Reseña de: Cuchillos negros. Muchas incógnitas y pocas respuestas.

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Hace algunos días la editorial The Rocketman Project tuvo la generosidad de ponerse en contacto con nosotros para que realizásemos una pequeña reseña de su trabajo. Antes de nada, para poneros en contexto, es necesario comentar que es una editorial española independiente, especializada en cómic de fantasía y ciencia ficción. Desde Las cosas que nos hacen felices queremos mandar nuestras felicitaciones por su labor ya que, con mucho trabajo y esfuerzo, están logrando ser el altavoz de muchas historias que si no fuera por la difusión que esta plataforma les aporta quizá no llegasen a ver la luz nunca. Su primer trabajo, Las catacumbas de Salem, se financió a través de crowfunding en 2014 y desde entonces no han parado de sacar material tanto en digital como en físico. Vamos a comenzar nuestro ciclo de reseñas con Cuchillos negros, escrito y dibujado por Israel Álvarez:

En la profundidad de un inmenso bosque, repleto de criaturas feroces, tanto mágicas como bestias salvajes, habita Nalōn, un hombre fuerte y musculoso que sobrevive a base de la caza y su capacidad de mimetismo con el entorno. Pero su vida no fue siempre así. Él antes pertenecía a una tribu. Ahora, por cuestiones que desconocemos, deberá regresar a su antiguo hogar. No sabemos con certeza que está sucediendo, pero algo nos lleva a intuir que todo esto puede tener relación con magia, hechicería y muchas artes místicas oscuras. ¿Cuál es el misterio que se esconde entre los árboles del Bosque Perdido? Quizá entre las páginas de este cómic esté la respuesta.

Y digo quizá, porqué es verdad que no lo sabemos. Este cómic es el primero de una saga, de modo que no intentéis salir de aquí con mucha más información de la que os acabo de proporcionar. Cuchillos negros, como buen número de introducción, busca generar más preguntas que respuestas. El problema en este caso es que el equilibrio entre la información que nos ofrece y lo que nos hace reflexionar no está planteado del todo lo bien, ya que hay un exceso de misticismo que puede hacer que el lector abandone por no estar comprendiendo nada de lo que está pasando. Hay muchos frentes abiertos. Por un lado tenemos a Nalōn, un personaje gigantesco, con cara de pocos amigos y un aspecto de feroz guerrero viviendo en medio del bosque por una causa que desconocemos. Por otro un viejo cuyo origen nos es tambíen desconocido y que insiste en que debe regresar a su hogar, pero sin explicar cómo, cuándo ni porqué. A su vez se nos presenta al padre de nuestro guerrero que, por algún motivo también desconocido, parece no estar muy contento con su primogénito. A todo esto que de vez en cuando la historia se interrumpe para otorgarnos viñetas sobre una especie de vieja bruja y un misterioso lobo solitario. Demasiados cabos sueltos. Está bien querer ser misterioso en una primera entrega, pero si no le ofreces al lector algo a lo que agarrarse, algún hilo del que tirar, se hace difícil seguir avanzando.

En lo que respecta al dibujo, tiene un estilo y una personalidad muy distinguida. El universo está bien conseguido y se nota que han trabajado bastante el diseño de los personajes. En mi opinión se podría haber complementado con algo de color, ya que está entera en blanco y negro con tonos grises. Considero que en una obra en la que la naturaleza es tan importante, poder distinguir los colores y las tonalidades resulta fundamental. Soy consciente de la dificultad y coste que supone contratar a un colorista, por ello no he criticado este aspecto en otras obras españolas como por ejemplo El Vosque. En la obra de Laurielle y Morán, lo que prima no es tanto el dibujo como el guion. Su universo está construido de manera que el dibujo es un complemento perfecto para un guion muy trabajado, lo que le deja espacio para brillar y deslumbrarnos con su diseño de personajes.

El principal defecto que tiene esta obra es a la vez su mayor virtud, y es que el hilo conductor pretende ser el dibujo en sí. Al principio del cómic podemos ver como una especie de druida oscuro conjura un hechizo en un caldero del que emana humo. De igual manera, a lo largo de todo el cómic podremos comprobar como este rastro de humo se encuentra presente en todas partes, naciendo muchas veces de los personajes. Sin embargo, el blanco y negro provoca que confundamos este humo mágico con el calor corporal de los personajes, con los suspiros, con las nubes y así un largo etcétera. Da la sensación de ser un aire espeso, casi como masa de churros, en lugar de sentirse liviano y transparente. Esto carga mucho las viñetas, ya que está claro que el valor argumental de este humo es importante, pero acaba resultando cargante y confuso.

Así pues, muchas incógnitas y mucho que descubrir del universo de Israel Álvarez, a quién debemos reconocerle el mérito de crear la obra entera. No todo el mundo tiene la capacidad de dibujar y crear una buena historia, son pocos los que se atreven a hacer las dos cosas. Todavía nos queda mucho que descubrir de su universo. Veamos hasta donde es capaz de llevarnos en este intrigante viaje.



el autor

Filólogo y friki. Defensor a ultranza del videojuego como arte. Adoro Japón con todo lo que ello implica y mi nombre es una falta de ortografía con más sentido de lo que parece.

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