Tres años después de su polémico final, volvemos a Poniente y al universo ideado por la mente maestra de George R. R. Martin. En un mundo dominado por Netflix, el fenómeno televisivo (junto a Perdidos) del siglo XXI fue la fantasía épica con dejes de telenovela familiar Juego de Tronos. Ahora es el turno de La Casa del Dragón, precuela centrada en los Targaryen.
En Las cosas que nos hacen felices somos muy aficionados al mundo creado por George R. R. Martin, como se puede comprobar con todos nuestros artículos.
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El día que yo falte…mi compañero Carlos Porras lo bordará con sus análisis de La casa del dragón. Él ha sido el insigne responsable de analizar el quinto y sexto episodio del spin-off de Juego de Tronos y estoy convencido de que habéis ganado con el cambio. Pero la vida es así y vuelvo a vosotros para comentar qué ha dado de sí este séptimo capítulo: Marcaderiva.

Partimos de una base. Contra todo pronóstico, la serie ha pegado un subidón en estos dos últimos capítulos, con un tono bien alejado de sus primeros episodios. Al final, los acontecimientos se han ido sucediendo de una manera más pausada de lo que pensábamos. La rivalidad Rhaenyra-Daemon ha ido dejando paso al duelo entre Rahenyra y Alicent.
Así, La casa del dragón, manteniendo el mismo tono que hemos podido ver en Juego de Tronos, adquiere ciertas características diferenciales que, a día de hoy, le hacen ser superior a las últimas temporadas de la ya mítica serie de HBO.
Por un lado, el centrarse en escasas localizaciones y pocos personajes, casi siempre juntos en el mismo lugar, hace que, si bien la mayoría del reparto carezca del carisma de los personajes de la serie original, su personalidad adquiera más capas al dedicársele más minutos por episodio.
Lo que está claro es que La casa del dragón habla de las consecuencias del poder, ya sea bien o mal ejercido. Al final, casi ninguno de los personajes de la serie son incapaces de ejercer el poder de una manera óptima, y se van viendo las consecuencias en este episodio.
Y dentro de esta incapacidad, lo más llamativo es que la inmensa mayoría de los hombres de La casa del dragón son unos completos inútiles. Son las mujeres las que se muestran más cabales pero, por su papel en la sociedad medieval del mundo creado por George R. R. Martin, no tienen capacidad real para tomar decisiones más allá de influir en el pensamiento de los hombres.
El capítulo se desarrolla en su práctica totalidad en Marcaderiva, el hogar de los Velaryon, donde se produce el funeral de Laena y salen a relucir las tensiones entre Rhaenyra y Alicent.
RHAENYRA-LAENOR

La cuasicerteza de que los hijos de Rhaenyra no son de Laenor les explota en la cara durante el funeral. Finalmente, el pensamiento heredado de Daemon de disfrutar de los deseos pese a la responsabilidad del poder le está pasando factura. Laenor no cumple con un mínimo de responsabilidad y a nuestra Targaryen no parece bastarle únicamente con tener un amigo con derecho a roce. Necesita un rey, alguien que la apoye y dé la cara por ella en una corte que cada vez apoya más al otro bando.
En este contexto, ocurre lo inevitable. El que presumía ser el villano de la serie acaba por convertirse en un títere más. Daemon no deja de ser un vividor que acaba enrollado con su sobrina y, al final del capítulo, casándose con ella. La artimaña está más que clara. Hacer desaparecer a un Laenor cada vez más desconectado del poder (estaba claro que no iban a acabar con él) para forjar una alianza matrimonial Targaryen que pueda hacer frente al bando Hightower.
Encima, las tensiones explotan en los que menos deberían tener que ver en estas cosas. Un conflicto entre los niños a raíz de la sorprendente adquisición del dragón Vhagar para el pequeño Aemond (hijo de Viserys y Alicent) acaba con él tuerto y un enfrentamiento a navajazo abierto entre Rhaenyra y Alicent.
ALICENT-VISERYS

El rencor de Alicent hacia Rhaenyra es cada vez más insostenible. La reina Hightower está pendiente de cada desliz que Rhaenyra pueda cometer, pero no puede luchar contra la firme decisión de su esposo Viserys de apostar por Rhaenyra y que está ciego ante la sospecha de la legimitidad de sus nietos.
Su padre ha vuelto a ser mano del Rey, por lo que su influencia en la corte ha aumentado exponencialmente. Alicent es sinónimo de tradición y virtud frente a los desvaríos de Rhaenyra. Además, el que su hijo haya traído un dragón con ellos les da un arma importante en una probable guerra que la fragilidad de Viserys no va a poder evitar.
RHAENYS-CORLYS

Tal vez el elemento más sorprendente del relato. Los que, en principio, se prometían como los aliados más ambiciosos de los Targaryen acaban esquilmados y “perdiendo” a sus dos hijos. Lo más llamativo es el papel de Rhaenys, a quienes todos veíamos como principal instigadora y que, al igual que Daemon, solo quiere, en principio, tener una vida alejada de peligros y de la corona. Su esposo Corlys no es de la misma opinión y su ambición le ha pasado factura. Sus supuestos nietos Velaryon no son tales y ya no tiene hijos con los que disfrutar. Queda por ver su papel en el resto de la serie, pero parece que la familia va a tener una importante decadente en lo que queda de temporada.
Un saludo y sed felices!
Nos leemos en Lascosasquenoshacenfelices!



