InicioSeriesA Marte con Hilary Swank: Crítica de Away (Lejos) en Netflix

A Marte con Hilary Swank: Crítica de Away (Lejos) en Netflix

Netflix acaba de subir a su catálogo Away (Lejos), serie de su propia cosecha creada por Andrew Hinderaker y protagonizada por Hilary Swank. La historia gira en torno a un hipotético primer viaje tripulado a Marte matizado con conflictos familiares y fantasmas del pasado alimentados por la distancia. El resultado, aunque desparejo y con algunos absurdos en el guion, no está mal.

Marte siempre nos ha despertado fascinación, tanto desde la literatura como desde el cine. En los últimos tiempos, además, los proyectos de viaje tripulado hacia el planeta rojo se están haciendo más tangibles gracias al aporte de compañías privadas como SpaceX, además de que Rusia, China y hasta Emiratos Árabes Unidos tienen en vista el envío de misiones, ya sean tripuladas o no. En 2016 conocimos la excelente serie Marte que, producida por National Geographic y a mitad de camino entre el documental y la ficción, planteaba los problemas tecnológicos y humanos de una hipotética primera misión al planeta rojo. Ahora Netflix nos trae Away (Lejos, en algunos países de habla hispana), la cual, en formato de ficción, nos vuelve a llevar allí.

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La serie está creada por Andrew Hinderaker en lo que es su primera experiencia como showrunner, ya que sus pergaminos los ha obtenido como guionista, destacándose, particularmente, en la brillante Penny Dreadful (si no la vieron, hay un excelente artículo de mi compañero José en esta web). El rol protagónico le cabe nada menos que a Hilary Swank, cuya larga carrera cinematográfica acredita nada menos que dos premios Oscar y dos Globos de Oro.

El primer episodio (que destaca claramente por sobre el resto) está dirigido por Edward Zwick, prestigioso realizador que tiene en su haber títulos como Tiempos de Gloria, Leyendas de Pasión, El Último Samurai, Diamante de Sangre o la secuela de Jack Reacher; digamos entonces que algo sabe y es una lástima que no haya dirigido algún episodio más, sobre todo porque la diferencia se nota.

De entrada, pareciéramos entrar a una historia de ciencia ficción dura en el estilo de apuestas cinematográficas como Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) o Marte (The Martian, Ridley Scott, 2015), pero luego, quizás por la consabida necesidad de estirar que el desarrollo de una serie implica, se da más importancia a los problemas humanos en los que los miembros de la tripulación se ven envueltos, sobre todo en lo que se refiere a afectos, pareja, familia y relaciones.

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Tal y como se viene anunciando que se hará en un futuro cercano, el lanzamiento tiene lugar desde la Luna y en ese primer episodio se nos ofrece una excelente recreación del paisaje lunar, así como una muy lograda acción en baja gravedad en el interior de la base lunar a la cual, en un guiño excelente, han llamado Alpha, en claro homenaje a Cosmos 1999, una de las series de ciencia ficción más injustamente infravaloradas o poco recordadas (tengo en esta web un artículo al respecto de tal temática por si quieren echarle un vistazo).

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Desde allí partirá hacia Marte la misión Atlas en un viaje que demandará tres años y que, por supuesto, no estará exento de dificultades a las que deberá enfrentarse una tripulación multinacional y multiétnica que pasaremos a detallar a continuación.

La Tripulación

Emma Green (Hilary Swank) es la comandante de la misión. Para ser parte de ella, ha tenido que dejar atrás tanto a su esposo como a su hija con toda la carga emocional que ello conlleva. Por cierto, su esposo Matt (Josh Charles) es el ingeniero jefe en tierra, cuyo sueño era también ser parte del viaje pero que lo vio truncarse cuando estudios médicos le revelaron un problema genético que podría traerle complicaciones en el mismo. De hecho, sufre un ACV en presencia de su hija y en momentos en que su esposa está en la Luna, lo cual introduce el primer dilema ético acerca de si ella debe seguir adelante con la misión o, por el contrario, emprender el regreso a Tierra dejando que sus compañeros continúen hacia Marte. De más está decir que se impondrá la primera opción o, de lo contrario, no tendríamos serie para comentar.

