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Virus: La vida tontorrona, sencilla y maravillosa

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez. Hoy hablaremos de Virus.

Cuantísimo tiempo hemos tenido en esta versión preliminar del fin del mundo, ¿verdad? Espero que todos, amado Pueblo, hayáis aprovechado en condiciones el tiempo. Espero de casi todos vosotros no menos de dos idiomas aprendidos, haber soportado toda la obra cinematográfica de Nolan comentada por el mismo o incluso haber leído 25 páginas de Murakami (incluyendo contraportada). En realidad, bajando a la Tierra, esperamos que simplemente nos sigáis leyendo y dando a “me gusta” en las redes sociales. No, el icono de la risa no, el de “me gusta”, que nos conocemos.

En fin, que quien no haya tenido que trabajar casi el doble, no tenga hijos ni haya tenido que cuidar de nadie supongo que habrá tenido tiempo. Parece que de momento el primer acto del preludio del fin del mundo se está acabando, pero nunca se sabe. Qué menos que recomendar algo por si el segundo acto se parece mucho al primero. Y como esto lo inició un virus (hecho por los chinos, Disney, los judíos y puede que Michael Jordan) hablemos de un juego de mesa llamado así, Virus.

Si lo recomendamos es, lo primero, por ser baratísimo. Por 14-15 euros está en cualquier tienda de cómics, centro comercial o demás. Lo segundo, no ocupa nada de espacio. El juego consiste en 68 cartas, y unas brevísimas (y claras) instrucciones. Las partidas son de 20 minutos más o menos, pueden jugar de 2 a 6 personas. Se tarda nada en empezar, en jugar y en recoger. Está hecho por sacrosantos españoles, así que haciéndoles gasto hacemos patria. Pero sobre todo: es divertidísimo y fácil de aprender, estupendísimo para jugar en familia con niños y todo.

Repartimos tres cartas por jugador. Las cartas pueden ser de estos tipos: órgano, virus, medicina y acción especial. En cada turno jugamos una carta (y robamos otra) o bien nos descartamos de las que queramos hasta tener tres otra vez. El que consiga tener cuatro órganos en mesa gana. Bueno, no sólo eso: tienen que ser cuatro diferentes y sin virus.

Las cartas de virus sirven para infectar un órgano. Con dos virus acumulados destruimos el órgano y la carta va a los descartes. Con una medicina eliminamos un virus. También nos sirven como escudo por si nos mandan virus, descartando ambos. Con dos medicinas inmunizamos el órgano. Cada carta solo funciona con las de su color: los virus rojos con los órganos rojos, las medicinas verdes para los virus verdes, etc. Además, las cartas de acción especial nos permiten robar órganos o cambiar todas las cartas que hemos jugado en mesa por las de otro jugador. Toda estrategia puede desbaratarse con una sola carta. Para acabar, están las cartas multicolor, que afectan a todo y les afecta todo.

Las reglas son sencillísimas una vez puestos a jugar, cada turno es rapidísimo y las partidas vuelan. Tal y como está diseñado hay que decir que hay algo de planificación sin pasarse mucho (tener tres cartas de cada vez no permite grandes jugadas maestras) , el azar pesa lo suficiente como para que incluso sin haber jugado mucho el éxito esté muy repartido y haya sorpresas y caídas en desgracia de quien se pensaba que iba en cabeza para ganar la partida. Y al revés. Las cartas especiales se encargan de que en ningún momento alguien no pueda ganar o lo tenga hecho antes de llegar su turno. El juego consigue así ser emocionante siempre y salva un poco el escollo entre edades o experiencia jugando a juegos. A los nenes les encanta porque ganan sin que los padres se dejen realmente ganar. O no mucho. Bueno, nunca. En serio. De verdad.

El juego base viene en una caja pequeña y recogida donde caben las cartas sin problemas. Éstas no tienen ningún texto, sólo símbolos y dibujos, quedando claro casi desde la primera partida qué es cada cosa. Quizás lo único es estar consultando las pocas cartas de acciones especiales que hay, pero a las pocas partidas (que son cortas, recordemos) enseguida es fácil aprenderse esas pocas cartas. En las primeras tampoco corta mucho el ritmo de juego porque las reglas son sencillas, simples y están bien explicadas. Vamos, que en una pasada ya está todo preparado para no consultar más que las cosas especiales. Y tampoco estas dan para mucha complicación.

En resumen, un juego ideal para os compréis, amado Pueblo, y lo juguéis con la pareja, hijos, loro, amante o etcétera. Rápido, divertido, sencillo y que deja casi siempre el deje de “venga, otra más”. No todo es trascendencia en la vida: también están las cosas tontorronas que te alegran el día y ya está. Esta es una de ellas. No sé qué más queréis de la vida.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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