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Retro-Análisis: Mulholland Drive (2001), entendiendo la historia de amor en la ciudad de los sueños de David Lynch.

El 15 de enero de 2025 falleció David Lynch, uno de los directores más especiales de la historia del cine. Insobornable a lo largo de casi (ahí está la Dune de 1984) toda su carrera, Lynch es la prueba de que el cine puede contar grandes historias pero, ante todo, es un arte puramente visual. Y ningún director ha aunado clasicismo y surrealismo como David Lynch. Por ello, en este particular homenaje voy a desgranar una de sus películas más conocidas, crípticas y misteriosas de toda su carrera. Mulholland Drive.

Nuestro adiós a David Lynch. 

Antes de analizar psicológicamente una obra tan aparentemente compleja como Mulholland Drive nos toca introducir el germen de la que es considerada por la revista de crítica cinematográfica Sight & Sound como la mejor película del siglo XXI.

A finales de los 90, David Lynch era una de las figuras más respetadas y radicales del cine norteamericano. Un director de puesta en escena clásica (ahí están las magistrales El hombre elefante y Una historia verdadera), pero narrativa radical (la perversión que esconde la sociedad americana en Terciopelo azul, Corazón salvaje o Twin Peaks). Sin embargo, en 1997 Lynch dio un paso más allá. Ya no le interesaba tanto el lado oscuro de la sociedad norteamericana como el del ser humano. Y qué mejor manera de reflejarlo que sumergirse en la mente de este en la única Carretera Perdida, primera entrega de una trilogía que completarían Mulholland Drive e Inland Empire, su última película.

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David Lynch no cierra los ojos, mira hacia su interior.

Tras el éxito de Twin Peaks, Lynch recibió la financiación para una nueva serie que se acabó desechando por ser “demasiado rara”. Manda huevos. Como si no conocieran a quién lo dirigía.

De ese episodio piloto descartado nació Mulholland Drive, con sus múltiples personajes y tramas inconexas al que intentó (y consiguió) dar sentido en su tramo final.

Aunque claro, esta es mi interpretación de una película-prisma, que cambia en función de quién la mire y que el propio director ha negado toda explicación.

O mejor dicho, casi niega. Porque la escueta frase con la que resumió Mulholland Drive es la clave para entender una película más sencilla de lo que aparenta en realidad.

“Una historia de amor en la ciudad de los sueños”.

A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS DE LA TRAMA DE MULHOLLAND DRIVE.

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Si tomamos “la ciudad de los sueños” de forma literal, obtendremos la explicación más lógica de Mulholland Drive y la que menos cabos sueltos deja durante la trama.

Básicamente, los dos primeros tercios de la película son el sueño de Diane, una actriz fracasada y enamorada de Camilla, la protagonista de una película en la que actúa, que no solo no le corresponde sino que se va a casar con el arrogante director de la misma.

Envenenada de celos e incapaz de sentir ningún placer que no venga de ella (como retrata la dolorosa escena de la desesperada masturbación), decide contratar a un asesino a sueldo para que mate a Camilla. Este le responde que, cuando termine el trabajo, dejará una llave azul en su propia casa.

Todo esto lo vemos de forma fragmentada, con saltos hacia adelante y hacia atrás, en el último tercio de película, único que ocurre en la realidad.

Por lo tanto, todos los personajes que vemos en el tramo del sueño aparecen en el último tercio de una u otra forma, al igual que la mayoría de las localizaciones.

Así que comienzo a analizar el sueño de Mulholland Drive. O, mejor dicho, la realidad deseada de Diane.

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Rita, el objeto de deseo ideal.

La película comienza con Rita (Laura Elena Harring) en un coche cuando tiene un accidente, el que desencadena la película “soñada” de Diane. Esta escena es exactamente igual que la de Diane antes de ir a la fiesta de Mulholland Drive, la que desencadena su propia película “real”.

Diane es Betty (Naomi Watts) una joven y talentosa aspirante a actriz que ha viajado a Hollywood para conseguir el estrellato.  Y se llama Betty porque es el nombre de la camarera que le atiende en el bar donde contrata al asesino a sueldo.

Ella alquila un apartamento cuya casera es, en la realidad, la madre del director de cine que se va a casar con Camilla.

El sueño continúa con una de las escenas más desconcertantes y míticas de la película, tanto por su aparente desconexión de la trama principal (una actriz que ayuda a una amnésica a recuperar su memoria) como por su escalofriante terror a plena luz del día.

Un hombre que le cuenta a su compañero (o terapeuta) en una cafetería (siempre es la misma cafetería, aquella en la que Diane contrata al asesino) que ha tenido un sueño en el que ellos están en esa misma cafetería, salen de allí y terminan encontrándose con una figura horrible que le da un susto de muerte. Sueño que se va haciendo realidad a medida que avanza la escena.

