Un director proveniente del cine independiente como Doug Liman fue, allá por 2002, el encargado de redefinir el género de acción a partir de El Caso Bourne (The Bourne Identity, 2002), película que, protagonizada por Matt Damon, no solo daría inicio a una exitosa saga sino que además influiría sobre mucho de lo que se haría de allí en más. Hoy, en nuestra sección de retro-análisis, la revisitamos…
Suele decirse que lo que empieza mal, termina mal. O algo así, no sé, pero quien lo haya dicho no habrá visto El Caso Bourne (The Bourne Identity, 2002), película dirigida por Doug Liman y conocida en ciertos países como Identidad Desconocida o La Identidad de Bourne. Porque el filme protagonizado por Matt Damon quizás sea el mejor ejemplo en contrario…
Decir que la preproducción y el rodaje fueron caóticos es poco y sin embargo el resultado no solo fue altamente satisfactorio sino que además marcó tendencia para el cine de acción que vendría después. El filme está basado muy vagamente en la novela homónima de Robert Ludlum que, publicada en 1980, es considerada una de las mejores del género de espionaje y ha dado inicio a una trilogía que, tras la muerte del escritor, fue continuada por otros once libros a cargo de Eric Van Lustbader.
El proyecto de llevar la novela a la pantalla nació al año siguiente de publicada, pero diversas circunstancias lo fueron retrasando y a lo que más se llegó fue a una adaptación televisiva que, producida en 1988 por Warner para la cadena ABC, tuvo como actores principales a Richard Chamberlain y Jaclyn Smith (único “ángel de Charlie” sobreviviente a todas las formaciones del trío en la serie de los setenta y ochenta). Dirigida por Roger Young, tuvo buena recepción y hasta una nominación al Emmy en la categoría “miniserie destacada”, pero la adaptación cinematográfica seguía esperando…
Fue en 1996 y coincidiendo con el rodaje de su película Swingers, que Doug Liman mostró interés en el proyecto, sobre todo por tratarse de una novela de la cual era fan desde su adolescencia. Pero los derechos estaban en manos de Warner y no se pudo hacer nada hasta que los mismos fueron adquiridos por Universal Pictures, a cuyos ejecutivos interesó particularmente la combinación de director independiente y cine comercial de género.
La novela original se ambientaba en plena guerra fría, realidad que ya había cambiado y había, por lo tanto, que reorientar la trama para hacerla más acorde a los tiempos. Ello implicó importantes cambios, tanto que la película acabó solo basándose muy vagamente en el libro y aun así el autor dio su aprobación para que la historia, según dijo, pudiese llegar a nuevas generaciones: lamentablemente falleció en 2001 y no llegó a ver el estreno…
El guion fue pasando por distintas manos. Liman quería inicialmente a Tony Gilroy (Pasión por el Triunfo, Pactar con el Diablo, Armageddon), pero a este no le gustaban las novelas de Ludlum. Fue entonces por David Self, pero su guion, demasiado fiel al libro, no satisfizo al director, que fue nuevamente en busca de Gilroy y esta vez logró convencerlo al decirle que no quería que adaptara la novela (ni tan siquiera que la leyera), sino que trabajara a partir de una idea suya propia e inspirada en la película alemana Corre, Lola, Corre (Tom Tykwer, 1998).
La razón por la cual Liman quería una historia diferente no respondía solo a ajustarla a los tiempos sino también a dejar una crítica hacia la política exterior de Estados Unidos por esos días: su propio padre, de hecho, había sido abogado principal en la investigación del Senado sobre el escándalo de venta ilegal de armas a Irán durante la presidencia de Ronald Reagan.
