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Crítica de Smile 2 (2024), la sonrisa más afilada

Ya está disponible en cines Smile 2 (2024), la nueva película dirigida por Parker Finn tras el éxito de Smile (2022). Una nueva entrega que no innova demasiado en cuanto a su narración, pues se limita a seguir el esquema de su predecesora con otro personaje, pero construye un terror mucho más certero y afilado con grandes interpretaciones.

Tráiler de Smile 2 (2024) de Parker Finn

La estrella del pop mundial Skye Riley (Naomi Scott) empieza a experimentar una serie de extraños sucesos que ponen freno a su gira después de presenciar cómo un conocido se suicida brutalmente ante sus ojos. La situación es cada vez más infernal, y la gente piensa que se está volviendo loca, por lo que debe intentar poner fin al mal lidiando con sus traumas pasados.

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Póster de Smile 2 (2024) de Parker Finn

Un universo propio

En un momento de la historia del cine copado por las innecesarias reinterpretaciones de los clásicos se agradecen enormemente esos cineastas audaces y atrevidos que desarrollan ideas propias, independientemente de su éxito o calidad. Smile 2 es un evidente ejemplo de cine comercial —más aún al ser secuela— que, sin embargo, se desarrolla dentro de los márgenes de este cine, en cierta medida original, lejos de otros universos ya explorados.

La película de Parker Finn abre con un primer plano del personaje de Kyle Gallner —maldito al final de la primera parte— que precede una secuencia sin cortes magistral, una gran representación de la desesperación fruto de una amenaza intangible e impredecible. Una brillante introducción para pasar el testigo del mal y refrescar la dinámica del particular universo de Smile. De ahí en adelante el punto de vista cambia drásticamente para realizar un seguimiento del personaje principal real —una fantástica Naomi Scott— del mismo modo que ocurría con el de Sosie Bacon en Smile, aunque con mucha más fuerza y cierta lectura interesante sobre el mundo de la fama.

Aunque parecía difícil recuperarse de ese golpe tan efectivo que la película asesta en sus primeros compases, Parker Finn configura con osadía algunas secuencias de un terror bastante solvente, que funcionan por sí mismas para mejorar la experiencia de la primera película. Es cierto que el desarrollo argumental no posee demasiada sustancia, pues todos sus engranajes se ponen al servicio de sus potentes escenas de horror, pero esto poco importa cuando su universo te aprisiona, pues sufrirás de la mano de Skye sin atender directamente a otras cuestiones.

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¿Qué es real?

Desde Laura Hasn´t Slept (2020), el cortometraje de Finn que inició todo y cuyo personaje principal desencadena los sucesos de Smile (2022), el cineasta estadounidense ha mostrado su afán por situar al espectador al nivel de sus malditos protagonistas para someterlo a sus embistes de lleno. Una de las herramientas más efectivas de su universo es el engaño constante sobre la realidad: ¿Qué es verdad y qué fabulación fruto del mal? Una pregunta sobre la que espectador y personaje tienen prácticamente la misma información, y que conduce a un continuo estado de alerta por la sospecha de la ilusión.

En ambas películas cierto personaje explica al protagonista afectado el funcionamiento del mal, apuntando la terrorífica cualidad de una amenaza etérea que se disfraza de personas conocidas para atacar desde cerca (no son las palabras exactas empleadas). Esta característica se extiende a la realidad fuera de las propias identidades de que la sonrisa se adueña, al mundo en sí, estableciendo una serie de situaciones que a menudo se descubren irrealmente terroríficas. Algo así como pesadillas vívidas que sólo se muestran como tal al despertar.

Este truco, lejos de ser original, resulta aterrador en cuanto la sospecha comienza a aparecer —la escena en el coche con la amiga es un buen ejemplo—, sin embargo, siento que en Smile 2 se lleva demasiado al extremo, sobre todo en cierta resolución final, en detrimento de la solidez argumental del conjunto. 

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El terror y la fama

La elección de focalizar la acción a través del punto de vista de una estrella mundial es uno de los mayores aciertos del filme. Después de la agridulce experiencia de La trampa (2024) de Shyamalan, Finn plantea su película con un personaje protagonista similar reconocible en cualquier lugar, por lo que el descenso a la locura en que se ve atrapada Skye se observa y juzga por muchos más ojos. Una interesante elección que sitúa al personaje en una posición de presión constante por su inminente gira musical y su compromiso con el público y los miembros de su equipo artístico. Así como condiciona algunas situaciones como la fuga del hospital, que sería muy distinta de ser una persona anónima.

Una cualidad distintiva que contrasta bastante con el personaje mundano de Rose Cotter en la primera entrega, cuya ocupación era la psicología y en cierta forma también influía en la trama. ¡Podrían hacer que en cada película su protagonista tuviese un trabajo distinto que influyese directamente en el desarrollo argumental!

Pese a los considerables aciertos de Smile 2, la cinta no deja de recurrir a los tópicos del género de una forma bastante capciosa, sobre todo en la construcción propia de las secuencias de terror —sobre las que ya he pronunciado mi agrado—, pues el jumpscare gratuito es constante y destruye la tensión paulatina instalada con anterioridad de una forma bastante efectista. Como suele ocurrir en la mayoría de películas comerciales de terror contemporáneas, el silencio acompaña los momentos previos al susto más atronador posible, en un golpe bajo de poca honestidad. Aún así, funcionan en gran parte por la potencia de su puesta en escena y el horror natural que causan estos «seres» sonrientes.

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Conclusión

La película de Parker Finn no innova demasiado respecto a su predecesora. Más bien toma su estructura para replicarla con otro personaje, pero la particularidad añadida de su fama y las secuencias de terror más afiladas la elevan en comparativa. Es una cinta entretenida e impactante por momentos, que pese a una resolución final algo vaga y unos mecanismos engañosos, mejora a su predecesora y engrosa el universo de la sonrisa macabra, que esperemos siga transitándose en los próximos años porque puede dar mucho juego.

Muchas gracias por leerme e id al cine.

Darío Serrano Gómez
Darío Serrano Gómez
Apasionado del cine en constante aprendizaje. Me gusta ver películas y escribir sobre ellas.
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