Si Lo que el viento se llevó es o no el inicio de la etapa dorada de Hollywood puede llevar a una discusión más o menos larga. Unos dirán que la misma tuvo lugar a partir de los años 50, otros que antes, que fue la de los 40 y, como siempre digo, para opiniones, colores. A mi parecer a partir de los años 40 del siglo pasado y durante al menos veinte años, la excelencia de la industria americana alcanzó cinematográficamente su cénit. Y una de las películas de las que podemos decir que hicieron que ese fenómeno ocurriera es sin duda Lo que el viento se llevó.
Qué nos cuenta Lo que el viento se llevó
Scartett O’hara (Vivien Leigh) vive en la opulencia de una plantación de Georgia llamada Tara. Su vida tranquila y llena de lujos da un vuelco de ciento ochenta grados cuando estalla la guerra entre el norte y el sur, evento que destruye justamente su estatus social y el de muchas familias sureñas. Y, mientras ello ocurre, su obsesión amorosa (e inalcanzable) por Ashley Wilkes (Leslie Howard) y su tumultuosa relación con Red Buttler (Clark Gable) marcarán su destino y el de las personas que la rodean.
Qué la hace especial 87 años después de su estreno
Se dice pronto el que una película tenga 87 años y siga siendo tan magnética para quien la descubre, o como yo, la revisione y le siga enamorando. Las razones serían muchas y trataremos de descubrirlas en esta maravilla del séptimo arte.
Personajes que son iconos del cine. Es evidente que el núcleo de esta epopeya cinematográfica es el personaje de Scarlett O’hara, interpretado de manera magistral por una magnética Vivien Leigh. Es imposible no enamorarte de su vitalidad, de su inmadurez, de sus caprichos. Leigh construye un personaje con un coraje a prueba de bombas que, a medida que avanza la trama de la película basada en la novela de Margarett Mitchell, demuestra tener muchos matices. Solo por ese personaje ya vale la pena ver las casi cuatro horas de metraje.
Scarlett es caprichosa, vanidosa, inmadura, egoísta y sobre todo manipuladora. Todo eso lo percibimos al conocer al personaje pero, a medida que discurren los eventos y, específicamente, la guerra, vemos sus defectos mutar hacia virtudes más que destacadas. Su voluntad de resistencia y de supervivencia, sumadas a su tenacidad por recuperar lo que antaño fuera Tara, hacen de Scarlett uno de los personajes más importantes ya no solo de la película sino de la historia del cine.
El contrapunto de Scarlett es el cínico, aventurero y pragmático Rhett Butler en manos de un maravilloso Clark Gable. Su personaje y el de Scarlett chocan desde el minuto uno en una batalla de voluntades que tendrá encuentros y desencuentros a medida que avance la historia. De hecho, Rhett es el único que sabe ver a través de las máscaras de Scarlett y, en consecuencia, también el único que en verdad sabe cómo es realmente ella. Se establece entre ambos un juego de seducción y orgullo que desencadena en uno de los finales más dramáticos de la historia del cine.
Y Mammy, por supuesto. Cómo olvidarnos de Mammy en la piel de la actriz Hattie McDaniel cuando fue esta la primera actriz afroamericana en ganar el Oscar de la Academia. Aunque su papel pueda parecer secundario en la historia que la película cuenta, el mismo refleja bien la importancia que tienen los mal llamados actores o actrices de reparto, sin los cuales no podríamos destacar ni esta ni otras producciones cinematográficas.
Su rol de «chacha» de la família O’Hara y su relación con Scarlett (míticos esos momentos en los que le reprende por sus travesuras) es el de un personaje que nos acompaña a lo largo de la historia que acontece en pantalla y cuyo aporte es a mi entender vital en varios momentos de la trama.

Aspectos que la convirtieron en icono del cine
Technicolor. Esta es la palabra que define el aspecto visual de esta película. La fotografía de Ernest Haller, quien sería después conocido, entre otras producciones, por Alma en suplicio (Mildred Pearce, 1945) o Rebelde sin causa (Rebel without a case, 1955), destaca por esos planos de amaneceres encendidos, atardeceres saturados por un rojo sangriento o la espectacular escena de la quema de Atlanta donde varios estilos fotográficos se conjuraron para ofrecer a los espectadores un momento inolvidable.
El diseño de producción de William Cameron Menzies otorga categoría de obra pictórica a cada uno de los encuadres y composiciones, como esas vistosas escenas de coloridos bailes y maravillosos vestuarios que muestran tal paleta de colores que con una paleta de colores tal que parece imposible contar cuántos distintos hay en pantalla. Los escenarios de Tara, la mansión donde viven Rhett y Tara o la pasión por los detalles en la ambientación hacen de Lo que el viento se llevó un hito del cine.
Por otra parte, si algo es reconocible para quien ve esta película desde el minuto uno es la banda sonora de Max Steiner, sin duda, uno de los mejores compositores de bandas sonoras de la historia del séptimo arte. El famoso e inolvidable » Tema de Tara» es inconfundible para quien la haya escuchado una sola vez y destaca por encima de una banda sonora que está llena de emoción y dramatismo.
Y el trabajo que como director hace Victor Fleming, obviamente, es uno de los aspectos principales de esta producción de casi 240 minutos. Su buen hacer dirigiendo este gigante en forma de celuloide y su equilibrio entre el drama y los elementos épicos son elementos más que remarcables.

El mensaje que transmite Lo que el viento se llevó
La lucha por la supervivencia que transmite la película sigue vigente hoy en día en una sociedad muchas veces fracturada por las diferencias sociales que la atraviesan. La resiliencia del personaje de Scarlett y su obsesión por recuperar ya no solo su status social anterior, sino también, e incluso más, el orgullo de pertenencia a la tierra que la vio nacer, nos da el mensaje de que no hay nada más importante que los valores relacionados a la familia y, justamente, a la propia tierra.
Podemos recomendar esta película a quien quiera conocer cuáles fueron los comienzos del star system, de las estrellas hollywoodienses, del poder de los estudios y de una de las mejores décadas del cine clásico como es la de los 40. Sí, esta película se estrenó en 1939, pero se puede englobar sin ningún problema dentro de lo que se definió como cine clásico en la década siguiente.
Sus estrellas Leigh y Gable fueron y serán siempre iconos por lo que representaron al protagonizar una de las mejores y más emblemáticas producciones de la historia del cine, una que, por cierto, se alzó con nada menos que diez premios Oscar (ocho competitivos y dos honoríficos), incluyendo mejor película, director, actriz principal y actriz de reparto .
Os dejo, por si os interesa, otra review referida a otro gran filme que es también parte de la historia del cine: Ben – Hur (1959), con Charlton Heston. AQUÍ.



