Llegamos a la mitad de esta quinta temporada de Fargo y analizamos lo que nos ha dejado el quinto episodio, con una Jennifer Jason-Leigh brillante, pero en fin: vaya novedad. Creada por Noah Hawley, la serie es emitida por FX y para España por Movistar+.
Hola fargueros. Bienvenidos a analizar un nuevo episodio de Fargo, esta serie que tanto nos gusta y que llega a la mitad de su quinta temporada con un quinto episodio titulado El Tigre. Consecuentemente, aunque de modo inusual en Fargo, el mismo es acompañado cada tanto por narraciones en off que describen características de dicho felino a las que irremisiblemente relacionamos con Dot: se nos dice, por ejemplo, que suele ponerse agresivo cuando se siente acorralado o sus crías están en peligro. Y además, recordemos, ya Munch había aludido a ella llamándola “tigre” tras aquel primer fallido intento de secuestro.
Ello hace que obviamente estemos otra vez ante una gran labor de Juno Temple, aunque quien “roba el episodio” es Jennifer Jason – Leigh, ya que Lorraine no será un tigre, pero exhibe sus garras y mucho más que en entregas anteriores.
Vayamos pues a ver qué nos ha dejado este nuevo capítulo de Fargo, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos. Y no lo olviden:
“Esta historia es real. Ocurrió en Minnesota en 2019. A pedido de los sobrevivientes, los nombres han sido cambiados. Por respeto a los difuntos, el resto se cuenta tal cual ocurrió…”
La Leona
Lorraine está reunida con dos banqueros, a los que anoticia de que ya no quiere centrarse únicamente en el mundo de las deudas y desea expandirse al de los créditos. Tras enrostrarles que sus únicas negociaciones con una mujer habrán tenido que ver con una mamada, pone las cartas de su lado al “ofrecerse” a comprarles su banco, del cual sabe que tiene las cuentas en rojo y no declara legalmente su situación, cosa que amenaza con hacer.

Por otra parte, se muestra preocupada por la cercanía de Dot con Wayne, que sigue internado y atontado: los quiere lejos entre sí para que ella no pueda manejarlo ni acuerden contar una misma historia. Danish le sugiere que lo mejor sería declararlos psíquicamente inaptos y a tal fin, con aprobación de Lorraine, pone en marcha un plan para internar también a Dot en un centro psiquiátrico.
Dicho y hecho: con dos enfermeros, le hace una visita en su habitación y si bien ella se resiste al punto de morder a uno y dejar un ojo maltrecho al otro, terminan llevándola por la fuerza y llena de correas. Sin embargo, la sensación no es que Dot se estuviera finalmente entregando, sino que justamente es eso lo que quiere hacerles creer…
Plan B
El segundo gran momento de Lorraine tiene lugar cuando el sheriff Roy Tillman cae en la residencia de los Lyon reclamando derechos de propiedad sobre su Nadine, tal como persiste en llamarla. Así es como, citando las Sagradas Escrituras, considera a su esposa: propiedad.
De ese modo, Lorraine toma conocimiento del pasado de Dot, pero por mucho que de momento la quiera lejos de Wayne, no está dispuesta a entregarla: su nuera es asunto suyo y no de otro. Con toda frialdad, espeta a Roy que ya no tiene derechos sobre ella y hasta esgrime como vericueto legal que una persona es dada por muerta pasados siete años de su desaparición. Manifiesta que tanto su hijo como su nieta la aman y hasta le muestra una fotografía de los tres dejándole en claro que ahora son familia. No conforme, ironiza sobre el estilo bravucón de los “sheriffs constitucionalistas”.
“¿Así que quieres libertad sin ninguna responsabilidad? – le pregunta -. Hijo, solo hay alguien que puede conseguir ese acuerdo”
“¿El presidente?»
