Entre todas las opciones y enfoques disponibles, sorprende que el último proyecto del creador de Bojack Horseman –serie caracterizada por las tendencias depresivas y autodestructivas de sus personajes– sea de ciencia ficción. Un género que, a priori, se centra en explorar el devenir de la humanidad a través de nuevas tecnologías o escenarios, como una especie de lente crítica a nuestro comportamiento. Pero no es eso lo que buscaba explorar Raphael Bob-Waksberg con Undone, su nueva serie ansiaba algo distinto, más personal, más… humano.
Una premisa, mil historias
La historia de Undone gira al rededor de Alma, una chica que, a raíz de un accidente en coche, empieza a cuestionarse la configuración misma de la realidad que la rodea al aparecérsele su padre muerto, afirmando que ella posee el poder necesario para viajar en el tiempo y salvarle. Pero no todo es tan simple, Alma viene de una familia con una larga tradición de esquizofrenia, un miedo que la ha acechado y condicionado toda su vida.
Probablemente, de todas las enfermedades mentales conocidas, la más explotada en la gran (y pequeña) pantalla sea la esquizofrenia. Cosa que, una vez familiarizados con esta, no debería sorprendernos ya que las posibilidades narrativas que ofrece son muy llamativas y, sobretodo, nos deja salir en ocasiones de la rígida realidad. El problema, a parte de ser un fenómeno peliagudo a la hora de ser recreado, es que precisamente por su atractivo visual ya está bastante trillado. Ya sea en su versión histórica como Una mente maravillosa o en su alternativa y loca versión superheróica en Legion, la esquizofrenia y sus recovecos han sido ya bastante explorados, así que ¿qué nos ofrece Undone que no hayamos visto antes?
Un portento visual
La primera aportación es la más evidente: la animación. Obviamente, una serie animada puede huir fácilmente de escenarios tradicionales y dar rienda suelta a la imaginación, hecho que se agradece especialmente en Undone, pues a medida que Alma se adentra más en sus supuestos poderes, distintas realidades empiezan a converger en un mismo lugar, consiguiendo con la animación una fluidez y sensación de unidad visualmente cautivadora.
Pero la animación de la serie no es la típica. Utiliza una técnica llamada rotoscopia que permite (a grandes rasgos) «calcar», por así decirlo, las imágenes filmadas en la vida real para poder convertirlas en dibujo. ¿Por qué hacerlo de esta manera? A priori parece innecesario, pues salvo para poder publicitar en las promociones la cara de algún actor conocido como es el caso de Bob Odenkirk, puede parecer hasta contraproducente en una serie que, en muchas ocasiones, pretende explorar conceptos muy abstractos con una lente visual muy psicodélica. Pero esta técnica no es arbitraria, pues su relevancia se halla en el verdadero foco de la serie, sus personajes. Precisamente por eso, crear un drama creíble y humano era imprescindible para el funcionamiento de la serie, de ahí los actores y la rotoscopia.
Contra todo pronóstico, una serie de personajes
Debo admitir que sabiendo quién estaba detrás del proyecto, esto era algo evidente, pero creo que la sorpresa y mejor baza de esta serie ha sido el enfoque intimista y de personajes que ha tenido. Visualmente es espectacular, sí, pero eso es tan solo un anzuelo, incluso me atrevería a decir que es lo que menos me ha interesado, porque el trabajo real y factor diferencial de Undone se encuentra en los personajes. Desde el minuto uno está claro que la serie busca jugar a lo de siempre ¿es real lo que ella está viendo o es tan solo la esquizofrenia? Un concepto trillado sí, pero que en este caso se salva por la dinámica entre los protagonistas. Alma es una mujer que se nos presenta con una angustia existencial, frustrada con una realidad que le sabe a poco, con una familia disfuncional, acechada por la sombra de la enfermedad y por la prematura muerte de su padre científico. Undone sabe a lo que juega y de ahí su mayor virtud, porque nos pone en la misma tesitura que su protagonista. Sabemos cuál sea probablemente el desenlace, somos conscientes de que los poderes psíquicos no existen, pero, como Alma, la serie nos invita a soñar y a entablar un debate con lo que nos rodea ¿es esto suficiente?
Undone, siguiendo el estilo que caracteriza a Raphael Bob-Waksberg, es una prospección en el subconsciente y de los traumas que nos hacen ser como somos, un pequeño estudio sobre nuestras motivaciones y anhelos, de nuestra particular lucha con el conformismo y de si la obsesión del querer siempre más nos impide valorar lo que ya tenemos, que en la eterna búsqueda de ese algo, terminamos siempre, como el mismo nombre indica, incompletos. Si bien no creo que sea la serie del año, Undone es una agradable serie que camufla tras una llamativa pátina visual, un íntimo relato capaz de llegar a más de uno.