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Emma, por lo tanto, no solo deberá afrontar la angustia provocada por la distancia en relación con la salud de su esposo, sino también los problemas de una hija adolescente (Talitha Bateman) que, a millones de kilómetros de ella, está viviendo su despertar sexual sin su compañía ni su consejo. Además, no todos los problemas para Emma están en Tierra, pues durante el viaje a la Luna han surgido dificultades (concretamente un incendio en la nave) y algunos errores suyos llevan a que el resto de la tripulación ponga en duda sus aptitudes para estar al frente.

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Misha Popov (Mark Ivanir) es ruso y es quien tiene más horas en el espacio. De entrada, es quien más pone en tela de juicio el liderazgo de Emma y ello nos hace pensar que quizás se convierta en su antagonista durante el resto de la serie; sin embargo, no es así y después del tercer episodio ese primer conflicto que nos habían presentado parece diluirse. Es bastante temperamental y por momentos algo tosco, comportándose más como un rústico campesino que como un astronauta (o cosmonauta, como él diría). Carga con sus propios demonios al estar enemistado con su hija y, además, manifiesta deficiencias en la vista que se irán incrementando durante el viaje. Cuesta creer que con tantos problemas pudiese pasar las pruebas para ser admitido en la misión, pero así es. Además es un experto en marionetas, toma vodka y juega al ajedrez. Sutil, ¿no?

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Lu Wang (Vivian Wu) es china y especialista en química. Atrás ha dejado un esposo y un hijo pero, además, carga el estigma de una relación lésbica con una ingeniera llamada Mei Chen (Natalia Hatta), la cual ha sido apartada del control en Tierra para evitar que su presencia entorpezca el normal desarrollo de la misión. Se deja bien claro que una sociedad tradicionalista como la china no acepta la bisexualidad y, de hecho, eso es también lo que denota el comportamiento del esposo de Lu, a quien, cada vez que se lo ve en comunicación con ella, se lo percibe como un padre severo que cría a su hijo con rígidos modales. Siguen los estereotipos.

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Ram Arya (Ray Panthaki) es indio (o sea de la India: que se entere Colón) y es uno de los que carga un pasado más enigmático ya que nunca podemos llegar a saber cuál ha sido la razón que lo alejó tanto de su familia, aunque al parecer y de acuerdo a lo que los flashbacks nos muestran, ha tenido algo que ver con la muerte de un hermano mayor con quien tan buena relación había mantenido en su infancia. Además, a medida que va avanzando la serie, vemos que desarrolla algún vínculo especial con Emma, pero no quiero decir mucho. Por lo menos hay que decir que su personaje no está tan toscamente embadurnado con estereotipos nacionales: no lo vemos haciendo meditación ni encantando serpientes y se agradece.

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Kwesi Weibberg-Abban (Ato Essandoh) es el astronauta que representa al Reino Unido, aunque no suena muy creíble que los británicos, en su representación, eligieran a un ghanés que fue adoptado de pequeño y criado por un matrimonio judío. Su formación religiosa es muy profunda al punto de creer en los milagros (sigue siendo difícil imaginarlo en una primera misión a Marte) y, además, es botánico, con lo cual su tarea a futuro consiste en lograr que crezcan plantas en el planeta rojo. Por cierto, es el más novato ya que es su primera experiencia en el espacio (¿y lo envían a Marte?); paradójicamente, sin embargo, va desarrollando poco a poco una cierta amistad con Misha, justamente el más veterano, al punto de convertirse en su mejor alumno en el teatro de marionetas.

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Hasta aquí los personajes. Como se verá, los estereotipos nacionales han tenido bastante peso al momento de construirlos pero, además, no parece verosímil que se haya elegido, para un viaje de tres años con el estrés y el desarraigo que ello conlleva, a una tripulación con un historial psíquico y familiar tan conflictivo.

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Entre la Ciencia Ficción y el Melodrama

El gran problema que tiene Away es que, por momentos, no parece tener claro qué historia quiere contar. Lo que comienza como una trama de exploración espacial va derivando (y diría también derrapando) hacia un melodrama de conflictos familiares que, prácticamente, se apropia de los episodios que van del tercero al séptimo, en los cuales se vuelve una anécdota el que los personajes estén viajando hacia Marte; de hecho, cobran mucho protagonismo las subtramas familiares en Tierra, al punto de eclipsar la principal, mientras la historia personal de cada uno de los tripulantes es mostrada a razón de uno por episodio mediante flashbacks.

