Con el quinto episodio entramos en la segunda mitad de la tercera temporada de La Rueda del Tiempo, hasta ahora sin dudas la mejor y más cercana a los libros. Creada por Rafe Judkins y basada en la saga de fantasía épica de Robert Jordan, la serie es emitida por Prime Video.
Bienvenidos una vez más a un nuevo giro de La Rueda del Tiempo. Después del brutal episodio de la semana anterior, era lógico que bajáramos algo la intensidad, como ocurre con el quinto, cuyo título es Tel’aran’rhiod y nos adentra ya en la segunda mitad de esta tercera temporada. Eso no significa, sin embargo, que no hayamos vuelto a tener una gran entrega que confirma el rumbo de la misma.
El protagonismo, como era de esperar, está más dividido que en el episodio anterior con presencia de casi todas las subtramas, pero la revelación prinicipal tiene que ver con Egwene y el título del episodio dice mucho acerca de por dónde van los tiros (o las flechas).
Basta de preámbulo, pues, y a ver qué nos ha dejado el mismo, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Los Traumas de Rhuidean
Después de haber encontrado el Sakarnen en el interior del árbol de la vida, Moraine está practicando canalizar con el mismo, incluso poniéndose en riesgo a sí misma de no ser por una oportuna intervención de Lan.

Este le pregunta qué vio en los anillos y ella no quiere decirle, pero sí que después de los posibles futuros que ha visto, está segura de que, antes de la Última Batalla, debe morir para que Rand viva. Con pesar, Lan lo entiende y, habida cuenta de que tal cosa no ocurrirá esa misma noche, la invita a compartir una botella de oosquai…
Los aiel, en tanto, han llevado a Rand y el resto a un paraje denominado Piedras Frías, donde conocen a otra de las esposas de Rhuarc y se van así interiorizando de la cultura poligámica de los mismos. La pequeña nieta del líder se lleva bien con Rand: le pregunta si es el Car’a’carn y, después de mostrarle el tatuaje, la corretea en plan de broma.
Tras el Ajah Negro
En Tar Valon y en tono impostadamente reverencial y amistoso, Elaida recrimina a Siuan que la Torre Blanca ya no es lo que era antaño y ni siquiera la visitan los reyes, a única excepción de Morgase que solo fue allí a conocer la situación de su hija. Le anticipa que promoverá en la Antecámara una votación para enjaular al Dragón Renacido y quiere saber sobre el paradero de Moraine, pero Siuan nada le dice, ni siquiera cuando, en golpe bajo, la Roja le recuerda la relación que sostenían de novicias.

Verin, por su parte, sigue en plan detectivesco y rastreando servidoras ocultas del Ajah Negro: considerando que estas se mueven en núcleos de tres y solo una de cada núcleo traba relación con el resto, llega a la conclusión de que tiene que quedar una, pues fueron cuatro las contactadas por Lanfear y once las que participaron del ataque contra la Torre.
Más por antipatía que por lógica, Siuan sospecha de Elaida, pero Verin y las demás objetan que la Roja esta no estaba en la Torre cuando todo ocurrió. Aun así, disponen las cosas para que visite a las sedai que tienen encerradas por haber pactado con el Oscuro y espiarla para saber si muerde el anzuelo y se pone a sí misma en evidencia.
Pero la Roja parece más interesada en recuperar su posición en la Torre que en pactar con la Sombra. De hecho, está buscando aliadas entre las Sedai y cuando se le da oportunidad de interrogar a las detenidas, no les tiene la menor piedad y utiliza métodos bastante menos sutiles y más brutales que los de Verin, pues se vale sin miramientos del Poder Único para degollar a una y que la otra, aterrada, confiese.
Casi lo logra, pero cuando la rea está a punto de dar un nombre, un Hombre Gris aparece súbitamente de la nada para darle muerte y otro más está a punto de hacer lo propio ella, de no ser, paradójicamente, por la oportuna intervención de Siuan para salvarla. Queda claro que Elaida está lejos de ser una santa, pero ello no la convierte en súbdita del Ajah Negro.
El Secreto de las Navegadoras
Elaine, Nynaeve y Mat están embarcados con destino a Tanchico. La pelirroja aburre a los demás con sus estudios sobre la geografía de la ciudad, pero lo hace con el fin de hallar posibles rastros del Ajah Negro o parientes de Liandrin. Nynaeve no para de vomitar y Mat está harto de estar encerrado, pero salir a cubierta implica romper la palabra que han empeñado con la navegadora de la embarcación.
Finalmente terminan subiendo de todas formas y descubren que la razón por la cual no querían que subieran era para que las Aes Sedai no se enteraran de que las navegadoras controlan los vientos a través de la magia y quisieran por ende reclutarlas: Elaine se compromete, sin embargo, a guardar el secreto. Pero hay más: Mat se encuentra con Min, la muchacha de las premoniciones que, obviamente, está a bordo por seguirle.