“Un bebé. Estás peleando por tu derecho a ser un bebé…”
Le ofrece casi compulsivamente dinero para desaparecer, pero sabemos que el sheriff puede ser muchas cosas, pero no corruptible ni fácil de sobornar. Sale de la residencia decepcionado y encima Danish le entrega una tarjeta para que se ponga en contacto y arregle los términos del soborno que, por supuesto, nunca es llamado así.

Roy se burla con que no puede tomar en serio a un abogado cuyo nombre recuerda a un pastel de desayuno y, un instante después, se cruza con Scotty:
“Él es una magdalena. Tú tienes nombre de chico. ¿Qué será lo próximo? ¿Un mono con sombrero?”
En privado, habla con los suyos y les pone al tanto de que pasan a plan B: van por Wayne.
La Tigresa
A todo esto, Dot ha logrado escapar del hospital tras enterrarle los dedos en las fosas nasales a quien la vigilaba y hacerse de un atuendo de enfermera. Llevando a una paciente en silla de ruedas, intenta salir de la institución pero se encuentra con que los hombres enviados por Roy ya están allí.

Sabe qué destino llevan, así que se dirige presurosa a la habitación de Wayne y, para evitarlos, se mete en la de al lado, donde un arrogante y maleducado paciente al que ya habíamos conocido en el episodio anterior exige su gelatina.
Dot lo asfixia con una almohada y por un momento se me hiela la sangre de pensar que quizás lo haya matado. Ojo, no era un mal giro… pero no: le ha dejado inconsciente y, tras ello, cambia los nombres de los pacientes en las habitaciones del mismo modo que hiciera antes con los carteles de las calles.
Gator, en tanto y para su disgusto, se ha quedado afuera esperando al resto en el vehículo: está claro que su padre le ha comenzado a soltar la mano a la luz de sus recientes fracasos y preferido dejar la operación en manos de su ayudante Bowman. Pero quien ha visto Breaking Bad, sabe que quien queda solo en un auto policial puede llegar a ver algo que los demás no y en este caso es la llegada de los agentes federales Joaquín y Meyer, lo que hace que Gator baje corriendo del vehículo para poner al tanto a sus secuaces.
Dot, mientras tanto, ha ocultado a Wayne en el baño y se termina encontrando con los federales. Intentan convencerla de que ya está a salvo y no tiene necesidad de seguir escapando pero, lejos de convencerla, se les escabulle por una ventana al primer descuido. Como buenos personajes de Fargo que son, Joaquín y Meyer parecen los agentes más losers de toda la fuerza…
Quizás les sirva como consuelo que no son los únicos: alertados por Gator, los matones de Roy se ven obligados a desaparecer del lugar, pero suman un nuevo fracaso al llevarse secuestrado al paciente equivocado que, inconsciente, no puede objetar palabra. Algo me dice que Roy acabará pronto por prescindir de tanto inútil en su entorno y se hará cargo de las cosas por sí mismo, pero no sé tampoco si ello le llevará a buen puerto…
La Verdad asoma…
Lorraine tiene su tercer gran momento cuando le cae Olmstead anoticiándola de que Dot ha escapado del psiquiátrico, aunque en realidad ambas desconocen que la susodicha no anda lejos y, aprovechando un descuido, se ha llevado a Scotty.
Volviendo a hacer relucir sus armas de manipuladora, Lorraine informa a Indira que está al tanto de que sus deudas ascienden a casi doscientos mil dólares, lo que implícitamente es un extorsivo ofrecimiento de ayuda financiera a cambio de que deje de meter las narices en sus asuntos. Pero aun siendo Olmstead muy diferente a Tillman, en algo se le parece y es que tampoco cuadra con el perfil de policía fácil de sobornar: le replica que su economía personal no es incumbencia suya ni de nadie, aunque se nota que el mal momento la ha dejado descolocada…
Ya de regreso en su casa, ve en el garaje a su marido (otro inútil) entrenando golf de manera virtual con equipos que, al parecer, tienen mucho que ver con las deudas. Pero la sorpresa se la lleva al ingresar en la propia vivienda y encontrarse con Dot acompañada de su hija.