Russell Crowe, Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y Tom Cruise fueron considerados para el papel principal, pero la balanza pareció finalmente inclinarse en favor de Brad Pitt. Compromisos con el rodaje de otra película, sin embargo, terminaron impidiendo la presencia del actor (aunque terminaría trabajando para Liman unos años después en Sr. y Sra. Smith) y así fue cómo se cayó sorpresivamente en Matt Damon, de probada capacidad actoral en filmes como Legítima Defensa (Francis Ford Coppola, 1997) o El Indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997), pero ajeno por completo al género. La apuesta era arriesgada…

Y los problemas seguían a la orden del día. Por el embarazo de su esposa, el productor Richard N. Gladstein se bajó del proyecto con el rodaje ya iniciado y debió ser reemplazado por Frank Marshall. El propio Matt Damon debió conciliar sus tiempos de rodaje con otras dos películas que estaba filmando y, para colmo de males, llegaron los atentados del 11 de septiembre de 2001, un contexto en el cual no parecía oportuno sembrar desconfianza sobre la ética de las agencias gubernamentales ni tampoco, como era el plan original, terminar la película con una gran explosión.
Contra viento y marea, sin embargo y después de tantos retrasos, la película acabó estrenándose el 6 de junio de 2002 y fue todo un éxito…
La Historia
En pleno Mediterráneo y unos cien kilómetros al sur de Marsella, un barco pesquero encuentra flotando a un hombre inconsciente (Matt Damon), aunque sorprendentemente todavía vivo. Tiene heridas de bala en la espalda y, curiosamente, también una cuenta en un banco de Zurich, Suiza, tal como revela un chip que lleva inserto en la cadera.
Al despertar, es presa de un ataque de locura y no recuerda absolutamente nada sobre su identidad, como si la memoria le hubiese sido borrada de manera selectiva. Puede recordar cómo luchar o conducir un automóvil, pero no quién es, cómo terminó en el mar o por qué lleva un chip en el trasero.
Logrando llegar a Zurich con algo de ayuda económica, encuentra documentos y pasaportes con diferentes nombres, lo cual evidencia que cumplía en el pasado alguna función secreta. En efecto, la CIA lo anda buscando para matarlo porque, según parece, Jason Bourne, tal su nombre original, integró un programa secreto llamado Treadstone y fue parte de una fallida misión para asesinar a un dictador africano. Las razones del fracaso de la misma acabarán explicando por qué quieren eliminarlo, sumado a que no puede quedar cabo suelto.
En el Consulado de Estados Unidos, se encuentra con Marie (Franka Potente), una joven con problemas financieros a quien le paga para que le lleve en su auto a París, pero al hacerlo la convierte también, de manera colateral, en otro objetivo a eliminar para quienes le andan a la caza.

No quiero contar mucho más sobre la trama, pero huelga decir que se viene una historia a puro suspenso, acción, adrenalina, peleas, tiros y persecuciones épicas, incluyendo una de antología por las calles de la capital francesa.
La Mano del Director
Como hemos dicho, Doug Liman venía de un cine más independiente o de autor, siendo buenos ejemplos las interesantes Swingers (1996) y Viviendo sin Límites (1999). Podía por ende temerse un desastre, pues no han sido pocos los que se han dado de bruces contra el suelo al querer pasar de un cine más lírico a otro más comercial: no fue el caso de Liman…
El Caso Bourne es una película que logra instalar al personaje creado por Robert Ludlum en un contexto diferente al de la ya caduca guerra fría que hacía de marco a la novela original. Y lo hace gracias a un director que no se resigna a perder su toque personal, así como sobre la base de un mayor realismo que, a diferencia de mucho del cine de acción de décadas previas, hace especialmente creíbles las escenas de persecución o lucha.
No es que la historia del agente enfrentado en soledad contra su propia agencia (y hasta contra el sistema) fuera algo totalmente nuevo. De hecho, no he escuchado ni leído a nadie destacar la fuerte influencia que sobre el filme tiene El Profesional (Georges Lautner, 1981), clásico francés de acción que en su momento marcara época protagonizado por Jean Paul Belmondo. Es cierto que no había allí amnesia alguna, pero sí un agente enviado a asesinar a un dictador africano que, tras quedar trunca su misión, se las apañaba para sobrevivir en las sombras y enfrentarse en soledad a la agencia gubernamental de la cual antes formara parte.