Él se mofa con que está obsesionada con él y ella lo niega, pero la cosa cambia cuando le encuentra una ilustración de su mano en la cual él pende de una horca, como en aquella visión que tuviera Min. Se le nota turbado, pero dice desdeñar el asunto porque tampoco se cumplió que él terminaría matando a Rand y la visión, por lo tanto, podría estar equivocada una vez más.
Misión Rescate
En Dos Ríos, y después de que madre e hijas de Mat fueran raptadas por los Capas Blancas, Perrin está acuciado por las culpas y arma un grupo de rescate para liberarlas. Dado que a Loial le es más difícil pasar desapercibido, designa para acompañarle a las aiel Bain y Chiad, para esa altura sus leales servidoras por la deuda de honor que dicen mantener con él.
Pero se les suma Faile, la joven cazadora que le venía rondando con insistencia dos episodios atrás y que ni siquiera está dispuesta a aceptar un no. Y también Alanna Sedai, a pesar de las protestas de su compañero Maksim (Taylor Napier) que, destrozado desde que el trío quedara roto por la muerte de Ihvon, está obsesionado con vengarle.
En el campamento de los Capas Blancas, entretanto, el oficial Dain Bornhald (Jay Duffy), quien no ceja en buscar encontrar a Perrin por haber dado este muerte a su padre, se acerca a la jaula de las cautivas para tratar de sonsacarles información antes de que lo haga el despiadado capitán Eamon Valda (Abdul Salis), cuyos interrogatorios se caracterizan por ser bastante más exhaustivos y sus métodos infinitamente más crueles.
Cuando una de las muchachas intenta arrebatarle las llaves, se produce un forcejeo que acaba con él arrojado a lo lejos, en lo que solo puede ser manifestación del Poder Único. El alboroto atrae a Eamon, pues cazar “brujas” es precisamente lo suyo y, antes de exponer a una de sus hijas, Natti (Juliet Howland), madre de Mat, se adjudica el hecho cuando claramente no ha sido así…
Alanna, mientras tanto y a los fines de dar mayor margen de maniobra a Perrin y las aiel, ha cubierto el lugar con una niebla en la cual Eamon huele de inmediato la presencia del Poder Único (de modo análogo a lo sintiera Moraine en la bruma de Rhuidean). Ello permite al grupo de Perrin llegar hasta las muchachas y liberarlas, aunque sin rastro de Natti, a quien después encuentran tristemente amarrada a un poste y con claros visos de haber sido torturada y quemada.
Eamon, a todo esto, ha dado con Alanna, que comienza a recibir disparos de ballesta. Maksim llega a tiempo para auxiliarla, pero a costa de recibir también sus dardos.
Perrin, por su parte, se encuentra finalmente con Bain y resulta herido, aunque cuando está a punto de ser rematado, Faile interviene oportunamente arrojando un cuchillo y acabando con el Capa Blanca…
Tel’aran’rhiod
Los sueños tienen crucial importancia en este episodio. Rand se sigue encontrando allí con Lanfear y si alguna atracción sentía por ella, ahora todavía más cuando las visiones de Rhuidean le han mostrado que no siempre fue malvada y que ya un lejano ancestro suyo había tenido relación con ella en días previos al resquebrajamiento y la Desintegración. Y Lanfear, terminando de sincerarse, le confiesa su amor destacando que ama tanto sus partes luminosas como las oscuras. La cosa, obviamente, acaba en beso mientras las montañas dan a la escena el fondo ideal…
Egwene, en tanto, sigue acudiada y angustiada por la propia Lanfear, que la sigue persiguiendo en sueños y, una vez más, intenta estrangularla en uno de ellos dejándole marcas en el cuello al despertar.
Las sabias aiel dicen que pueden instruirla en el tel’aran’rhiod, es decir el mundo de los sueños, y ayudarla a liberarse de la misteriosa mujer oscura, a quien Egwene puede neutralizar aprendiendo a dominar y guiar sus sueños.

Sabiendo de ello y en lo que parece inversión de roles, Moraine va a pedirle ayuda para contactar justamente en sueños a Siuan y transmitirle sus conclusiones sobre el Dragón Renacido. Así termina ocurriendo y, de sedai a sedai, la pone al tanto de lo importante que es que la Torre se postre ante Rand. Es inevitable que reaparezca el pasado compartido y Siuan intenta besarla, pero Moraine, con los ojos llorosos, rehúye el contacto por saber o creer que va a morir. En momento intenso y emotivo, dice que la esperará en la próxima vida…
Egwene, mientras tanto, recorre los sueños de los demás (ey, eso no es muy ético) y ve a Nynaeve junto a la hija que tuvo en una vida alternativa y que perdió al regresar de los Arcos. También a Mat junto a madre e hijas y, finalmente, como no podía ser de otra forma, visita el sueño de Rand, pero claro, como era de suponer, lo encuentra en momento íntimo con Lanfear…
Balance del Episodio
Lo primero para decir es que no tiene sentido evaluar el capítulo por comparación con el anterior, que no solo puso la vara demasiado alta sino que además fue en sí mismo casi una película dentro de la serie, tanto desde el punto narrativo como desde el estético.