“He estado pensando quién, en toda la historia del mundo, ha tenido una semana como la suya. Amelia Earhart, quizás…”, dice Indira aludiendo a la célebre aviadora desaparecida en los treinta.
Mientras ponen a Scotty a ver un DVD de La Sirenita prácticamente contra su voluntad (“las princesas son tontas”, se queja), Dot pide a la agente dejarle la niña por unos días en la presunción de que allí estará a salvo.

Primero Indira se niega, pero termina accediendo a cambio de que le cuente toda la verdad, una verdad que, por lo poco que llegamos a oír de labios de Dot, tiene que ver con una historia de violencia que comenzó al ser prácticamente entregada a Roy a los quince años…
Balance del Episodio
Fargo ha llegado a su mitad de temporada con un episodio que no está entre lo mejor de la misma, pero que tiene grandes momentos y diálogos, lo cual es paradójico porque en sí la trama no avanza ni sorprende demasiado más allá del momento de tensión en el hospital.
Algunos diálogos, de hecho, no tienen desperdicio, razón por la cual he optado esta vez por citar pasajes de manera textual. Además, es una entrega de grandes actuaciones por parte de las tres mujeres principales del elenco: Jennifer Jason-Leigh, Juno Temple y Richa Moorjani.
Llaman la atención los relatos en off a lo Animal Planet con tanto dato sobre el tigre, ninguno demasiado revelador ni novedoso a decir verdad. Parecieran innecesarios cuando la analogía con Dot es lo bastante obvia como para no requerir explicación y rompen con la regla de la serie de no hacer explícito lo evidente.
Se me ocurre, sin embargo, que pueden deberse a la necesidad argumental de abrir el paraguas ante posibles críticas por el excesivo empoderamiento de Dot o de que no se vea muy creíble el modo en que se zafa de una amenaza tras otra, lo cual es cierto: algo así como justificar tales situaciones con la esencia animal que le brota ante la adversidad. Pero aun viéndolo así, hay que decir que lo de escapar camuflándose con un traje de enfermera sorprende en Fargo por ser de lo más visto y manido que existe…
Volviendo a la cuestión del tigre, abundan en esta temporada las referencias zoológicas: la familia del actual esposo de Dot se apellida Lyon (león) y, como hemos visto en esta entrega, el comportamiento de Lorraine se condice con ello. Ataca a la víctima desvalida e incluso se define a sí misma como “la cuidadora del zoológico y no un lémur”. Ya antes había calificado a su nuera como “lobo con piel de cordero” y no olvidemos que Munch, ausente en este episodio, se embadurna con fines rituales en sangre y entrañas animales. Por cierto, su ausencia es mal presagio: ¿en qué andará?…
Pero Lorraine es la verdadera protagonista del episodio, capaz incluso de dejar sin palabras al sheriff Tillman, quien, según hemos visto, no pareciera temer a nadie más que a Dios, el diablo y Munch. Está claro que sabe poner el balón en su terreno y buscar el punto débil de sus contrincantes para atacarlo sobre la base de la manipulación y la extorsión.
En cuanto a la historia pasada de Dot que, presumo, conoceremos más en detalle en la siguiente entrega, da visos de ser bastante más turbia y escabrosa de lo que pareciera a primera vista. No pinta como mera situación de violencia familiar sino que da impresión de tener componentes mucho más oscuros y quizás algo nos hayan dejado entrever en el capítulo anterior los juegos sadomasoquistas que la nueva esposa de Roy propusiera a este sin éxito.
En definitiva, no ha sido un gran episodio pero sí ha tenido grandes momentos y, en definitiva, nos arroja a la segunda mitad de temporada con muchas preguntas para las que posiblemente vayan llegando respuestas. No para todas, claro, o dejaría de ser Fargo…
Hasta la próxima y sean felices…