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La serie tiene más de un punto de contacto con la película francesa Próxima (Prometo Volver para Latinoamérica, de Alice Winocour, 2019), en la cual también una madre dejaba a su hija para viajar en una primera expedición tripulada a Marte. Es más, el hecho de que la protagonista principal se llame Emma Green parece un guiño ya que la actriz principal en dicho filme era Eva Green.

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En cuanto a los aspectos más científicos y técnicos de la trama, Away se nutre también del filme Marte y no podía ser de otra manera ya que la película de Ridley Scott se ha convertido, creo, en una referencia difícil de obviar para toda historia relacionada con dicho planeta (a propósito, aquí tienen un gran artículo sobre la misma escrito por mi compañero Raúl) . Hasta la solución de algunos problemas que se presentan hace acordar al mencionado filme, como también, aunque menos, a Apollo XIII (Ron Howard, 1995).

El rigor científico es estricto en los primeros episodios pero hace aguas hacia la mitad de la temporada, casi como si el melodrama se instalase para enviar todo al demonio, inclusive eso.

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No encaja mucho que estén a mitad de camino hacia Marte y mantengan comunicación con sus familiares de manera prácticamente instantánea, como tampoco que Popov y Kwesi, suspendidos ambos en gravedad cero, sean capaces de dar una sesión de marionetas cuyos hilos funcionan perfectamente aun en tal situación. O que al abrir una perforación en el fuselaje de la nave, partículas de hielo salgan despedidas hacia el espacio y queden en suspensión como si se tratara de polvo en condiciones atmosféricas normales, cuando lo lógico sería que fueran disparadas en línea recta. Pero, bueno, si uno obvia esos detalles, la serie tiene una factura visual que es notable y hay escenas espaciales muy bien recreadas y con ausencia de sonidos, como corresponde. Marte, que aparece al final, también luce creíble.

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Además, parecen haberse incorporado algunos datos médicos recogidos de los astronautas en recientes misiones, tal el caso de la llamada ceguera espacial o el desprendimiento de piel en la planta de los pies, todos fenómenos hasta hace poco desconocidos y aún en estudio.

El hecho de que el melodrama familiar fuera a superponerse con la trama de viaje espacial era, de algún modo previsible y, desde ya, no hay forma de contar una historia de ciencia ficción si no se dota a los personajes de humanidad. El problema es que aquí se hace de modo algo sensiblero: no queda personaje en esta temporada que no haya llorado en algún momento. A ello hay que sumar que las situaciones melodramáticas se vuelven reiteradas y estiradas en exceso. Tranquilamente podría decirse que a la serie le sobran unos cuatro episodios ya que algunas subtramas podrían haber sido resueltas de un modo más ágil y sin quitarle protagonismo a la principal: o a lo que parecería ser la principal…

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Balance Final de Temporada

Aun con sus debilidades de guion y algunas inverosimilitudes en la historia, la serie logra que terminemos simpatizando con los personajes y el episodio final es verdaderamente emotivo, además de cargado de suspenso. Lo mejor, diría, se encuentra al principio y al final de la temporada.

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Las actuaciones son todas solventes y, como no podía ser de otra manera, Hilary Swank aporta su oficio habitual siendo bien secundada por el resto y muy particularmente por Mark Ivanir, quien tiene el enorme mérito de hacer interesante un personaje que, de tan estereotipado, corría peligro de ser terriblemente lineal.

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En el balance, se puede decir que Away aprueba: no está mal y se deja ver. Es más, a la luz de cómo finalizó la temporada, se abre un panorama nuevo e interesante para ser explotado y darle a la historia un eje central bien distintivo y sin perder el equilibrio como, por momentos, lo ha hecho hasta aquí. Ojalá logren hacerlo, pues la exploración espacial tiene todo para mantenernos pegados sin siquiera necesidad de villanos o de grandes antagonismos.

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La lucha contra el propio medio, ya sea en el espacio exterior o en Marte, es suficiente para mantener el suspenso en un contexto de supervivencia. Si los realizadores entienden eso y saben poner a los componentes melodramáticos en la proporción justa como para ser complemento de la historia principal y no relleno ávido de devorarla, podemos tener esperanzas de ver una interesante segunda temporada.

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Nos vemos en Marte. Un saludo y hasta la próxima. Sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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