Hacemos hoy repaso de Match Point (2005), también conocida según países por su traducción literal Punto de Partido o como La Provocación. Película aguda y sin concesiones con la cual, cambiando New York por Londres y tras una serie de fracasos de taquilla y desencuentros con la crítica, Woody Allen volvía a su mejor forma con Jonathan Rhys-Meyers y Scarlett Johansson en los papeles principales.
A principios de la década de 2000, la cosa estaba difícil para Woody Allen. No por el mediático escándalo de la relación con su hija adoptiva, que ya venía de 1992 y no había dado lugar a denuncia ni acción penal alguna, sino por la financiación de sus filmes que, más allá del pendular respaldo de la crítica, no venían dando buenos resultados en taquilla y tenían cada vez menos cabida en una industria hollywoodense volcada a la gran producción. En ese contexto, decidió mudar a Londres el rodaje de Match Point (2005), de cuyo estreno se cumplieron en noviembre veinte años.
Si algo siempre fue Allen es prolífico. No en vano cuenta en su haber más de cincuenta largometrajes, además de aquellos en los que actuó sin dirigir más sus obras teatrales. Y se mantuvo hasta 2017 rodando prácticamente uno por año y a veces dos, de los cuales la mayoría recibieron elogios por su enfoque inteligente que lograba magistralmente combinar humor y existencialismo entre diálogos memorables y, por supuesto, mucho psiconálisis.
Pero el nuevo milenio venía con otros aires y sus películas calzaban cada vez menos. Match Point era un proyecto que pensaba rodar originalmente en Los Hamptons, destino estival predilecto de las clases altas neoyorquinas al sudeste de Long Island. Pero acabó llevando el guion a Londres, donde consiguió de parte de BBC Film el apoyo financiero y artístico que su país le negaba.
La idea era que la película fuera protagonizada por Kate Winslet, pero la actriz británica se bajó a una semana de comenzar el rodaje para dedicarse full time a la maternidad, habida cuenta de que acababa de tener un hijo con el director Sam Mendes. Ello hizo que Allen fuera en busca de Scarlett Johansson que, con solo veintiún años, había ya ganado reputación a los trece con su papel en El Hombre que susurraba a los Caballos (1998) y recibido más recientemente amplios elogios por su actuación en Lost in Translation (2003, aquí retro-análisis), que le valió un Premio Bafta y que la directora Sofia Coppola la definiera como “una nueva Lauren Bacall”.
Jonathan Rhys-Meyers, en tanto, era un joven actor irlandés en ascenso de cierto ruedo en la filmografía de su país o del Reino Unido con títulos como Michael Collins (1996), Velvet Goldmine (1998), Titus (1999) o Quiero ser Beckham (2002), pero sus papeles más recientes eran el de Casandro para la megaproducción multinacional Alejandro Magno (2004), dirigida por Oliver Stone, y el de Elvis Presley para la miniserie de CBS que, titulada simplemente Elvis (2005), se estrenaría unos meses después que Match Point valiéndole al actor un Globo de Oro por su trabajo.
La producción corrió por cuenta de Letty Aronson, hermana de Woody que venía ya trabajando con él desde Balas sobre Broadway (1994), junto a los británicos Gareth Wiley y Lucy Darwin, quien acreditaba en su haber 12 Monos (1995). La fotografía quedó en manos del también británico Remi Adefarasin que, si bien debutante para la filmografía de Allen (repetiría en Scoop), había ya ganado notoriedad con su nominación al Oscar por su trabajo en Elizabeth (1998), siendo en la historia de la Academia el primer afrodescendiente en ser nominado en tal categoría.
Con respecto a la banda sonora, el director decidió esta vez prescindir de los climas jazzísticos o de “big band” tan clásicos de sus filmes ambientados en New York y recurrir en cambio a la música clásica, más concretamente arias de ópera de Verdi, Bizet, Rossini o Donizetti, la mayoría de ellas en la voz del gran Enrico Caruso. Y la particularidad al respecto fue que se recurrió a grabaciones de setenta y ocho revoluciones por minuto (aquellos antiguos discos de pasta) con frituras y todo para aumentar el tono de tragedia.
Rodada entonces en Londres durante siete semanas en el verano boreal de 2004, Match Point acabó siendo estrenada en el Festival de Cannes en mayo de 2005 para llegar finalmente a los cines seis meses después.

La Historia
Chris Wilton (Jonathan Rhys-Meyers) es un extenista que supo en su momento pintar para gran promesa, pero hoy, ya retirado, se dedica fundamentalmente a dar clases a la aristocracia londinense. Tiene fascinación por la ópera y la literatura, tal es así que le vemos de inicio leer a Dostoyevski, antes de reflexionar en off acerca del lugar que la suerte puede tener en la vida de cada uno.