No es la originalidad lo que distingue y da un toque especial a El Caso Bourne sino su frenética narrativa fundada especialmente en un guion muy ágil, pero también y de modo especial en la mano artesanal de un director que se advierte en cada escena y redefine desde la estética a todo un género. Para imprimir nerviosismo y contagiar adrenalina al espectador, Liman filma las escenas de acción con múltiples cámaras que van cambiando todo el tiempo y además recurre de manera especial a la cámara en mano, a veces incluso manejada por él mismo para conseguir una mayor compenetración con los actores y la historia.
Ese recurso, precisamente, se convirtió en sello tan inconfundible de la película que aun cuando Liman no estuviera presente como director en ninguna de las secuelas (sí como productor), volvería a ser utilizado al punto de la exageración (y por momentos hasta de manera algo molesta), sobre todo en la segunda y tercera película, dirigidas ambas por Paul Greengrass.
La fotografía, por su parte, sabe aprovechar muy bien el marco de ciudades como París o Praga (que hace las veces de Zurich), lo cual consigue especialmente al hacer girar la cámara trescientos sesenta grados en torno a los personajes para ubicarlos en contexto. Y a pesar de ser un filme americano, hay muchos elementos que remiten al europeo, particularmente en algunos planos y pinceladas a lo Luc Besson, director en su momento señalado como principal responsable de “americanizar” al cine francés, pero que paradójicamente reinfluenció luego al americano, sobre todo con sus personajes moralmente ambiguos y entrenados como máquinas de matar por programas especiales.
Las escenas de lucha son también grandiosas y especialmente las persecuciones de autos: la que se da por las calles de París es inolvidable, con el Austin a toda velocidad y a contramano del tránsito o bajando escalinatas. No en vano mi compañero Juanma la incluye entre las diez mejores persecuciones de la historia del cine y, de hecho, pasó a ser de allí en más regla de la franquicia que en cada nueva película hubiera al menos una o dos por película, de auto o de moto y siempre deslumbrantes, pero ninguna como esta…

El Elenco
Al mencionar los puntos altos de la película no se puede, desde luego, dejar de soslayar el gran trabajo de Matt Damon adaptándose a un género que le era hasta entonces extraño, pero que le calzó como anillo al dedo y abrió prácticamente el camino a otros actores y actrices que darían también ese salto, como Liam Neeson, Kate Beckinsale, Denzel Washington o Charlize Theron, por nombrar algunos. Su compromiso con el personaje fue tal que quiso hacer él mismo las escenas de lucha y también algunas de las de mayor riesgo.
El de Jason Bourne es, por cierto, es un personaje con el cual empatizamos y terminamos por momentos olvidando que es un asesino profesional. Y al recurrir a la pérdida de memoria como recurso argumental, no nos termina de quedar claro si había ya en su personalidad elementos que le hicieran merecedor de redención o, por el contrario, los mismos aparecieron al reconstruirse a sí mismo: la eterna pregunta existencialista sobre qué somos o qué nos define realmente…
Y si hablamos de actuaciones, está muy bien secundado por Franka Potente en el papel de Marie, la muchacha que viene de ser estafada con un alquiler y que lo termina ayudando. Inicialmente Liman quería para ese rol a Sarah Polley, que ya había rodado a sus órdenes en Viviendo sin Límites, pero ante la negativa de la canadiense, terminó por recurrir a la alemana que protagonizara la ya mencionada Corre, Lola, Corre, una de sus películas favoritas.
No podemos saber cómo hubiera quedado la película con Polley, pero Potente dio el personaje justo y se complementó a la perfección con Damon. Buena parte de la fuerza de la historia reside en esa dupla fortuita, una relación nacida de manera por completo casual y en la que se pueden encontrar resabios de otra película ligada a París, como Frenético (Búsqueda Frenética para América Latina), filme de Roman Polanski de 1988 en el cual había una situación parecida entre los personajes interpretados respectivamente por Harrison Ford y Emanuelle Seigner.
