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Crítica de tick, tick…Boom! (2021), la música del fruto.

Por suerte, el género musical está de moda. En los últimos años hemos tenido grandes muestras del género, como El gran Showman o Rocketman, y en este 2021 contamos hasta con tres largometrajes que aspiran a grandes premios: la Cyrano de Peter Dinklage (Tyrion Lannister en Juego de Tronos), el debut de Steven Spielberg en el musical con el remake de West Side Story y Tick, tick…Boom!, primera película como director de Lin Manuel Miranda, que asombró a medio mundo con la inolvidable adaptación de Hamilton, y que podéis ver en Netflix.

Tick, tick…Boom! Es la adaptación del monólogo musical rock de Jonathan Larson, también autor del maravilloso musical Rent (gracias a mi compañero de piso de Bilbao por enseñarme esa gran película). Larson falleció prematuramente de un aneurisma de aorta la noche antes del estreno de Rent, obra que arrasó en los Tony y cuyo libreto obtuvo el premio Pulitzer.

Así, Lin Manuel Miranda adapta su primera obra, que  sigue a un aspirante a compositor de obras teatrales que trabaja de camarero en Nueva York mientras escribe Superbia, de la cual espera que sea el próximo gran musical americano y lo que finalmente le dé su gran oportunidad.

Jon también se ve presionado por su novia Susan, cansada de poner las aspiraciones profesionales de Jon por delante de su propia vida. Mientras tanto, su mejor amigo y compañero de piso, Michael, ha renunciado a sus aspiraciones por un trabajo en publicidad en Madison Avenue, por lo que está a punto de mudarse. A medida que se acerca el 30° cumpleaños de Jon, se siente abrumado por la ansiedad y se pregunta si su sueño merece la pena.

Sorprende el planteamiento musical de Manuel Miranda. Esta es una película francamente urbana, basada en la Nueva York de finales de los 80, asolada por el VIH. Pero no encontraréis grandes coreografías, un reparto coral o grandes decorados.

La película, como el musical en el que se basa, es, en esencia, la historia de una sola persona: Jonathan Larson o, lo que es lo mismo, Andrew Garfield. Él es la película. No hay plano en el que no aparezca. Y el actor hace suyo un papel nada fácil. Consigue que empaticemos con la egolatría, el histrionismo y la gran creatividad del genio Larson. Incluso se atreve con el canto. No en vano, es su voz la que escuchamos durante toda la película.

En uno de los mejores papeles de su, ya de por sí, interesante carrera, Garfield está acompañado por actores versados en la escena musical, como Vanessa Hudgens de la recordada High School Musical, pero ninguno tiene la suficiente entidad como para profundizar en ellos. La excepción sería la subtrama centrada en su compañero de piso y el papel de Bradley Whitford, que interpreta al legendario y recientemente fallecido Stephen Sondheim (todo un tótem del teatro musical).

No olvidemos que, al ser un musical en el que Larson reflexiona sobre su propio proceso de creatividad y el modo de vida del autor de teatro musical, él no deja de ser el vértice sobre el que giran todas las tramas, el que abandona a sus seres más queridos para conseguir su sueño y el que siente como una bendición cada vez que Sondheim, su autor favorito, entra en escena para alabar la calidad de su obra.

En esta historia plagada de canciones, Larson reflexiona sobre el duro camino del autor. Sobre la diferencia entre el éxito y el fruto. Nuestro protagonista tiene un don innato para extraer un mensaje esencial de cualquier cosa. Podría ser un as de la publicidad. Pero su sueño es ser autor teatral. El esfuerzo, el desgaste psicológico, el sacrificio, la insistencia o los tropiezos que tan poco se venden hoy en día se encuentran perfectamente reflejados.

En este sentido, Larson es, justamente, el ejemplo perfecto. Un autor que tocó el cielo en la tierra cuando ya no se encontraba entre nosotros. Que su vida tuvo unos pequeños éxtasis entre un continuo camino a la creatividad. Que vivía la angustia del tiempo que, tarde o temprano, siempre se acaba. La cuestión es en qué invertirlo.

En definitiva, Tick, tick…Boom! es un gran musical. Un debut notable limitado por lo minimalista de su propuesta de género, pero que consigue reflejar a la perfección el sacrificio del autor gracias a la magnífica interpretación de un Andrew Garfield que huele a nominación al Oscar.

Enlace a otras críticas de tick,tick…Boom!

Un saludo y sed felices!

Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices! Tick!

Fernando Vílchez
Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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