En un muy exclusivo club le toca tener como alumno a Tom Hewett (Matthew Goode), haciéndose amigo de él y de su familia, lo cual le lleva a iniciar una relación con su hermana Chloe (Emily Mortimer), con quien hay cierta química pero sin llegar al enamoramiento, sino que la sensación sería más bien que el estar con ella puede ayudarle en el ascenso social que tanto busca y ansía.
El problema se produce cuando se cruza con Nola Rice (Scarlett Johansson), la prometida de Tom a la cual conoce jugando al ping-pong y de quien queda prendido desde un primer momento entre miradas recíprocas. “¿Quién será mi próxima víctima?”, pregunta ella en abierto desafío que, desde luego, va más allá del mero tenis de mesa.
Estadounidense, Nola es una actriz que busca sin demasiada suerte ascender en su profesión y se convierte para Chris en una obsesión a pesar de contraer este matrimonio con Chloe. Tanto que no se sabe si el mismo es para esta altura una forma de escalar o de tener cerca a su futura cuñada, con quien hay alguna que otra aventura, aunque Nola pone límites y deja en claro que no pueden pasar de eso, pues él está casado y ella lo estará pronto.

Pero algo se rompe en Chris al enterarse que Nola terminó su relación con Tom, como si la mala fortuna le hubiera jugado una mala pasada al no hacer coincidir sus tiempos y casarlo con Chloe cuando su verdadero objeto de deseo terminaría de todas formas disponible por la ruptura del compromiso.
Los encuentros siguen y Chris desatiende cada vez más a Chloe, que incluso le pregunta si tiene una amante. Él quiere romper con ella, pero no sabe cómo y un fuerte giro de los acontecimientos se produce cuando Nola queda embarazada. Desde ese momento, es esta última quien quiere acelerar los tiempos y así lo exige, preguntándole cada vez que se encuentran o se comunican si ya le dijo a Chloe lo que tiene que transmitirle.
Y mientras Chris no se atreve a decirle palabra a su esposa, Nola se vuelve insistente al punto de no tener ningún reparo en llamarlo a su domicilio o a la galería de arte en que trabaja Chloe. Y de haber sido la obsesión de Chris, Nola pasa a ser ahora para él una carga…
A partir de aquí hay giros tan fuertes que prefiero por ello no contar más, solo decir que todavía no se percibe qué tipo de historia estamos viendo o cómo vaya a terminar. Lo que durante la primera mitad de la película parece básicamente una trama de infidelidades o triángulo amoroso, cambia por completo hacia una mucho más inclasificable y da lugar a una reflexión tan profunda como desgarradora acerca de la suerte y la culpa…
Entre el Tenis y Dostoyevski
Para los días en que se estrenó Match Point, se volvió casi lugar común entre los críticos decir que era la mejor película de Woody Allen desde Delitos y Faltas (1989), conocida en América Latina como Crímenes y Pecados. Yo no iría quizás tan atrás en el tiempo y diría desde Maridos y Mujeres (1992), pero tampoco me parecería disparatado si alguien propusiera Disparos sobre Braodway (1994), Todos dicen I love You (1996) o Desmontando a Harry (1997): no estoy para nada de acuerdo en que el realizador neoyorquino no haya hecho nada interesante en los quince años previos al filme que nos ocupa.
Lo que sí es cierto es que la referencia a Delitos y Faltas, lejos de ser casual, es prácticamente obligatoria, pues es inevitable pensar en ella al ver Match Point. Y no deja de ser extraño y paradójico porque esta última, tanto en lo estético como en lo narrativo, es probablemente la película “menos Allen” que haya hecho Allen, lo que no quita que se puedan reconocer en la misma muchos elementos que remiten a aquel inmenso filme, sin duda uno de los mejores de la vasta carrera del director (en algún momento merece retro-análisis y lo haremos).
Cuando digo que no parece una película muy Allen, me refiero a que no está presente el humor de personajes más confundidos que atormentados que tanto caracteriza a su filmografía, sumado a la ya mencionada ausencia del jazz y a la escena de sexo probablemente más explícita jamás filmada por el director, incluso si comparamos con Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el Sexo pero temía preguntar (1972), donde todo quedaba subsumido bajo el tono paródico y podíamos ver un hombre perseguido por un seno gigante, pero no una pareja de infieles desvestirse y revolcarse en el campo.
Pero si hablamos de lo que sí remite a filmes anteriores de Allen, no hay duda de que Pecados y Faltas es el primer título que nos viene a la mente, pues el dilema de Chris recuerda bastante al de Judah (Martin Landau), del mismo modo que Cliff (Woody Allen) era un documentalista de poca monta como aquí Nola una actriz sin suerte. Y si bien aquella historia se ambientaba en New York, Londres tenía una presencia tácita que aquí pasa a ser manifiesta.
