagan.

El color corre a cargo de Jean-Luc Ruault. Su labor raya a gran altura. Nos transportará a la costa, la gama cromática es adecuada en todo momento y consigue su objetivo de principio a fin. Tendremos la sensación de notar la humedad del mar y el calor del verano. El estilo y la forma de colorear de Ruault confieren a la obra un aire pictórico muy llamativo, promueven que el lector se sumerja en la historia.

¿Merece la pena Buenos días tristeza? Si os gustan las historias en las que las relaciones personales sean el eje central de la acción, por supuesto que sí. Tanto el dibujo como el color acompañan al guion con un único objetivo, conseguir transportarnos a los largos y calurosos días de verano con el sonido de las cigarras que nos acompaña sin cesar, un sol asfixiante y el mar azul como testigo mudo. Y lo que en mi opinión hace especial a este cómic, un elenco de personajes que nos mantiene pegados a sus páginas hasta el final.

Antes de despedirme, os dejo los enlaces a otras obras de Planeta Cómic que se han reseñado en Las cosas que nos hacen felices como Trilogía del Baztán o diversos cómics de la saga Star Wars. Espero que os haya gustado el artículo. ¡Un saludo y sed felices!

el autor

Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Granada. Desde pequeño, crecí leyendo Dragon Ball y ahora los cómics son una parte fundamental de mi vida gracias a Toriyama. El plan perfecto para una tarde cualquiera es una sesión de cine y una buena serie puede llegar a ser mi perdición si hay demasiadas temporadas disponibles cuando empiezo a verla. Otra de mis pasiones es el baloncesto, no hay nada como ver ganar a tu equipo en el último segundo sufriendo una taquicardia.

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