Netflix parece saber muy bien lo que desea el público. El drama histórico siempre ha sido un imán tanto para espectadores como para críticos, sobre todo cuando se centran en un periodo tan complejo y que tantas producciones nos ha dado como la Segunda Guerra Mundial. Ahora estrena Munich en vísperas de una guerra, drama que mezcla realidad y ficción y que se ha colado en el top 10 de lo más visto en Netflix.
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Múnich en vísperas de una guerra se enmarca en los Acuerdos de Múnich en 1938, considerado uno de los grandes errores diplomáticos de la historia, en los que Gran Bretaña y Francia permitieron que la Alemania hitleriana anexionara la región de los Sudetes checos a cambio de no invadir el país. El resultado es el que todos conocemos: seis meses después, Alemania inició la invasión que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
Estos acontecimientos reales se alternan con la historia ficticia de dos amigos, los protagonistas de la película. Un diplomático inglés y otro alemán, antiguos amigos que se conocieron en Oxford, que se alían para intentar evitar los acuerdos, ya que están convencidos de la intención de Hitler de invadir Europa, se firme lo que se firme.

Esta combinación de elementos reales y ficticios se basa en la novela Munich de Robert Harris, escritor británico que ha cultivado la ficción histórica y cuyas obras han sido adaptadas al cine: Patria, la ucronía nazi con Rutger Hauer, o El escritor, el magnífico thriller político de Roman Polanski con Ewan McGregor y Pierce Brosnan.
Ante todo drama histórico que aborda un hecho concreto, tanto el director como los guionistas deben intentar bascular entre la intención didáctica y el propio ritmo de la historia. Desgraciadamente, hay muchos ejemplos de películas que cuentan hechos históricos que son tremendamente aburridas. O bien, que están demasiado encorsetadas por los hechos reales en los que se basa que apenas deja espacio para la sorpresa y la emoción.
Esto es especialmente problemático en películas centradas en eventos puramente diplomáticos. Y Munich en vísperas de una guerra no es una excepción. Aunque no por lo que uno esperaría.
A nivel de trama, Munich en vísperas de una guerra funciona a dos niveles.
Por un lado, la trama histórica, en la que es protagonista el primer ministro británico Neville Chamberlain, interpretado por el nombre más reputado del reparto, Jeremy Irons. Chamberlain ha sido denostado por la historia como el primer ministro que cedió terreno ante Hitler y no “quiso” ver las intenciones de Adolph Hitler.
Distinta visión se tiene de su sucesor, el carismático Winston Churchill, cuya figura se puede ver en múltiples películas, como aquella El instante más oscuro, que supuso el Oscar para Gary Oldman.

Lo más interesante de Munich en vísperas de una guerra es, precisamente, la matización de la figura de Chamberlain como un diplomático capaz. Es decir, como un político que, usando las armas que tenía a su alcance, intentó pactar con Hitler no por ceguera sino a sabiendas de que los aliados no estaban preparados para enfrentarse al poder de Alemania en aquel momento.
Por otro lado, el segundo nivel al que funciona la película es la trama de espionaje entre los dos amigos. Precisamente, este es el nivel en el que la película falla estrepitosamente. Los dos protagonistas no son especialmente carismáticos. Esto es especialmente sangrante en el caso de George Mackay, más conocido por sus interesantes papeles en Captain Fantastic y 1917. El actor no da la talla con un personaje con conflictos previsibles.
Además, el ritmo de la trama de espionaje es, nuevamente, previsible y conducido sin tensión. Algunas figuras, como la del nazi interpretado por August Diehl, son puras herramientas sin contexto, únicamente para aportar una tensión que nunca llega porque la sensación de relleno es constante.
En definitiva, Munich en vísperas de una guerra es otro drama (más) histórico (más) sobre la Segunda Guerra Mundial (más) aburrido (más) en el que, sorprendentemente, fracasa la trama de espionaje y sobresale la diplomacia conducida por un soberbio Jeremy Irons al que no le hace falta reivindicarse como Neville Chamberlain, un político al que, según esta película, hay que reivindicar.
Un saludo y sed felices!
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