Decir por lo tanto que este episodio no ha estado a la altura del anterior es prácticamente no decir nada, pues eso es evidente y además ha tenido un carácter bastante más transicional y con mayor preponderancia de diálogos, intrigas y negociaciones. Después de habernos centrado durante un episodio completo y casi con exclusividad en el arco de Rand y Moraine, aquí hemos tenido noticias de prácticamente todas las subtramas y personajes, con la excepción de Moghedien, de quien llevamos dos episodios completos sin saber nada.
La gran estrella de este capítulo ha sido sin duda Egwene, cuya flamantemente descubierta habilidad como Caminante de Sueños (coincidente con los libros) abre nuevas puertas a su potencial, pero también nuevos riesgos. Y tiene sentido que las Aes Sedai no se hubieran percatado de dicha habilidad al tratarse de una destreza más cercana a las sabias aiel y que no es de las más frecuentes, sino una de las que aparecen ejemplos muy de tanto en tanto y a veces con siglos de diferencia: ellas vieron algo que las Sedai no…
El asunto, claro, es que el tel’aran’rhiod es, en la saga de La Rueda del Tiempo, un mundo muy particular y complejo que la larga está conectado también con los Arcos e incluso con el Cuerno de Valere, pero que además puede tener tanto visitantes de buenas intenciones como otros de fines mucho oscuros, como los Renegados. Es de prever pues que Egwene tenga allí su propia batalla contra ellos, un duelo que se avizora tan épico como peligroso considerando que el mundo de los sueños no es solo una dimensión onírica, sino que allí dentro se puede incluso sufrir daño y hasta morir…
Reviste también interés la trama de la Torre Blanca, con el antagonismo entre Siuan y Elaida, de quien ha quedado demostrado, al menos en principio, que no obedece al Ajah Oscuro, sino que, por el contrario, cree a Siuan demasiado “blanda” contra el mismo. Lo que la hace tan peligrosa no es ninguna alianza con la Oscuridad, sino su fundamentalismo para combatirla: por hacer una analogía, es casi una Capa Blanca de las Sedai (por muy roja que sea).
Seguramente muchos de nosotros nos hayamos cuestionado si lo suyo no habrá sido una actuación y no obedecerá finalmente al Ajah Oscuro, sobre todo a partir de que, contrariamente a lo especificado en los Juramentos, ha utilizado el Poder Único como arma para matar a una de las reas. Pero no hay que olvidar que los mismos, justamente, dejan como excepción la posibilidad de utilizarla contra Amigos Siniestros y eso es exactamente lo que ha hecho.
Por cierto y aunque no sea ninguna novedad para quienes estamos acostumbrados a verla seguido, Shohreh Aghdashloo compone a una villana increíble y todavía no puedo entender como es que, entre tanto remake live action de los títulos clásicos de Disney, nadie le haya aún ofrecido el papel de alguna de las brujas malvadas, ya que su presencia, talante y profundo tono de voz la hacen encajar perfecto y estoy seguro de que compondría a una inolvidable. Ellos se lo pierden. Y nosotros también…
De Rand hemos sabido mucho menos en este capítulo y en parte es lógico después de la sobredosis del anterior, pero el Dragón Renacido parece seguir atrapado entre dos mundos por mucho que se haya revelado como Car’a’carn´ y conductor del Pueblo del Dragón. Y así como antes le torturara el conflicto entre el muchacho que fue y el líder que las profecías le conminan a ser, también parece ahora dividido y tironeado entre Lanfear y Egwene. Y dada la habilidad de ambas de visitarle en sueños, es de creer que la batalla por la resolución del mismo tengá también lugar en el tel’aran’rhiod.

Otra que se halla en conflicto es Moraine, sobre todo ahora que está convencida de que su muerte es necesaria para que las cosas lleguen a buen puerto para Rand. Esa convicción, con el dolor que plantea (a nadie le gusta morir), le ha dado en este capítulo a Rosamund Pike dos emotivos momentos de diálogo cono tono de despedida, uno con Lan y el otro, en sueños, con Siuan.
La serie sigue muy bien, con una tercera temporada que, para alegría de los fans (y especialmente de aquellos que decidieron seguirle brindando una oportunidad), sigue en su segunda mitad no solo por lo alto sino también encontrándose con los libros. A ver qué nos trae el próximo episodio y, desde ya, les espero aquí para analizarlo.
Hasta entonces y sean felices…