Aunque aparentemente no tiene nada que ver con la trama principal, el hombre que cuenta (y hace realidad) su sueño es el único testigo de la conversación entre Diane y el asesino.

Es un inciso, una cuña, al inicio de una trama de intriga aparentemente clásica protagonizada por dos heroínas que le hace ver a la Diane soñadora y a nosotros mismos que, por mucho que sueñe, al final va a despertar con una realidad (una figura) horrible. La culpa. Por mucho que sueñe, cuando despierte Diane habrá matado a Camilla.

Posteriormente, el sueño se complica con la aparición de Adam, el director de la película, aquí continuamente humillado por la mafia, productores que le imponen a una actriz llamada Camilla (el nombre de la persona de la que está enamorada se convierte en el de una actriz sin talento impuesta por la mafia), por su mujer y por sus finanzas. Un vaquero (que también está en la fiesta de Mulholland Drive donde el director le pide matrimonio a Camilla) es el que le obliga a aceptar la petición de la mafia.

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El director patético

Aquí se refleja el deseo de Diane de que al egocéntrico director que se va a casar con Camilla le vaya peor que a Corea del Norte en un campeonato de democracia.

La trama onírica prosigue con la aparición del asesino a sueldo, contratado para matar a una persona pero cuya torpeza acaba derivando en tres muertes. Refleja el deseo de Diane de que el asesino, realmente, no mate a Camilla. Que sea lo suficientemente torpe como para evitar lo inevitable.

Tomando un café en la omnipresente cafetería, Rita ve el nombre de Diane en la identificación de la camarera. Igual que Diane ve el nombre de Berry en esa identificación. Con dos escenas idénticas, Lynch nos revela, sin explicárnoslo abiertamente, que Diane y Betty son la misma persona.

Betty se aparta por unas horas de la investigación para acudir a una audición donde borda su lado más sexual (durante toda la película es una investigadora cándida) y obtiene el papel. Después de eso coincide por un segundo con Adam, el director que acepta a Camilla, la actriz impuesta por la mafia. Ella tiene el rostro de la amante de la Camilla real. Aquí todos son miserables menos Betty (Diane) y Rita (Camilla, la mujer que le ha roto el corazón).

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El casting, el sentirse deseada

Las heroínas localizan a Diane, un cadáver que lleva varios días en cama con la cara desfigurada. Igual que una actriz conocida del cine mudo que llegó a Los Ángeles buscando el estrellato y acabó encontrando la muerte. Como la Diane real.

Esa noche, las dos hacen el amor con la banda sonora de los te quiero de Betty y el silencio de Rita.

A las 2 de la mañana, Rita despierta e insiste en llevar a Betty al club Silencio, donde se lleva a cabo un misterioso espectáculo que insiste en que todo es una ilusión. Durante la función, la solista Rebekah del Río canta una bellísima canción que rezuma verdad por los cuatro costados hasta que se desploma y se descubre que, efectivamente, todo es una ilusión. Porque la solista estaba haciendo playback. Todo es un engaño, incluso lo que estamos viendo.

En ese momento, las dos rompen a llorar. El sueño se acaba.

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Betty encuentra una caja azul dentro de su bolso. La llave azul, que tiene su sentido en la vida real (la confirmación del asesinato de Camilla), encuentra su propio sentido en el sueño de Diane.

Una vez despierta y sumida en los remordimientos, Diane se suicida. En su caso, y en el Mulholland Drive, la vida es, y solo es, sueño.

Con las sucesivas revisiones de una película que siempre tiene detalles que aportar, puedo ofreceros otra interpretación que deja más cabos sueltos, pero que es igual de desoladora que la anterior. O más.

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La verdadera Diane

Retomando la frase de Lynch, Mulholland Drive es “una historia de amor en la ciudad de los sueños”.

Si la primera interpretación trata la ciudad de los sueños de forma literal, en esta lo vamos a interpretar de forma metafórica. La ciudad de los sueños: Los Ángeles.

Así, las dos primeras partes de la película muestran a una aspirante a actriz y a una joven amnésica que se enamoran, pero en la tercera parte vemos cómo la joven rescatada le ha robado el papel a la aspirante y se ha terminado liando con el director, destrozando así la carrera y el corazón de la persona que la salvó.

De una forma u otra e intentándola entender con más o menos lógica, Mulholland Drive es una de los retratos más crueles de Hollywood como fábrica de juguetes rotos. Pero, sobre todo, es la historia de una vida que, como tantas otras, intentó perseguir un sueño y solo lo consiguió cuando soñaba.

Sed felices.

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Comecocos. Intento aprender como si viviera para siempre y vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.
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