Pero el principal denominador común entre ambas es Fiódor Dostoyevski y, específicamente, Crimen y Castigo (1866), sin duda su novela más icónica y, junto con Guerra y Paz, de León Tolstói, de las más emblemáticas de la frondosa literatura rusa de la cual Allen se ha declarado siempre ferviente y devoto lector. Crimen y Castigo es la novela que opera casi como subtexto en Delitos y Faltas y, no por nada, también la que lee Chris al comienzo de Match Point.
Vaya rara mezcla, pues estamos hablando de un filme del realizador más representativo de New York, pero ambientado en Londres con ópera italiana y literatura rusa como trasfondo. Solo un director de su talla y unos pocos más pueden unir todo eso en algo coherente…

Lo Frágil de la Existencia
Match Point es una película que nos engaña de manera magistral, pues nos convence durante la primera mitad de estar viendo un melodrama o quizás incluso un thriller erótico en el estilo de Atracción Fatal (1987). Nada más lejano. En lugar de elegir alguno de esos caminos, y aun cuando, como hemos dicho, estén prácticamente ausentes el humor y el absurdo característicos de Allen, este es un filme que opta por reírse de las etiquetas y géneros, prefiriendo arrojarnos sin aviso ni anestesia a un giro brutal y desgarrador que lo cambia todo.
El planteo es estremecedor en varios aspectos. En primer lugar, por el papel de la suerte y lo aleatorio, perfectamente graficado en el relato inicial con el ejemplo de la pelota que golpea la parte superior de la red sin que haya principio ni ley que nos permita prever de qué lado del campo va a caer. Y si bien no hay duda de que las decisiones que tomamos son importantes (como lo son las de Chris en la película), nuestras vidas terminan sujetas a imponderables que no controlamos ni responden a plan alguno.
Esa idea de que la casualidad y el disparate puedan estar en la base de todo es muy deudora de Friedrich Nietzsche (no en vano admirador de Dostoyevski) y ha sido magníficamente plasmada también por Milan Kundera en su excelente novela La Insoportable Levedad del Ser (1984), cuya lectura recomiendo como casi obligatoria, aunque no tanto si se está atravesando por períodos de depresión y crisis existencial.
Una idea por cierto incómoda, ya que torna frágil la existencia y más aún con el enfoque ateo que asume la película de Allen en contraposición con la fuerte presencia que en Crimen y Castigo tiene el cristianismo o en Delitos y Faltas el judaísmo: no hay aquí espiritualidad en la cual se pueda encontrar la redención…
Igual de perturbadora es la posibilidad de que situaciones extremas nos lleven a un límite que la razón nos dice que no debemos cruzar, pero la pasión termina ganando la batalla. Esa lucha entre una y otra está presente a lo largo de casi toda la película, pero se va acentuando al avanzar la trama y verse Chris envuelto en un atolladero del cual no sabe cómo salir, uno que pone en peligro la “normalidad” de la vida que, en aras del ascenso social, eligió para sí. En algún punto, su personaje tiene algo del que interpreta Tom Cruise en Ojos bien Cerrados (1999, aquí retro-análisis de un servidor).
Y aún más perturbador es el rol que asumen la conciencia y la culpa, aspecto en el cual el vínculo con Crimen y Castigo se vuelve especialmente fuerte. Para los antiguos griegos, la condena social era peor que la judicial, pero aquí vamos un paso más allá y la propia condena de la conciencia puede ser aun peor que la social. Podemos salirnos con la nuestra e incluso la suerte terminar jugando a nuestro favor (sin ánimo de contar más de la cuenta, hay un anillo que cobra especial relevancia en la definición), pero la conciencia acabará por ser nuestro juez más inflexible y nuestro verdugo más implacable…
Es por ello que la película no puede ser catalogada como thriller (ni tan siquiera thriller psicológico), pues el eje está puesto de manera central en lo que Chris vive por dentro y no tanto en el caso policial concreto, cuya resolución termina incluso siendo equivocada y hay, por cierto, algo de hitchcockiano en que solo nosotros lo sepamos o, a lo sumo, el protagonista principal.
Jonathan Rhys-Meyers entrega una gran actuación y ya ha demostrado varias veces ser un especialista en personajes atormentados que se van hundiendo cada vez más en una espiral de culpas y remordimientos de los cuales no hay retorno: no parece casual que le hayan después elegido para interpretar a Henry VIII en la serie televisiva Los Tudor.