Por detrás de la dupla, hay un Chris Cooper que, eternamente condenado a hacer de villano, da de perlas con el papel de Alexander Conklin, jefe del programa Treadstone, y algo más desaprovechados en calidad de antagonistas están Brian Cox como subdirector de la CIA y Clive Owen como el francotirador profesional al que llaman “el Profesor”: ambos hubieran merecido más minutos en pantalla más que los que tienen…

La Música
Para la banda sonora, se había contratado inicialmente a Carter Burwell (colaborador frecuente de los hermanos Coen) con la idea de que compusiera una partitura orquestal. Y en efecto así lo hizo, pero también la música sufrió cambios brutales durante el rodaje y a último momento Liman prefirió una más electrónica con sintetizadores, loops, secuencias, samplers y mucho midi, trabajo encargado contrarreloj a John Powell.
Hay de todos modos una pieza de orquesta al inicio, pero rápidamente cambia hacia sonidos más propios de la época, sin perjuicio de interesantes momentos de piano, percusión o guitarras funky que reaparecen cada tanto. No es que sea un soundtrack memorable pero calza perfecto con lo frenético de la historia y la obsesiva secuencia programada que se deja oír durante buena parte de la película ha ejercido clara influencia sobre posteriores bandas sonoras, tanto en cine como en series: Stranger Things, sin ir más lejos…
La música originalmente compuesta por Burwell, no obstante y a pesar de ser descartada, fue utilizada en los avances oficiales del filme, no se sabe si para compensar de algún modo al músico o por el repentino cambio de compositor a último momento. De hecho, Burwell aparece también en los créditos aun cuando no haya una sola nota compuesta por él.
Pero no se puede dejar de mencionar, desde luego, el tema Extreme Ways de Moby, que funciona como cierre tanto en esta como en el resto de las películas de la franquicia y cuyos violines sampleados del comienzo nos indican siempre en qué momento estamos llegando al final. Aun cuando no haya sido compuesta para las películas, es casi imposible hoy despegar la canción de la imagen de Jason Bourne. Consciente de ello, el propio Moby regrabaría nuevas versiones para la tercera, cuarta y quinta película (en las dos primeras se utilizó la versión de estudio original que aparece en el álbum 18).
Valoración y Legado
Como hemos dicho, lo que hace original a El Caso Bourne no es tanto el contenido como la forma. Ya había historias de “uno contra el mundo” en las cuales un agente secreto caído en desgracia se enfrentaba a su propia agencia o a sus ex mentores, pero el modo en que está contada y el planteo estético novedoso y disruptivo para el género hacen a esta y a las restantes películas de Jason Bourne altamente influyentes sobre el cine de acción de este primer cuarto de siglo.
De algún modo, El Caso Bourne venía a dejar atrás la época de los héroes omnipotentes que siempre sobraban la situación y nunca temían a nada para dejar paso a otros mucho más inseguros e inmersos en dudas y conflictos, camino que quizás ya otros géneros habían tomado antes del cambio de milenio, pero decididamente no el de acción.
Imposible, de hecho, no reconocer la influencia de Jason Bourne sobre los filmes de James Bond de la etapa Daniel Craig o de la saga John Wick, en donde la estética adquiere un lugar tan especial que da lugar a una impensada combinación entre cine de autor y de acción. Y si desean saber más, les dejo este interesante artículo de nuestra web que hace un análisis del nuevo cine de acción a través de la saga de Jason Bourne.
La película, como hemos señalado, tendría otras cuatro secuelas (más otra en camino), en general bastante dignas, pero que a mi modesto entender no superan a la primera (hay quienes piensan que sí). Matt Damon volvería pues a dar vida al personaje en La Supremacía de Bourne (2004) y en El Ultimátum de Bourne (2007), para luego estar ausente en El Legado de Bourne (2012) y retomar en Jason Bourne (2016), de la cual pueden leer aquí nuestra crítica. Y si no quiero extenderme demasiado sobre la saga es porque podría dar lugar a nuevos retro-análisis en el futuro.
De momento, solo queda recomendarles meterse de cabeza en el mundo Jason Bourne si es que aún no lo han hecho y de mi parte decir que si alguna vez llego a perder la memoria, espero que me encuentren en el culo un chip anoticiándome de que tengo una cuenta en Suiza.
Hasta la próxima y sean felices…