Y para que quede en el guion registro del proceso interno del personaje, Allen echa mano de uno de sus recursos más habituales, que es el de hacerlo dialogar con alguien más, en este caso Henry (Rupert Penry-Jones), amigo y también extenista al cual siempre se cruza y cuya función en la trama es la de ser su confidente y fallido consejero. De algún modo, es la voz de la razón o de la conciencia a la que Chris hará oídos sordos…
Pero si algo ha demostrado Allen a lo largo de su carrera es ser un gran director de actores, así que, como es habitual, todo el elenco se luce, estando Rhys-Meyers más que bien acompañado por una eficaz Johansson cuyo personaje nunca termina de conocer a Chris ni imagina hasta dónde puede llegar.
Matthew Goode y Emily Mortimer están igualmente impagables como la dupla de hermanos que no ven prácticamente nada de lo que ocurre cerca de ellos y a no dejar afuera a Brian Cox y Penelope Wilton encarnando a los padres de ambos ni a Ewen Bremner y James Nesbitt como los policías que investigan el caso y que, a pesar de aparecer poco, se roban por completo las escenas en que lo hacen.
La fotografía de Remi Aberabasin completa el cuadro con una sobriedad impactante de tan limpia y luminosa, lo cual demuestra una vez más que la oscuridad no es requisito necesario para dar marco a historias oscuras, algo que ya Stanley Kubrick demostró ampliamente con El Resplandor (1980). Alcanza con la historia misma y lo que los personajes logren transmitir.
Valoración y Legado
Match Point vino a romper para Woody Allen una racha de fracasos de taquilla, pues con un presupuesto de quince millones de dólares acabó recaudando ochenta y cinco en todo el mundo. Fue nominada a cuatro premios Globo de Oro, así como al Oscar por mejor guion original sin ganar ninguno de tales galardones y recibió sendas nominaciones como mejor película extranjera para los Premios Cesar y Goya, quedándose con el segundo.
Restableció, por otra parte, el romance algo deteriorado entre el director y la crítica, que le fue abrumadoramente favorable, sobre todo en Estados Unidos. De manera paradójica, en el Reino Unido los críticos fueron menos benévolos y fustigaron el modo de hablar de los protagonistas (según ellos poco londinense) o el que sus compatriotas del elenco quedasen relegados a segundo plano por detrás de un irlandés y una estadounidense.
La película constituyó además el inicio de lo que podemos denominar “etapa europea” en la carrera de Allen, pues seguirían sendos rodajes en Londres con Scoop (2006) y El Sueño de Cassandra (2007), para luego transitar España con Vicky Cristina Barcelona (2008) y Conocerás al Hombre de tus Sueños (2010), Francia con Medianoche en París (2011) e Italia con A Roma con Amor (2012), sin perjuicio de permitirse entremedio volver a filmar en su país con Si la Cosa funciona (2009).
Jonathan Rhys-Meyers sería convocado al año siguiente para Misión Imposible III (aquí retro-análisis) e interpretaría después en televisión, y como hemos dicho, al rey Henry VIII en Los Tudor (ya previamente había sido Felipe II en El León en Invierno), así como a Drácula en la serie homónima de 2013 y al obispo guerrero Heahmund en la cuarta y quinta temporada de Vikingos.
Scarlett Johansson se convertiría, por un tiempo, en la nueva musa de Allen, ya que el director volvería a contar con ella en Scoop y en Vicky Cristina Barcelona, antes de que la blonda actriz hiciera en la década siguiente entrada al Universo Cinematográfico de Marvel como Viuda Negra. Como dato de color, también pasó, como Rhys-Meyers, por la Inglaterra de los Tudor (aunque en producciones diferentes) al dar vida a María Bolena en el filme Las Hermanas Bolena (2008).
Match Point es a todas luces un filme valiente que no teme llevar la conciencia del espectador a lugares profundamente incómodos e introduce en cada uno de nosotros un dilema moral y una aguda reflexión sobre el papel en nuestras vidas de la suerte, la culpa y la conciencia.
No busca la justicia poética ni una respuesta final al dilema ético que plantea. Tampoco dejarnos una moraleja o mensaje edificante, sino llevarnos a un límite que nos hace tomar conciencia de lo frágil de la existencia y preguntarnos si, después de todo, somos tan dueños de nuestras vidas como creemos y tan racionales como nos gustaría creer…
Y no se puede cerrar el artículo sin mencionar que a partir de 2017 Woody Allen ha sido objeto de cancelaciones a partir de las acusaciones de abuso por parte de su hija adoptiva Dylan. No es objetivo de este artículo ni de la web dictar sentencia ni hacer apología (de hecho, una vez más, no hay denuncia penal), pues aquí hablamos de cine y, como reza el nombre de la página, de las cosas que nos hacen felices.
Si les interesa pues seguir profundizando en el cine de un inmenso director, les dejo link con retro-análisis de Misterioso Asesinato en Manhattan (1993) a cargo de mi compañero Jordi.
Hasta la próxima y sean felices…



